Función del ilustrador, el arte de ilustrar.

Marco Chamorro

CAIPORA O PADREMONT

Hace varios años, la manera de hacer las ilustraciones de un libro en el Ecuador era casi siempre así: después de que un escritor presentaba su obra a un editor y ésta era aprobada, el segundo se encargaba de decidir qué ilustrador era pertinente para este texto; lo convocaba, le encargaba el trabajo, el ilustrador lo hacía y el libro se publicaba. El escritor veía las ilustraciones cuando por primera vez tenía el libro impreso en sus manos.

Este “modus operandi” hoy sigue siendo uno de los posibles mecanismos para ilustrar un libro, pero ya no es el único: Desde los últimos cuatro años y a partir de que dejamos de estar tan circunscritos a los límites de nuestros tableros, los ilustradores empezamos a darnos cuenta de que había más de una manera de embarcarse en este viaje. Cada vez es más usual que un ilustrador y un escritor se junten a producir un proyecto y que luego se lo llevan al editor. Puede que cierto escritor vea que el estilo de cierto ilustrador le viene al dedillo para un proyecto que está diseñando y le invite a participar, o a la inversa, que un ilustrador vea que un escritor hace unos cuentos que son justos para sus dibujos; o puede ser, sencillamente, que ambos se conozcan, empaticen y decidan gestar un proyecto juntos. Puede que sea una idea de libro único, es decir, fuera de toda colección, o puede que lleven una propuesta del libro para que forme parte de una colección ya creada. Finalmente, puede ocurrir también que un creador que escribe y dibuja al mismo tiempo, conciba un proyecto integral.

Siempre busco trabajar de la mano con un editor, para que sea él quien me dé pautas para seguir adelante, quién me guíe y aporte en mi proceso de creación. Es fundamental tener la oportunidad de confrontar nuestras ideas para que el libro en cuestión pueda llegar a buen puerto. Enhorabuena, cada vez son más los esfuerzos de editoriales que creen en el libro, en su fondo y en su forma, lo cual amplía el panorama para desarrollar nuevos y más ambiciosos proyectos en el Ecuador.

Durante toda mi adolescencia y durante mis primeros años de juventud mi vida estuvo cruzada por la actuación; formé parte de tres grupos teatrales: Cantera, La Cuadra y el Grupo de Teatro de la Universidad San Francisco de Quito. A partir de estas experiencias, mi trabajo de ilustrador está estrechamente ligado con la labor y el trabajo del actor.

Concuerdo con lo que piensa el ilustrador brasileño Rui de Oliveira, veo el acto de ilustrar como un proceso de creación muy similar a un trabajo de un actor que interpreta varios papeles y, para tanto, necesita conceptuar un laboratorio para modelar dramáticamente su personaje.

Profundizando un poco más este concepto, que sedimenta y direcciona la manera como veo la ilustración, yo diría que – adoptando conceptualmente en el mecanismo de la relación texto e imagen a la óptica teatral, el método del teórico ruso Konstantin Stanislavski, por ejemplo, – tal práctica no sería conveniente para el ilustrador. Esto se debe al principio de la incorporación incondicional y realista, propuesto por el teórico, del actor al papel. Reflexionando ahora como ilustrador, la mencionada incorporación sin duda podría ocasionar una fidelidad al texto, casi una imagen espejo, pero esto sería irreal con relación al arte de ilustrar. Defiendo por lo tanto, la necesidad de que el ilustrador mantenga un cierto distanciamiento crítico frente al texto.

Veo al estilo como un mecanismo unilateral, una pre adopción irrestricta del texto. En este caso, el ilustrador ya llega con su laboratorio personal listo para ser usado, independientemente de cual sea el género o intención literaria que esté interpretando. En verdad, él aprendió a lo largo de los tiempos a dibujar su propio dibujo. En otras palabras: él no aprehende el texto para después aprender el dibujo adecuado a aquel texto.

Me gusta ilustrar libros con contenidos y propuestas literarias diferentes unas de otras. Creo que este es el aspecto más fascinante del acto de ilustrar, y sin duda, el más grande desafío para el ilustrador. En mi trabajo, siempre trato que la interpretación que tengo del texto no sea la única. En la medida de lo posible procuro crear puertas – verdaderos pasajes secretos para que las personas tengan sus propias y particulares visiones -. Por lo tanto, me preocupa no condicionar demasiado al lector. Pienso que el acto de creación de imágenes no se origina directamente en la palabra, sino en el entre – palabras.

De allí viene mi preocupación en crear para cada texto una imagen adecuada. Por esto, no tengo ninguna intención de que mi trabajo sea reconocido de un libro a otro. Yo sustituiría en mi trabajo la palabra estilo por “método de abordaje”. El texto es el origen de todo. Es imposible ilustrar sin apreciar la literatura. Es imposible ilustrar sin apreciar leer.

