Los pasos encubiertos en la narrativa de José Gutiérrez Sánchez

José Gregorio González Márquez

La escritura marca caminos, señala senderos que guían los pasos por irreductibles destinos. El azar pernocta en la vida del escritor, impone con precisión el hilo narrativo que lleva cada cuento y que nace para perdurar o perderse en los anales del tiempo. Sustentado en la brevedad, el cuento, relata un hecho visto por su autor, donde la tensionalidad atrapa al lector en una espiral de interés que solo lo deja cuando la trama se resuelve no importando la forma en cómo lo haga.

José Gutiérrez Sánchez, narrador con la aldea dentro del corazón, es un cuentista de la estirpe de Juan Rulfo. No se trata de establecer comparaciones adulantes ni odiosas, sino de reconocer el trabajo depurado de quien dedicó su vida a dar forma a una narrativa cercana a los acontecimientos vividos por el campesino o miembros del pueblo llano. La nostalgia es quizás uno de los elementos que predomina en su trabajo. Los momentos vividos, los asomos de la infancia, el ya lejano tiempo de la niñez y el abandono de la aldea donde nació enseñan la ruta de sus libros Cielo raso Mucuglifo 2001 y Cielo arraso La casa Tomada 2004.

La obra de Gutiérrez Sánchez es atravesada por un tema fundamental que junto a la nostalgia constituyen quizás el leivmotiv de su narrativa. La muerte como en Pedro Páramo, acoge a los personajes y los va derivando por sus líneas hasta convertirlos en protagonistas mesurados pero seguros de alcanzar la inmortalidad de la mano de su autor. Es probable que muchos de ellos formen parte de la vida íntima de Gutiérrez, otros tal vez el reflejo de los fantasmas de la infancia y otros personajes hayan llegado por oído desde la oralidad impuesta en un hogar donde se escuchaban cuentos en las noches de oscuridad. La muerte ronda la aldea, arrastra a sus fauces niños, hombres, mujeres y ancianos en su devenir de caos y miseria. El cuento Y sobre los hombros también se viaja constituye un ejemplo de tal afirmación; nos dice el autor:

Y venían con él, acuestas; había prometido que volvería y lo hizo, aunque él no lo imaginó de esa manera, ni para ocupar su catre, ahora vacío definitivamente… El que más lo lamentaba enderezó la corona de flores y dijo:

– No es más que unos pasos esta vida”

También la muerte es poesía. Los recursos literarios se acercan para eternizar la simple sensación de un paso que afortunada o infortunadamente se da. No es predecible en tiempo y espacio pero si seguro. Puede llegar en cualquier momento. Cantarle o narrarle entonces asegura que el paso a la inmortalidad queda escrito entre las páginas que ocupan el libro que da vida a efímeros personajes.

En Sepulcros del antiguo terreno leemos:

Hondos como exigencias de pasos fuertes quedaron en el camino remojado por las nubes. Los hombres se apresuraron cuando aquel cuerpo exigía que lo albergara la tierra. El hedor lo desfanecía el viento.

Ni una arteria quedó obstruida para bloquear el paso de las dos gotas de líquido que sintió le inocularon cuando pasó por la hojarasca.

Cuatro hombres descansaron cuando entraron por la puerta grande del silencio. Cuatro puñadas de tierra lanzaron a la eternidad”

La nostalgia marca la vida de los autores. Muchos de sus libros están signados por rasgos autobiográficos. El recuerdo de los tiempos idos se asume con una mirada de certidumbre. Atrás quedan los momentos tristes o felices; la historia de una vida que se balancea al paso de los años. Se rememora para sentir de nuevo el aire de la infancia, de la aldea, del terruño donde se vivió entonces. Dice Gutiérrez Sánchez en el prólogo del libro Cielo Arraso: “Tengo mi partida de nacimiento y el número de mi existencia; lo que me piden las autoridades para estar en sociedad. Me protegieron mis padres a ojo de amo. Me señalaron los caminos de la aldea (ellos iban adelante para que me los aprendiera). Me inscribieron en una escuela rural. Me costaba aprender”. La historia personal en ocasiones extrapolada a textos escritos para la humanidad. Se acerca entonces el autor con su halo de nostalgia a los laberintos que conforman la esencia de su existencia.

