Decálogo de la docente promotora de lectura

Carolina Álvarez Arocha

Leyendo.. entre las páginas del otoño.
Ilustración de Judith Clay)

Quiero presentarles un resumen de lo que creo debe tomarse en cuenta para promocionar la lectura en la escuela. Este artículo es producto de numerosas lecturas que he realizado a lo largo de mi experiencia como docente y promotora de los textos escritos, sobre todo de tipo literario. Seguramente encontrarán frases y afirmaciones que ya han dicho otras especialistas y otros estudiosos del tema, pero quise presentar una especie de síntesis que pudiera ayudar a las maestras, no como una receta, sino más bien como unos indicadores que señalen hacia donde debe dirigirse el trabajo.

Aunque la mayoría de las maestras conoce la importancia de promover la lectura y la escritura entre sus estudiantes, por alguna razón, en su trabajo diario siguen haciendo énfasis en las normas y categorías gramaticales en lugar de acompañar la lectura e invitar a leer y a escribir. Es posible que la diferencia entre lo que se cree y lo que se hace esté relacionada sobre la historia personal sobre cómo aprendió cada docente, pero eso es objeto de otro trabajo.

Cuando hablamos de la promoción de la lectura, nos referimos a actividades organizadas y planificadas para acercar a las niñas y a los niños a los textos de manera que comprenda que aunque leer requiere un esfuerzo, este esfuerzo vale la pena. Las actividades de promoción son diversas, pueden ir desde ejercicios de tipo lúdico, hasta retos intelectuales estimulantes.

Las maestras generalmente ya han leído en el programa oficial del Ministerio de Educación que la tarea principal en el área de Lengua es “contribuir al desarrollo de las habilidades de hablar, escuchar, leer y escribir”; sin embargo en el día a día, las tareas relacionadas con esta área suelen reducirse a copias, dictados y ejercicios irrelevantes.

Lo que les propongo a las docentes es reflexionar en torno a este objetivo principal que aparece en el programa oficial de Lengua. Es decir, si – como ya se ha señalado – lo importante es contribuir al desarrollo de las habilidades de hablar, escuchar, leer y escribir, entonces; todo lo que no contribuya al desarrollo de estas habilidades será simplemente superfluo, innecesario, contraproducente y deberíamos cuestionar su importancia y su aplicación en el trabajo escolar.

He sido testigo cómo docentes de Primaria aún se enfrascan en asignar tareas de análisis morfológico y sintáctico de las oraciones. Cómo piden clasificación de palabras por el acento y ejercicios por el estilo, a la vez que al hacerlos, las niñas y los niños llegan a odiar estas tareas.

No digo que la escuela deba ser todo el tiempo jugar y divertirse. Pero sí deberíamos preguntarnos si la forma en que enseñamos los contenidos lingüísticos contribuye “desarrollar las habilidades de escuchar, hablar, leer y escribir”, o si por el contrario hacen que nuestros estudiantes perciban el lenguaje como algo ajeno y poco agradable.

Personalmente me fascina la gramática, la dialectología, la etimología, pero la profundización en estos temas no debería  realizarse en los primeros años de enseñanza, podría formar parte de un programa especial, y sobre todo deben vincularse con los procesos comunicativos y nunca ser motivo de angustia o aburrimiento para las y los estudiantes.

De tanta lectura, me bailan las letras. Ilustración de Silvia Stecher

Lo importante en todo caso es tener claro que ha habido avances en los estudios de la lingüística aplicada en la educación. La mayoría de las personas que han estudiado el tema coinciden en que estos objetivos deben trabajarse de forma distinta, desde un enfoque comunicacional, en contexto, sin utilizar los textos literarios. Usar un cuento para enseñar gramática es la mejor forma de estropearlo.

En todo caso, no basta con saber que la lectura y la escritura son importantes, hay que actuar en consecuencia con esta idea, investigar, planificar, compartir ideas para hacer del salón de clases un lugar donde se manifieste esta importancia.

El aula debe ser un lugar donde las niñas y los niños acudan a los libros, o a los textos escritos en general, para buscar información o simplemente distraerse. Podría parecer redundante decir que para promover la lectura hacen falta textos escritos. Sin embargo, sabemos que hay salones de clase, incluso escuelas completas donde no existe una biblioteca, ni salón de lectura. Aulas donde al entrar solo vemos un escritorio, los pupitres o las mesas, el pizarrón y una cartelera ¿Dónde están los libros, folletos, revistas o carteles donde las alumnas y los alumnos puedan leer? ¿Solo tienen su libro de texto? En cada salón de clase debe haber un rincón de lectura, una biblioteca o un lugar donde se pueda intercambiar libros.

