Voces amorosas: Las canciones de cuna en la literatura infantil venezolana

José Gregorio González Márquez

Las canciones de cuna arrastran su historia desde los confines del tiempo. De tradición oral y con un lenguaje poético musical, se mecen en la infinitud del pasado. Cantar a los niños es una costumbre ancestral pues en la casi totalidad de las razas, se arrulla al pequeño para que duerma o se tranquilice.

El primer acercamiento de comunicación entre el niño y el universo está marcado por las melodías que se le cantan para llamar al sueño. Acto filial con una carga amorosa que fusiona el sentimiento materno con la protección que se ofrece al niño ante los avatares de la vida. Cantar a los niños desde que nacen procura iniciarlos en el conocimiento del lenguaje. Las primeras palabras que escucha expresadas desde el amor vital, provienen de la madre con sus cantares maternales.

Las voces que arrullan recorren el hogar y mecen el sueño del infante. Duermevela que a ritmo de nanas o canciones de cuna lo trasladan al mundo onírico mientas su madre, abuela, tía, o nodriza le acaricia con su voz. Música que encarna las alegrías o tristezas; palabras que despiertan sentimientos de amor y apego.

La canción de cuna puede inscribirse en la poesía lírica popular. La venezolana es de tradición hispánica y se presume que llegó con los conquistadores. Sin embargo, no es exclusiva creación del español o castellano pues la conseguimos en otras culturas y en otros idiomas. Si miramos a través de las rendijas del tiempo la conseguimos en los pueblos antiguos. La sociedad matriarcal predomina en las instituciones familiares desde la antigüedad; por ello las nanas y canciones de cuna están ligadas al amor maternal. La madre permanece en contacto con el niño, el cordón umbilical es cortado pero la dependencia amorosa continúa y los acompaña durante toda la vida.

La canción de cuna es una composición poética destinada a los más chicos. Los primeros momentos de la vida de un niño o niña se balancean entre los brazos de la ternura y la cuna del ensueño. El ritmo con que se canta, la riqueza de su contenido y la musicalidad que la caracteriza arrullan los momentos de espera y calma. La magia de su contenido atrapa al niño y lo conduce al orbe de los sueños.

El origen de las de las canciones de cuna se pierden en el génesis de la raza humana. Fernández Poncela (2005), afirma que

Se trata de viejas costumbres – hay quien opina que son la primera manifestación de la humanidad – que las madres utilizaban con el objeto de espantar los demonios y los malos espíritus. Estas cancioncillas tenían, entonces un valor práctico y utilitario de sentido netamente mágico y conjura del mal (p.196)

Con el devenir del tiempo, los arrullos transmitieron calma y sosiego a los pequeños. La madre comenzó a tranquilizarlo mientras velaba su sueño o le calmaba en momentos que sufría algún dolor. El alivio llega con la voz cercana que canta: duérmete mi niño, duérmete ya, que viene el coco, y te comerá. Palabras simples que encierran un mensaje. No se trata de atemorizar al niño mencionándole una posible amenaza, es más bien ofrecerle la seguridad que solo consigue en el regazo de su madre.

La nana o canción de cuna está construida con un lenguaje sencillo, propio para el niño y  con mensajes  de cercanía y amor; pero además,  a muchas de ellas le incorporan imágenes poéticas para deleite de los pequeños. Las nanas de origen tradicional, las mismas que no tienen autor conocido y que han pasado de generación en generación rememoran situaciones antiquísimas, permanecen casi intactas a pesar de los siglos transcurridos y pregonan la tranquilidad de los tiempos idos.  Cerrillo (2007), al referirse al lenguaje expresado en la nana apunta:

La sencillez comunicativa de la nana, en la que un emisor (el adulto) trasmite un mensaje (directo, breve y conciso) a un destinatario (el niño) del que no se suele esperar contestación, no es impedimento para que aparezcan elementos que, literariamente, la enriquecen; sirva como ejemplo que el emisor se apoya en determinados personajes  – que tienen una función secundaria – para reforzar los contenidos de su mensaje, es decir, para incitar al niño a que concilie el sueño. (p. 325)

En Venezuela, un grupo importante de poetas ha publicado canciones de cuna, nanas y arrullos. Muchos de ellos escriben o escribieron  para niños y dentro de sus libros incluyeron textos con estas características.  Poemas canciones que marcan la niñez pero que además generan inquietud por la poesía. Estas nanas se diferencian de las de tradición oral porque tienen un autor conocido y su lenguaje poético en ocasiones es más rico en imágenes.

