Familiaridad con los elementos paratextuales

Galo Guerrero-Jiménez

Ilustración de Marta Bielsa

Ilustración de Marta Bielsa

El proceso de la lectura es un lento camino  que el lector debe recorrer para que aprenda a conocerme primero a sí mismo y desde ahí al mundo y a la interpretación  y valoración que de él pueda hacer para aportar luego con su capacidad intelectual y emocional. La lectura, en este sentido, construye puentes de humanismo. Lo señala  Antonio Cándido, citado por María Teresa Andruetto, cuando al referirse al valor que la lectura de la literatura tiene, señala que no sirve solo “como un instrumento poderoso de instrucción y educación, sino también como factor de perturbación y de riesgo, un camino que ni corrompe ni edifica, sino que humaniza en sentido profundo, pues hace vivir” (2015, p. 34).

En efecto, este es quizá uno de los valores mayores de todo tema de lectura, no solo el de la literatura. Cuando la lectura llega al fondo de nuestra cabeza y de nuestro corazón, en verdad que nos hace vivir, nos potencia al más alto grado de grandeza humana bien sea para instruirnos y educarnos, pero sobre todo para humanizarnos. Es evidente que “un buen libro es capaz de quedarse en nosotros, como se quedan las personas que amamos” (Ibid, p. 33). Sin embargo, esta realidad no es tan fácil de lograrla solo con el hecho de tomar un libro y leerlo de corrido.

Ya hemos señalado que en la escolaridad por tratarse de textos instruccionales solo le sirven al niño y al joven escolar para cumplir una instrucción de lectura, nada más. Y en la universidad el problema se agudiza aún más, porque, como señala Dubois (2006), citado por Cisneros, Olave y Rojas: “En las aulas de educación superior los profesores nos preocupamos mucho más por los textos y sus autores, cuando abordamos la lectura, que por el lector (…). Se observa que en la mayoría de los casos, el docente propone documentos, los socializa en clase y luego realiza una prueba donde los estudiantes demuestren su dominio del tema, pero pocas veces se detienen a analizar la forma como abordaron el texto y su aplicabilidad en situaciones reales concretas” (2013, pp. 7-8).

En la universidad, como es sabido, son los procesos de análisis e investigación los que cuentan a la hora de leer un texto; sin embargo, una gran mayoría de estudiantes no entienden lo que el texto dice literalmente ni logran inferir lo que el texto calla porque el autor, por lo regular, lo da por sobrentendido.

Y esta penosa realidad se da porque el universitario se encuentra abruptamente con el texto; nada conoce de él, nadie le ha presentado de manera amigable a ese ser extraño que llega a su vida académica como un intruso; se trata de undocumento que casi sin mayor explicación, el académico le señala a su alumno para que lo  lea, porque ahí está la fuente del conocimiento que debe aprender.

Y lo más grave es que a veces el alumno recibe fotocopias de varios documentos: “Los textos fotocopiados son fragmentados, generalmente no tienen la reseña bibliográfica y menos aún los elementos paratextuales que permiten realizar inferencias enunciativas” (Ibid, p. 12), de manera que el alumno pueda llegar a familiarizarse con ese ser textual que le es totalmente extraño, sobre todo en el primer año de universidad en donde aún le cuesta adaptarse a este nuevo sistema de vida académica.

Sin duda alguna, una forma de familiaridad con el texto consiste en la revisión de los elementos paratextuales: que el alumno lector sepa quién es el autor del texto, qué tipo de tema contiene el título del libro, del capítulo o del artículo motivo de lectura; que revise el formato del texto, las imágenes que hay en la portada, en la contratapa y a veces en las páginas interiores; leer el prólogo, la introducción, la reseña que aparece en la contratapa y las referencias bibliográficas que constan al final del texto, serán siempre un buen principio de acercamiento antes de empezar a leer el contenido del texto que no deja de ser extraño si no nos familiarizamos de antemano con todos los elementos paratextuales que toda obra tiene bien sea en su presentación física (en papel) o electrónicamente.

Referencias bibliográficas

Andruetto, M. (2015). La lectura, otra revolución. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica: Espacios para la Lectura.

Cisneros, M., Olave, G. y Rojas, I. (2013). Alfabetización académica y lectura inferencial. Bogotá: Ecoe Ediciones.

Anuncios

Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
Esta entrada fue publicada en Ensayo, Lectura, Libro y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Familiaridad con los elementos paratextuales

  1. Es absolutamente cierto, José. Muy buenas reflexiones.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s