Vivir a plenitud desde la palabra

Galo Guerrero-Jiménez

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Fenómeno. Remedios Varo (1908-1963)

Voces y más voces es lo que más se escucha, lo que más se pronuncia, lo que más se pregona. El planeta está plagado de voces y más voces que los seres humanos generamos a cada momento y en cualquier lugar en donde nos es propicio comunicarnos. Esas voces son las que mueven al mundo: millones de palabras con las que cada individuo se juega su vida bien para realizarse con transparencia o bien para perderse en un marasmo de incertidumbres y de falta de plenitud para pronunciarse desde su condición más vil y antihumana.

La voz, la palabra en la oralidad es una y en la escritura es otra. Ambos registros nos dignifican si somos conscientes de como lingüística, cultural y socialmente asumimos esa palabra en la que está inmersa la naturaleza humana, nuestra más genuina convicción para la  proyección de nuestra racionalidad, de nuestra  emocionalidad y de nuestra espiritualidad que son los ámbitos excelsos  para vivir,para dar vida y para crecer con vida, respirando giros de grandeza humana, porque para eso está llamado el ser humano: vivir en plenitud desde la palabra.

Con la palabra labramos nuestro discurso, nuestra razón de ser, nuestro destino. Como dice Mijaíl Bajtín: “En cada esfera de actividad hay un entero repertorio de géneros discursivos” (2011, p.11)   con los cuales nos movemos para comunicarnos según sea nuestra condición personal, ocupacional y contextual. Así nos movemos, así vamos por el mundo inundado de un discurso, es decir, de un conjunto de palabras que nos muestran ante los demás como lo que somos.

El reflejo de la individualidad del hablante camina con su lenguaje a cuestas mostrando un género, es decir un discurso que le es propio a cada cual. Los enunciados que pregona, que habla o que escribe son el reflejo de su estilo individual. Con ese estilo se identifica, con él vive, con él se realiza, con él se proyecta en “variedades estilísticas del lenguaje: el discurso libresco, el popular, el científico-abstracto, el científico-técnico, el periodístico-propagandístico, el oficial-formal, el familiar cotidiano, la jerga vulgar” (Ibid, p. 18) son, entre otras, las variedades estilísticas que puede asumir una persona, las cuales surgen “en el proceso del uso activo de la palabra en un enunciado concreto” (Ibid, p. 49), es decir, en un hecho de vida personal y comunitario.

Sin embargo, y a pesar de que con las palabras nos identificamos porque nos apropiamos de ellas,  dependiendo de nuestra formación y de nuestro estilo personal nos nacen del fondo de nuestra realidad interior, de nuestra subjetividad pero, como señala Bajtín, “nadie es dueño de las palabras, que por sí mismo nada evalúan, pero pueden servir a cualquier hablante, y para diferentes e incluso contrarias valoraciones de los hablantes” (Ibid, p. 46).

Pues, con las palabras que portamos así actuamos; incluso, ellas son el producto de nuestras creencias. No está por demás sostener que “las  creencias ejercen una poderosa influencia sobre nuestra vida. Asimismo, resultan notablemente difíciles de cambiar por medio de las normas tradicionales de pensamiento lógico o racional” (Dilts, 2008, p. 131). A eso se debe, entre otros factores, las  distintas reacciones que desde la palabra una persona ejerce, a veces con asombro de quienes observan esa reacción.

En efecto, Robert Dilts sostiene que “nuestras creencias pueden moldear, afectar e incluso determinar nuestro grado de inteligencia, nuestra salud, nuestras relaciones, nuestra creatividad, e incluso nuestro nivel de felicidad y éxito personal. Así pues, si es cierto que las creencias tienen tantopoder sobre nuestra vida, ¿cómo podemos controlarlas, para que no nos controlen ellas a nosotros?” (Ibid, p. 133), tal como les sucede, de forma tan evidente y preocupante a la clase de los políticos; y, desde otro orden, al mundo de la religión y de la educación que son quizá los tres ámbitos con un poder de creencias tan peculiar y que ejercen una enorme influencia en cada ciudadano que al hablar y actuar se comportará de conformidad con ese mundo de creencias que las asume hasta llegar a conformar su estilo de vida personal.

Referencias bibliográficas

Bajtín, M. (2011). Las fronteras del discurso. Traducción de Luisa Borovsky. Buenos Aires: Las Cuarenta.

Dilts, R. (2008). El poder de la palabra. Programación neurolingüística.  Traducción de David Sempau. Barcelona: Urano.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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Una respuesta a Vivir a plenitud desde la palabra

  1. Muy buenos Comentarios y realmente ciertos.

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