Veintiuno centenaria

Enrique Pérez Díaz

2Hace algunos años, cuando me iniciaba en estas lides de la mal llamada LIJ, gracias a una gran amiga tuve la suerte de beber en una interesante colección de narrativa contemporánea que me permitió ver cuanta variedad podía existir en el concepto editorial de qué pueden leer los niños, adolescentes y jóvenes. Creo que un intento editorial como la colección Alfaguara Infantil que en los años ochenta del pasado siglo defendiera en España la editora alemana Michi Strausfeld es muy difícil, no ya de superar sino de igualar siquiera. La amplitud temática, de registros expresivos, geográfica y la alternancia de nombres consagrados y otros más jóvenes, sentó un referente editorial de excepción y abrió a muchos un horizonte de cuánto se escribía entonces en el orbe. Entonces me dije que algún día sería interesante que existiera en Cuba un espacio de difusión semejante.

A mi llegada hace casi una década a Gente Nueva, uno de los retos fue organizar las colecciones y en las primeras que pensamos fue en una de narrativa contemporánea y otra de ciencia-ficción y fantasía, reconocidas carencias de esta editorial. De modo que así surgían en el 2007 Veintiuno y Ámbar. Tras no pocos intentos de nombres -y luego de ver la que considero todavía admirable maqueta presentada por la directora artística María Elena Cicard- se optó por la palabra Veintiuno para dar sentido de contemporaneidad, lo novedoso y actual. A los dos primeros títulos publicados ese año: Loca por Roger, de varios autores (Noruega) y El cuervo dijo nunca más, Carlo Frabetti (España), se sumarían en el 2008: Calvina y El ángel terrible, Carlo Frabetti (España); La increíble historia de Lavinia, Bianca Pitzorno (Italia); El tigre en la vitrina, Alki Zei (Grecia); Nada detiene a las golondrinas, Carlos Marianidis (Argentina); El misterio del solitario, Jostein Gaarder (Noruega); El libro de Teresa, Armando José Sequera (Venezuela); y Lo que sabe Alejandro, Andrés Pi Andreu (Cuba). Es curioso que estos dos últimos sean desde entonces los más populares y reeditados de la colección.

Pese a surgir en Gente Nueva, al momento Veintiuno demostró tener una personalidad propia. Su diseño diferente, algo agresivo y nada convencional, desentonó enseguida de los libros de entonces. Temática y formalmente para nada apostaba por el tipo de literatura más tradicional publicado por esta casa editorial en sus 40 años de vida. De hecho, como pocos proyectos, ha sido una serie que ya nació con sus propios lemas promocionales: «Una apuesta por lo valiente, novedoso y actual», «Una literatura para niños, adolescentes y jóvenes sin prejuicios ni temas tabú», «Una colección de narrativa cubana y extranjera, que apuesta por la literatura que vibra con lo actual, lo valiente y lo novedoso»; «Obras de hoy que vienen para decirnos algo nuevo, bien por su tema, estilo o por el tono en que se dirigen al lector»; «Historias que nos cautivarán y emocionarán al mismo tiempo, que nos harán reír o llorar y siempre pensar».

La colección se trabajó desde sus inicios gracias a la gran colaboración del Comité Cubano del IBBY (Organización Mundial del libro Juvenil) en cuanto a la cesión de derechos autorales, de otro modo, cautivos por las grandes transnacionales del libro infantil. Fue así como importantes, populares y destacados narradores extranjeros amigos, hasta entonces desconocidos en Cuba se afiliaron al proyecto, lo que permite que hoy se den la mano con lo mejor de la literatura nacional, en obras bien abiertas en todos los sentidos y donde intriga, suspenso, emoción, temas difíciles y depurada técnica narrativa propician un momento de entretenimiento y reflexión.

6-2De este modo, el catálogo de Veintiuno, que en el 2015 sobrepasó sus cien títulos demuestra ya el modo en qué ha calado en el sector más inteligente del lector cubano. Vale recordar que en el 2009 aparecieron: La muñeca del alquimista, Bianca Pitzorno (Italia); María Virginia, mi amor, Gumersindo Pacheco (Cuba); El pan de la guerra, Débora Ellis (Canadá); Constandina y las telarañas, Alki Zei (Grecia); ¿Dónde estás Susana?, José Antonio Linares (Cuba); ¿Dónde está la princesa?, Luis Cabrera Delgado (Cuba); La cámara oculta, Silvia G. Schujer (Argentina); Entre la espada y la rosa, Marina Colasanti (Brasil); La princesa triste, Carlo Frabetti (España); Noche de luna en el Estrecho, Jordi Sierra i Fabra (España); Terreno de nadie, Ariel Ribeaux Diago (Cuba); Rabo de estrella y otras historias locas, Nilma Gonçalves Lacerda (Brasil); Antología de los Premios Andersen, varios (Cuba); Papá está en el balcón, Seve Calleja (España) Ntango y Ngunda, Dania Rodríguez (Cuba) y Buenos días, camaradas, Ondjaki (Angola).

