La magia en la escritura de Laura Antillano

 David Figueroa González

“La madurez del hombre es volver a encontrar
 lo serio de cuando se era niño”

                                                                                                      Nietzsche

Desde que tengo uso de razón he sido un apasionado de la lectura, quizás, por el amor que mis viejos le imprimieron a mi aprendizaje, o tal vez, a una mezcla de varios factores, como diría Miguel Ángel Cornejo: “el éxito es el fruto de la preparación, la oportunidad y de la suerte”. Claro  está que en mi infancia esos elementos estuvieron presentes. Alimentado por mis padres educadores que me dieron la luz de la lectura desde temprana edad.  Tenía una biblioteca en casa, surtida de  títulos diversos y un clima siempre lluvioso que me mantenía alejado de la calle para evitar recaídas asmáticas, por lo que mi único mundo y escape para la  diversión  estaba  justo en las páginas de esos textos que mi papá  escogía para mí.

Siempre he visto a los educadores como seres mágicos, alquimistas del saber enviados de los dioses para exorcizar  las almas y llevar luz al corazón y es que ellos comparten sus conocimientos como Cristo su cuerpo, sin ningún ápice de egoísmo. Así vemos como desde Andrés Bello y Simón Rodríguez hasta José Martí  o desde Gabriela Mistral y Cesar Vallejo pasando por Luis Beltrán Prieto Figueroa hasta Orlando Araujo, han dejado plasmado en sendos trabajos sus apreciaciones filosóficas, poéticas y políticas,  e incluso,  hoy día son citados tanto en las escuelas como universidades, lo que los convierte en referentes de comunión para los amantes de la palabra.

Laura Antillano es una escritora prestada a la docencia o una docente entregada a la escritura. Probablemente quien sólo pueda descifrar este acertijo sea ella misma u otro mago de luz.  Sin embargo, podemos afirmar que es una mujer tenaz, entregada a la literatura desde diversos abordajes o trincheras, pues, ha sido periodista, escritora para niños, ensayista, poeta, narradora, promotora de la lectura, tallerista, entre otros. Tuve la oportunidad de conocerla personalmente en el FILVEN Caracas 2012, y es en verdad  un ser incansablemente comprometido con el hecho literario infantil. De ella se expresa el escritor cubano Enrique Pérez Díaz: “Laura es una activa y entusiasta persona que  siempre tiene más de un proyecto bailándole a flor de labios y entre sueños.”  Muestra de ello, es el Encuentro internacional con la literatura infantil y juvenil en Venezuela,  que ella organiza anualmente, y las diversas actividades que la mantienen rodando y volando por Venezuela y el exterior.

Recuerdo con un afecto especial el primer libro que leí de Laura Antillano en el año1982, y digo especial porque el título Un carro largo se llama tren, me hacia volar la imaginación trasladándome a mi primer viaje en tren cuando aún era  infante. En esta obra  hay un  relato en particular Carta de Otoño”  que me conecta con ese texto, ya quela misma es un viaje a la infancia, donde la autora crea una atmósfera con sabor autobiográfico, y a la par nos regala  un canto a la figura paterna,  con cierta correspondencia entre el hogar, el amor y la autoridad paternal. La propia escritora nos dice: “creo que cuando escribo para niños comienzo por ponerme en el lugar de la niña o niño, y eso significa retomar a la niña que fui y parece andar todavía por allí.”  En tanto, en este cuento disfrutamos:

“Papá me llevaba en ese entonces a las librerías y escogíamos juntos tomos de cuentos de Hans Christian Andersen y los Hermanos Grimm, cuentos Orientales y Africanos, cuentos Escandinavos, yo gozaba con esas historias de castillos y caballos, duendes y gnomos; después me dio libros más serios, como Robinson Crusoe, Invanhoe, Moby Dick, La Madre de Máximo Gorki, y era mejor quedarse en casa con ese librero que salir por ahí, una que era tan tímida y costaba hablar o jugar ladrón y policía o cualquier cosa.”

En ese mismo orden de ideas el escritor e ilustrador Leo Lionni establece en su trabajo Ante las imágenes que:

“Un buen libro para niños describe esos momentos remotos cuando nuestra vida todavía no había sido sometida a las imposiciones y a las exigencias del mundo adulto, y cuando cada experiencia personal, no importa cuán especifica fuera, adquiría sentido universal. De manera que un buen libro para niños es, inevitablemente, autobiografía”

 La narrativa infantil de Laura Antillano está compuesta  por  varios elementos que la distinguen,  entre ellos: su autenticidad bañada de imaginación y su magia educativa impregnada de anhelos y a la vez de verdad.   Estas características le imprimen  a sus trabajos cualidades específicas de expresión que la nutren, permitiéndole  florecimiento y acción. Para lograr ese objetivo se vale de un lenguaje llano, directo y el uso racional del diminutivo, que mucho más allá que la disminución de tamaño implica ternura, afecto o humildad. En el cuento “La luna no es pan de horno,” del libro La luna no es pan de horno y otras historias, disfrutamos de esos elementos:

“Pasar a la cocina para inventar algo rápido, de manera que al llegar las niñitas y los demás ya tuviera la mesa a medio montar; la fregada de los platos le tocaba a otro, y en la tarde continuaba la batalla campal a la hora de mandarlas al baño; no se imagina lo que costó convencerlas de que hay que bañarse todos los días; por fin descubrí una insólita treta: el champú de fresa, les gustó tanto el olor que era como si lo comieran, después el baño era la aventura de lavarse la cabeza con champú de fresa, y todos quedábamos contentos.”

También podemos apreciar un enfoque sociológico  que engrana el devenir histórico, político y religioso donde interactúa el ser humano, hecho  que facilita la simulación de lo cotidiano en el desarrollo de la trama, particularidad ésta que junto a la anécdota le confiere a los escritos de Laura Antillano esa cercanía con los niños que los introduce en el mundo de la lengua, así en el cuento La Tuna de mar  perteneciente al libro del mismo nombre, la narradora nos traslada en el tiempo:

“No tengo conciencia del número de horas, minutos o segundos  que duró aquello. Desde el inicio mismo ya sabíame víctima final, y me encomendaba a la Virgen de la Chiquinquirá haciendo acto de contrición con todos mis pecados a cuestas. Entre gritos y ovaciones me recuerdo caer al piso, cuerpo reptante, el Olonés sobre mí, en su mano fuerte y firme la daga cortante, cerré los ojos. El Olonés habló entonces, me perdonaba la vida, me condenaba a seguirle, pero debía castigarme de manera que yo no olvidara nunca mi cometido, despojándome de una parte de mí mismo que yo sustituyera con su propia presencia, entonces mutiló mi mano izquierda”

En algunos relatos la autora es  la madre que reafirma en las niñas y los niños la invitación a un comportamiento moralmente correcto que habla del amor y el respeto por  los seres vivos, de la esperanza y la tolerancia, ya que el aprendizaje de todo ello junto a  la seguridad en sí mismo llevará  al triunfo cuando alcancen la madurez; de esta manera, el narrador Mark Brauner afirma:  “los mejores narradores son los realistas, aquellos que mantienen contacto con la vida,  los que saben luchar por que sus relatos lleguen a ser realidad.” De este modo, el docente e investigador universitario Román López Tamés afirma: “Es necesario conformar al niño en las experiencias de la vida sin necesidad de cuentos de hadas.” Por lo que pudiésemos denominar “realismo socialista”  a la obra “El aquelarre de la señora muelas y la señora Morcilla”  de la Antología de cuentos venezolanos para niños  Leer a la orilla del cielo, así que en  la siguiente narración con la que culminamos estas breves anotaciones,apreciamos:

“Por fin se va la señora Muelas, da vuelta a su cabeza y con  el mismo ritmo con el que entró a casa sale, diciendo algo bajito que ni siquiera entendemos, enseguida cruza la calle y se acerca a la reja de la señora Morcilla quien ya la esperaba, y allí se quedan las dos en su concierto de siseos de siempre.

Voy hasta donde esta mi mamá y le pregunto: — ¿Qué  paso?

–Nada, mi amor, nada, alguna gente a quien no le gusta la vida de las plantas, ni de los niños, ni de los pájaros, y quieren que todos seamos parecidos a ellos.

Yo me agarro de una pierna de mi mamá y desde allí veo el  cielo, con un Sol grande para todos, y las nubes que parecen un dibujo a su alrededor”

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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4 respuestas a La magia en la escritura de Laura Antillano

  1. luz marina almarza dijo:

    Muy grato relato David Figueroa, de cómo tu infancia fue llena de libros en la biblioteca de tus papás; el amor por la lectura y tus malestares se prestaron para que te hicieras lector y luego escritor y hasta crítico y comentarista de algunos libros y autores que lees. Gracias por compartirlo para nosotros, David y José Gregorio.

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  2. luz marina almarza dijo:

    La escritora Laura Antillano siempre tiene relatos para niños y jóvenes que atrapan y su labor como docente y promotor de lectura es excepcional.

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  3. luz marina almarza dijo:

    El libro e recopilación de la autora, de cuentos venezolanos para niños y jóvenes es una perla preciosa, sin obviar el lugo de edición. Si lo consigen no duden en tenerlo.

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  4. yasmin dijo:

    Estoy iniciando con es cuento de Diana en la tierra wayuu y mis estudiantes están muy animados

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