En 9 años de trayectoria vengo ilustrando un universo diversificado de textos, que van desde Charles Dickens (Historia de dos ciudades), Horacio Quiroga (Cuentos de la selva), Gilberto León Ortiz (El teatro miniatura del flautista barrigón), autores nacionales como Leonor Bravo (Y ahora qué hiciste Valentina), Edgar Alan García (Leyendas del Ecuador), María Fernanda Heredia (Cupido es un murciélago), por mencionar solamente a algunos. Frente a estos autores, ¿cómo podría tener un concepto e imagen unificados en el acto de ilustrar escritores tan diferentes, tan contradictorios entre sí?

Creo que este distanciamiento es fundamental. Yo diría que, al ilustrar un libro, yo estoy en la ilustración pero yo no soy la ilustración.

Lo que pretendo, frente a un texto para ilustrar, no es ser más que el escritor, sino ser una extensión de él en forma de imágenes. Por otro lado, tengo conciencia de que ni todo la literatura nos dice posee un cuerpo físico. O sea, ni todo puede ser ilustrado. Existen momentos en que la abstracción del texto llega en tal estado – no etapa – que cualquier imagen sería vulgarizarlo. En contrapartida, es común que la expresión textual trascienda más allá de ciertas imágenes – cualquier palabra sería superflua para explicarla. En un texto, ni todo se representa y ni todas las imágenes se explican con palabras.

Al momento de ilustrar un libro, para mí es muy importante tener contacto con el escritor, editor o director de arte, el cual me dará una ayuda muy valiosa, debido a que se podrá

LAS HORMIGAS ADIVINAS

conversar o debatir ideas que enriquezcan el resultado final que tendrá el libro, es decir, es necesario dejar los egos a un lado y retroalimentarse de parte y parte, ya que con ello, el único ganador será el libro en cuestión.

Considero que el tener un guión entre las manos para ilustrarlo siempre va a ser un reto, en ese momento me pongo a pensar que ese fajo de hojas será un libro que llegará a manos de muchas niñas y niños, por lo que lo asumo con la mayor seriedad, a la vez que le dedico el tiempo necesario para intentar que el producto que será el resultado de mi trabajo sea digno para los lectores más pequeños.

Pienso que uno de los retos al ilustrar un libro está intrínsecamente acompañado por el grupo objetivo al cual va dirigido. Sin embargo, al momento de ilustrar dejo en segundo plano al público y siempre me concentro más en la solución gráfica del libro.

Estoy convencido de que si uno no se compromete en su totalidad con el libro que va a ilustrar, es decir, con su fondo y forma, si no se involucra e inquiere en su proceso, es mejor no hacerlo.

En cuanto a mi proceso de creación, voy a explicarlo dividiéndolo en 4 etapas:

  1. Lectura del texto: Leo el texto las veces que sean necesarias, hasta tener claro su ritmo y familiarizarme tanto con la historia como con los personajes que intervendrán en el mismo.

  2. Bocetos: Empiezo a realizar una serie de bocetos pequeños a blanco y negro, sin un orden específico, comienzo a lanzar líneas que, poco a poco, se irán convirtiendo en personajes, escenas, planos, para empezar a concebir, por medio de la imagen, una idea del ritmo, equilibrio y movimiento que necesitará el libro.

  3. Maqueta: Realizo una maqueta o dummy con el formato, diseño y número de páginas que tendrá el libro; este proceso es muy importante, ya que de éste dependerá el resultado final del mismo. Siempre me distancio del trabajo, para evitar ser juez y parte; de esta manera, cuando regreso, puedo ser más objetivo en mis apreciaciones. Cada vez que considero realizar un cambio lo hago, agoto todas las posibilidades en cuanto a gráfica y diseño, hasta estar seguro de que el resultado obtenido cuenta con los elementos necesarios para intentar lograr una buena propuesta.

  4. Artes finales: Una vez definido el dummy en su totalidad, comienzo a ilustrar lo que será el libro. El color es muy importante para mí por lo que este proceso me toma más tiempo, por lo general, siempre parto del negro o tonos oscuros, a los que les voy añadiendo capas de color hasta obtener el resultado deseado. La textura es un constante en mi trabajo, utilizo espátula, resinas, papel y cualquier material con el que puedo obtener el efecto esperado. El collage es otro recurso que aparece en lo que hago, me gusta mezclar las técnicas, porque de esta manera encuentro mayor libertad.

Para finalizar, me es imprescindible citar al ilustrador español Pablo Amargo:

Dibujar es la razón. Lo demás es añadidura. Ilustrar forma parte de lo adoptado. Poner imágenes a las palabras, para que el lector ponga palabras a las imágenes. Todo lo que el narrador ha querido decir, ya lo ha dicho, y por escrito. Me gustan las imágenes que aspiran a morir en el mismo lugar en el que el lector permitan que florezcan: con ausencia de tiempo, con ausencia de historia”

Marco Chamorro (Ecuador)

Nace el 16 de noviembre del año 1975. Estudió pintura en el Instituto de Bellas Artes “Daniel Reyes” y diseño gráfico en el Instituto de Diseño y Comunicación Visual Internacional. Es fundador y miembro del colectivo “Sesos Creación Visual”

Ponencia presentada en el 4° Encuentro Internacional con la Literatura Infantil y Juvenil en Valencia –Venezuela 2009

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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