He escuchado muchas veces comentarios como “Es que este salón lo usa otro grupo por la tarde…”, “Ahora los libros están tan caros…” o “Yo tenía unos libros pero…”. Esas son disculpas. No hay excusa para no tener material de lectura en el aula.

Puede comenzarse con algo pequeño, en cajas con fichas escritas a mano, cartones con cuentos, poemas, adivinanzas, trabalenguas. Una zapatera con bolsillos donde se coloque material de lectura, una biblioteca “móvil” con carritos. No importa cuán pequeña sea o el aspecto que tenga nuestra biblioteca o fichero, lo importante es tener textos para leer y compartir. No hay excusa.

Otro punto de gran importancia es que la promoción de la lectura no puede dejarse al azar y a la improvisación. No son actividades de promoción las que se realizan para cubrir un rato que “sobró” del horario del día. La promoción debe formar parte de la planificación diaria, semanal, mensual, trimestral, anual.Las docentes debemos tener siempre presente qué se va a leer, cómo y cuándo se hará.

El hábito de leer se desarrolla con la práctica, es un modelo de conducta que estamos proponiendo. Un juego o una lectura esporádica no pasa de ser una superficialidad ¿Qué pensaríamos de una profesora que hoy enseña a sumar y luego no vuelve a tocar el tema por meses? Por esta razón las estrategias de promoción de la lectura deben formar parte de la rutina escolar.

En relación a esta planificación, por ejemplo, la lectura debe ser diaria, a la misma hora. Lea en voz alta textos literarios al grupo con quien trabaja, no importa la edad que tengan. Lea sobre todo cuentos, poemas, juegos de palabras; lea no solo a las niñas y niños pequeños, a las y los jóvenes también les gusta. Escuchar cuentos le gusta incluso a los adultos. Los mejores momentos que he tenido en mi práctica pedagógica han sido durante o después de la lectura de cuentos. Esta lectura en voz alta debe hacerla usted y debe ser una lectura escogida y bien preparada para que realmente atrape a quienes escuchan

En síntesis, presento diez puntos que considero deben ser tomados en cuenta por una maestra promotora de lectura o un maestro promotor de lectura. Por supuesto no es lo único que podemos hacer, pero sí es lo mínimo que debe considerarse, si de verdad creemos en el valor de la lectura como herramienta de aprendizaje y como arte que nos abre las puertas a otros mundos.

Los aspectos señalados no se encuentran en un orden jerárquico, de hecho, en la mayoría de los casos son tareas que debemos asumir simultáneamente. Espero que puedan serles útiles.

Decálogo de la maestra promotora lectura

  1. Asume que en las clases de Lengua lo más importante es estimular la lectura y la escritura.
  1. Incluye la promoción de la lectura en la planificación escolar (diaria, semanal, mensual, trimestral, anual). Siempre sabe lo que se va a leer, cuándo y cómo.
  2. Crea en el aula un “ambiente lector” (rincón de lectura, biblioteca, intercambio de libros…).
  3. Procura que las y los estudiantes disfruten los textos literarios, NUNCA realiza actividades relacionadas con la gramática después de su lectura literaria.
  4. Presenta al grupo variedad de textos, tanto en su tipología -lírica, narrativa, exposición- como autores, estilos y temas.
  5. Ofrece el contacto con el texto escrito desde los primeros años y continúa haciéndolo en los grados superiores. Sabe que a las niñas y niños “grandes”, así como a los adolescentes, también le gustan los cuentos.
  6. Periódica y sistemáticamente, lee en voz alta textos literarios al grupo con quien trabaja (todos los días a la misma hora). No importa el grado con el que trabaje.
  7. Comenta siempre quién es el autor o la autora del texto trabajado y la ilustradora o el ilustrador si también participa en la obra.
  8. Antes de presentarlo en clase, lee cuidadosamente cada texto que ofrece al grupo, no importa quién se lo haya recomendado.
  9. Relaciona la lectura de textos literarios con actividades de expresión,

Para cerrar mencionaré dos cosas, primero: a leer y a escribir se aprende leyendo y escribiendo. No se aprende haciendo ejercicios de gramática, realizando copias, o tomando dictado. Y segundo, si no se asume el trabajo de la promoción de la lectura como una tarea fundamental, es muy probable que se fracase en otras áreas de la enseñanza.

Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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