La persistencia de la aldea, el lugar de encuentro con la nostalgia se derrama en estos libros. No se trata de negar la posibilidad de una escritura cercana a la metrópolis o a la ciudad aledaña sino de mantener los valores sembrados en un espacio vital ya lejano para la osadía del hombre en proceso de envejecimiento. En el mismo prólogo – al que asume no del libro sino de su vida – afirma: “Prefiero las costumbres de mis aldeas, que siguen siendo buenas: Mesas de San José y Cuchilla de Huacas a esta modernidad que no me identifica”. Clara alusión al amor que se tiene por la tierra ancestral y que se sigue llevando muy dentro del alma a pesar de ya no pisarla ni vivir en ella. El fogón, la casa de teja y bahareque, los caminos, el río, las abuelas y el cielo raso son los límites entre los que pernocta la escritura de José Gutiérrez Sánchez.

Cielo raso y Cielo arraso son dos libros de la misma estirpe. Con narraciones cortas, cuentos cortos y minicuentos se desplazan por una infinidad de temas ligados a la tierra. No son de carácter costumbristas aunque mantienen su atmósfera telúrica. La prosa en ellos, es sencilla, cuidada, precisa, delimitada por el ingenio para resolver la situación propuesta. La presentación de los cuentos atrapa al lector, le conducen de manera rápida por los vericuetos de la imaginación; le seducen hasta llevarlo al clímax de la narración. Textos acabados que en algunas ocasiones dejan el final al lector. Gutiérrez Sánchez maneja el cuento corto con precisión; como el arte que encarna, conciso en su extensión. En Proyectil extraviado podemos notarlo:

Oyó el disparo y se guió por la travesía de la bala; cuando dio en el blanco, ella aún dormía y no dio importancia a lo sucedido. Al despertar preguntó si alguien había estado allí. Le contestaron:

– Un hombre saltó el muro.”

Otro ejemplo claro de brevedad rigurosa y precisa lo encontramos en el cuento Desliz mortuorio. El juego al desenlace inesperado en este texto lo complementa el final que le da el autor o acaso la posibilidad para que el lector le ponga su final.

Miró por las hendijas. Al comprobar que la oscuridad y el silencio eran dueños de la habitación, el hombre forzó la puerta.

La mano derecha apretaba el arma de doble filo. Registró todo, ya estaba a punto de lograr sus propósitos cuando a un bombillo le llego la luz. Al saltar por la ventana una estaca le causó gangrena”

Los pasos encubiertos del autor se deslizan sutilmente por los senderos de la narrativa telúrica. Se fusionan con un horizonte pleno de montañas, árboles, animales, relaciones filiales, acercamientos familiares. La búsqueda de tramas que le aseguren un lector fiel ante sus propuestas puede definirse en palabras de Juan Bosch “La selección del tema es un trabajo serio y hay que acometerlo con seriedad. El cuentista debe ejercitarse en el arte de distinguir con precisión cuándo un tema es apropiado para un cuento. En esta parte de la tarea entra a jugar el don nato del relatador.” Se puede afirmar entonces que los textos Gutiérrez Sánchez tienen la potestad de atrapar al lector; de configurarles un mapa narrativo que seduce, que afina el interés por los temas relatados.

Los elementos claves en la narración telúrica de este autor están ubicados en su aldea. Sin embargo, su visión trasciende el ámbito de lo local, lo cercano para situar a sus lectores en un plano vivencial propio donde se identifiquen con los protagonistas de las historias. Relatos armados desde la experiencia propia, sazonados con situaciones reales pero con agregados poéticos que les dan aires de poemas en prosa. Calle adentro, lo confirma:

Sé que me has dado mis ojos, el par de miembros locomotores. Lo espiritual: el centro de mi sensibilidad. Es todo mi cuerpo lo que me has dado, madre. Ella debe estar oyéndome. Teje… es más lo que piensa… deja de pensar en la pobreza. Ahora me vienen los recuerdos. La casa, los grandes corredores, patios, ventanas; las habitaciones con el olor de la abuela. El solar, los naranjos, la callejuela de don Manuel. Me sobran los recuerdos, la taza de café, el zaguán, el río, lo que me enseñó don Pablo Carrero. La misa de los domingos, esas cartas íntimas que escribía cuando se me abrió el amor. Nada tienen que ver los gatos con los recuerdos, pero me asustaban… y despertaba con sus chillidos eróticos.”

Escritura desde la melancolía; la añoranza por la madre muerta. El discurso narrativo pendiente de la infancia; casi un poema por la perseverancia de las imágenes cercanas al amor filial. Libros para adentrarse en los territorios creados por José Gutiérrez Sánchez y marchar tras sus pasos encubiertos.

Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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Una respuesta a Los pasos encubiertos en la narrativa de José Gutiérrez Sánchez

  1. Muy bueno e interesante.

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