El hombre de las bibliotecas y el hombre de los cafés

Horacio Cárdenas

Tertulia del Café Pombo. José Gutiérrez Solana

Encerrado en su cuarto oloroso a tiempo y con una avidez de lectura, el hombre de las bibliotecas está sumido entre montañas de libros; para él no hay mayor goce que pasar las horas con la mirada clavada sobre las páginas abiertas de un libro que ha burlado el castigo del tiempo. En su pequeño cuarto el hombre de las bibliotecas vive la historia de los hombres pero siempre en un tiempo pretérito.

Diariamente ese hombre, con un lento caminar como si fuesen muy pesados a su cuerpo los conocimientos descifrados en los libros, se convierte en un vestigio de tiempo congelado, mientras afuera, en el torbellino de las calles y las ciudades, los demás seres humanos están viviendo los tiempos presentes. Los libros le enseñaron a hermanarse con el pasado  y en cierta forma a escudriñar el futuro y en la biblioteca apretada de libros, ha edificado un mundo distinto de los demás.

En la mirada del hombre de las bibliotecas hay un fulgor de tiempos idos; él se ha atrevido a burlar el presente mientras se remonta a vivir lo que ya es historia, lo que tan solo se vive en las ruinas de los monumentos o en los manuscritos deteriorados. Él está solo como se encuentran las cosas viejas. En sus gestos se resuma una indiferencia claudicante por las cosas del presente; él las ha abandonado porque quería permanecer aislado, y cuando de un momento a otro la vida descubre ante su mirada un nuevo panorama de relieves palpitantes, sentirá asombro por lo desconocido. Hoy en día no se puede vivir la vida en toda su plenitud mientras se sea hombre de las bibliotecas, mientras los estantes y anaqueles acumulados de libros, levanten una muralla hacia la vida que corre y se eterniza.

El hombre de las bibliotecas permaneció aislado mientras el hombre de los cafés se entregó a vivir el minuto presente y a sentir en sus nervios las palpitaciones de un tiempo que se desliza vertiginosamente. El hombre de los cafés está diariamente entregado al suceso que aparece y a la nota de actualidad, y cambió los anaqueles apretujados de libros por filas de hombres que se codean con la emoción de un tiempo presente. Él vive la vida intensa y sofocante de las calles y el aletargado rumor de los cafés; en el contacto con los hombres aprendió también a descifrar lo que muchas veces permanece escondido entre las líneas de los libros. Cuando este hombre de los cafés, después de haberse mecido en la corriente de la vida, se entrega en un pedazo del día a dialogar  con los libros, ya lleva en su mente la experiencia y las confesiones de los hombres que vio deslizarse en el café.

Cuando el hombre de los cafés se encierra en su cuarto a escribir lo que vio, a plasmar en unas cuartillas su inquietud de alma aventurera, entonces el mundo conoce la vida de un Baudelaire o de un Ganivet. Ellos compaginan la vida silenciosa de los libros con el torrente tumultuoso de la vida de los cafés.

Cárdenas, Horacio. (1961). Vísperas de la palabra. San Cristóbal: Editorial Vanguardia.

Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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