Son innumerables los personajes que aparecen en estas canciones, muchos ocupan lugares preponderante otros actúan como personajes secundarios o referenciales.

Muchas nanas tiene como epicentro de sus letras la negritud. Es importante recordar que las canciones de cuna de tradición hispánica, centran su atención en los niños arrullados por las nodrizas negras. Las esclavas amamantan a los blancos y a sus negritos. Dan calor a sus hijos putativos como a los propios. Iván Pérez Rossi, en Arrullo para un negrito canta:

Mariposa del aire
flor en capullo.
Duérmete mi negrito
mientras te arrullo.

En las puertas del cielo
dan caramelos
a todos los negritos
pata en el suelo.

Cocuyito que alumbras
por el postigo,
ilumina al niñito
que está dormido.

y si tú no te duermes
niño inocente,
te daré mere mere
con pan caliente.

El uso de onomatopeyas y voces pegajosas atraen al sueño. Palabras que seducen la inocencia, poemas sencillos para balancear al ritmo de la tarde noche. Neida Atencio propone esta canción de cuna, Duérmete, mi niño en la que además de cantar para llamar al sueño, la madre o quien canta pluraliza las acciones, si no se duerme el niño se duerme la madre.

Patatí mi niño
patatí, tatí
tus lindos ojitos
no quieren dormir.
Currucú mi niño
currucú, cucú,
te canto, te arrullo
y no duermes tú.
Arrorró mi niño
arrorró arrorró,
duérmete mi vida
o me duermo yo.

Tarareando
en el mecedor
nos vamos quedando
dormidos los dos…

Aunque se tiene la noción que todas las canciones de cuna tienen comienzos clásicos como duérmete mi niño, esta proposición no es cierta. Los poetas que escriben un texto de este tipo manejan con plena libertad el lenguaje y las imágenes para expresar lo que sienten. En Nana Marina de Conchita Osio de Bello se puede observar que es solo en el último verso donde se hace mención a la idea de dormir.

Un desmigajar de luces
puebla la celeste rada…
Han amainado las nubes;
la luna levó su ancla…
y en el puerto de mi dicha
mi niño duerme su nana.

Y no solo para convocar el sueño se canta una nana, también para despertar el niño o la niña. Un ejemplo claro es la Canción de cuna de Efraín Subero. En los siguientes fragmentos puede apreciarse el trabajo poético, canto al amanecer:

Despierta, querube,
que ya amaneció.
Abre tu ventana
como lo hice yo.

El poema arrulla; la voz del poeta se cuela por las rendijas del alma para cantar la vida. La canción de cuna es ternura, amor filial. Aunque las nanas siempre se asocian a las madres, muchos padres también se suman a esta actividad íntima de acercamiento al ser amado.  Poemas para celebrar la vida. Aquiles Nazoa lo expresa así:

Nena

– chocolatín para la niña buena
Nena, mi amor

– un guante azul para la flor.

Esa, para mis cabellos;
ésta para mi corazón:
¡qué bien se siente mi tristeza
entre las liebres del Señor!

El lenguaje usado en las canciones de cuna es interpersonal; madre e hijo se funden con el poema, se convierten en una unidad amorosa donde los sentimientos fluyen y se estrechan los lazos familiares. La madre canta, arrulla protege mientras el niño responde a tanto amor con su sonrisa, incluso cuando ya está dormido. Las estrellas, el cielo, la noche, los animales y la luna marcan la hora de dormir. La cuna llama, el balanceo dormita y la voz calma las ansiedades. En Canción para dormir a una niña de Doris Camaute de Carvallo se nota el encanto poético propio de las nanas.

Con su vestido de plata
y sus zapatos de lana
la luna baila que baila
la canción de no sé nada.

Con la flauta de don Grillo
y el croac-croac de la rana
la luna danza que danza
de la noche a la mañana.

En caballitos de nubes
se va paseando la luna
duerme que duerme la niña
de las ocho hasta la una.

Eduardo Polo/Eugenio Montejo hombre de múltiples voces poéticas maneja el lenguaje a su antojo. En sus poemas juega con las palabras, varía sus estructuras, desborda las sílabas, las desordena,  las convierte en piezas para armar significados. Es un mago que hace aparece y desaparece vocablos para encantar a los niños. En la nana denominada canción se instruye el alter ego de Montejo desdoblado en Polo.

La mi madre canta
para me dormir
y en la su garganta
oigo una perdiz.

El mi hermano juega
siempre a me vender
de la su bodega
queso, pan y miel.

El mi perro ladra
para me seguir
por la nuestra cuadra
de principio a fin.

Allá en la mi escuela
dibujo en color
un barco de vela
con el mi creyón.

Termino el mi cuento
por me despedir.
Ya cantando siento
la mi madre al viento
para me dormir.
Y en su canto lento
oigo una perdiz.

Salustio González Rincones es otro poeta venezolano que escribió su canción de cuna. Poesía elaborada, cargada de referentes personales pero además, como la de Montejo, plena de transgresiones de lenguaje. Incluso usa versos duros que pudieran ser considerados poco recomendados para niños.

Pero la poesía es libertad. Este poema lleva en su corazón la brisa fresca, el aroma puro de la existencia y la esencia filial de la nana.

Algunos fragmentos de Canción de cuna con vocales de González Rincones se transcriben a continuación

Duérmete mi niño
del QUIRIPITI.
Sácate los ojos:
¡dámelos a mi!

Tus ojos pasivos
ahora tan abiertos
¡Como de los vivos!
¡Como de los muertos!

Con ellos, el mundo,
pequeño he de ver
y en sopor profundo
¡como tú al nacer!

Duérmete mi niño
del QUIRIPITE.
¡Sácate los ojos
dámelos a mé!

Muchos poetas venezolanos han escrito canciones de cuna, nanas o arrorrós. La poesía convertida en canción para arrullar a los pequeños. Lenguaje limpio, embriagador de sueños usado por estos magos de la palabra. Morita Carrillo. Emilta Rosa Vivas, Rosario Anzola, Orlando Araujo, Blanca Graciela Arias de Caballero, Neida Atencio, Velia Bosch, Marisa Vannini, Inés de Cuevas, Aminta Díaz, Emiro Duque Sánchez, Hálida Figueira de Valero, Elena Molina, Rafael Olivares Figueroa, Pálmenes Yarza, Jesús Rosas Marcano, Efraín Subero, Aquiles Nazoa, Salustio González Rincones, David Figueroa Figueroa, Iván Perez Rosi, Luiz Carlos Neves, Mar de los Ríos, Eugenio Montejo, Manuel Rodríguez Cárdenas, Emad Aboaasi son algunos de los poetas que han trabajado el tema.

      Como se ha visualizado a lo largo de este trabajo, la poesía venezolana es rica en canciones de cuna. Aunque la literatura infantil todavía permanece relegada en Venezuela, sus poetas trabajan para motivar a su lectura. Es importante que los niños y niñas se  acerquen a ella para que la disfruten y vivan en medio de la libertad y el amor.

Referencias bibliográficas

Atencio, N. (1991).  Canción de cuna. En: Cuesta Cuesta, C. La literatura infantil en el Preescolar. Mérida: Universidad de los Andes

Camaute de Carvallo, D. (2015). La fiesta de los ratones. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana.

Cerillo, P. (2007). Amor y miedo en  las nanas de tradición hispánica. En Revista de Literaturas Populares.

Fernández Poncela, A. (2005) Canción de cuna: arrullo o desvelo. En : Anales de Antropología. México: Universidad Nacional Autónoma de México – Instituto de Investigaciones Antropológicas.

González Rincones, S. (1977). Antología poética Salustio González Rincones. Caracas: Monte Ávila Editores.

Nazoa, A. (1991). Cuna, poema de las manos. En: Cuesta Cuesta. C. La literatura infantil en el Preescolar. Mérida: Universidad de los Andes

Osío de Bello, C. (1989). Mis manos juegan con los niños. Mérida: Universidad de los Andes.

Pérez Rossi, I. (1987). Cantemos con los niños. Caracas: PDVSA Gas

Polo, E. (2007). Chamario. Caracas: Ediciones Ekaré.

Subero, E. (1998). Monedero de miel. Caracas: Fondo Editorial de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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Una respuesta a Voces amorosas: Las canciones de cuna en la literatura infantil venezolana

  1. ¡Qué hermosas canciones de cuna! Yo he escrito algunas. Pienso que deben cantarse antes del nacimiento, porque el niño o la niña perciben la voz dulce de quien canta. Es como acariarciar al bebé que a traves del vientre de su madre escucha su voz. Comienza a percibir el mundo exterior. Un niño o niña que nunca fue tratado con amor, nunca sabrá darlo.

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