Al año siguiente verían la luz María Virginia está de vacaciones, Gumersindo Pacheco (Cuba); Las islas desventuradas, Carlo Frabetti (España); El viaje de Parvana, Débora Ellis (Canadá); La guerra de Petros, Alki Zei (Grecia); Destino de Colibrí, Carlos Marianidis (Argentina); La muñeca viva, Bianca Pitzorno (Italia); Fangoso, Enid Vian (Cuba); Libro primero de las cosas raras, Albertico Yáñez (Cuba) y La abuela electrónica y otros cuentos, Silvia Graciela Schujer (Argentina). Hay títulos que, si bien no fueron escritos en el siglo veintiuno sino antes, ya se anticipaban, temática o formalmente como muy novedosos, como es el caso del célebre ¿Dónde está la princesa? de Luis Cabrera, El día que me quieras, de Julio M. Llanes, Fangoso, de Enid Vian, Cartas al cielo, de Teresa Cárdenas o la obra de Ariel Ribeaux y de Albertico Yáñez, que se rescatan todavía.

Pese a que muchos amigos libreros se quejen de las ventas muy lentas de Veintiuno, hay evidencias de su buen funcionamiento, sobre todo en sectores del interior del país en colectivos estudiantiles preuniversitarios y universitarios y en los jóvenes autores cubanos para niños, que la coleccionan con verdadera vehemencia y sueñan con integrar su catálogo. De esta forma, ya es una colección con vida propia y que se nutre de las propuestas de sus propios autores, que repiten con varias obras en ella, como es el caso de los italianos Carlo Frabetti y Bianca Pitzorno, el cubano Gumersindo Pacheco, entre otros.

10-2La serie se fue completando con títulos aparecidos entre el 2011 y el 13 como: Una escuela para Lavinia, Bianca Pitzorno (Italia); Ciudad de barro, Débora Ellis (Canadá); De los veinte uno, Lygia Bojunga Nunes (Brasil); La balada del siglo XXI, Jordi Sierra i Fabra (España); Mónica caída del cielo, Boris Mesa (Cuba); Libro segundo de las cosas raras, Albertico Yáñez (Cuba); Paso a paso, Irene Vasco (Colombia); El beso de Susana Bustamante, Gumersindo Pacheco (Cuba); 274, Andrés Pi Andreu (Cuba); Y comieron perdices, Lorenzo Lunar y Rebeca Murga (Cuba); Los botones de la camisa de Chaikovski, Arnaldo Muñoz Viquillón (Cuba); Cuando los cuentos crecen, Evelyn Ugalde (Costa Rica); No pisen al escarabajo, Marina Mavriná (Rusia); Tres mundos para Patricia, Luis Caissés Sánchez (Cuba); Emilio en busca del enmascarado de plata, Laura Antillano (Venezuela); Es raro ser niña, Mildre Hernández (Cuba); La magia más poderosa y otras aventuras de Ulrico, Carlo Frabetti (Italia); El último set, Jordi Sierra i Fabra (España); La fogata, Marisa Vannini (Venezuela); Cuando callaron las armas, Edna Iturralde (Ecuador); El día que me quieras, Julio M. Llanes (Cuba); Vuelve Fangoso, Enid Vian (Cuba); Marité, Eldys Baratute (Cuba); Super extra grande, Yoss (Cuba); De Gabriel a Gabriel, Marinella Terzi (España); Cuentos descabellados, Felipe Oliva (Cuba); Otra barrabasada de Albertico, Albertico Yáñez (Cuba); Y oirás lo que no has oído, Gerardo Meneses (Colombia); A caballo en una escoba, Bianca Pitzorno (Italia); Los cuernos de la luna, Yunier Riquenes (Cuba); La ciudad de los pájaros sagrados, Emerio Medina (Cuba); La casa en el árbol, Bianca Pitzorno (Italia); El derecho a la ternura, Armando José Sequera (Venezuela); Nadie se ríe de Olivia, Néster Núñez (Cuba); Leidi Jámilton: El Libro, Rubén Rodríguez (Cuba); Violante, Geovannys Manso (Cuba); El caballero de la luna, Rebeca Murga-Lorenzo Lunar (Cuba); Las barcas de cristal hacia el infinito, Lina Leyva (Cuba); Cartas al cielo, Teresa Cárdenas (Cuba); Una motocicleta en la noche, Ragnar Holland (Noruega); Alicia, Yamil Ruiz (Cuba) y La doncella y el unicornio, Luis Rafael (Cuba). En todos estos libros se abordan difíciles conflictos que debe enfrentar la infancia en este siglo, en un reto al lector que debe sobrepasar sus aptitudes y crecerse ante historias provocadoras, desafiantes, con finales abiertos y frente a las cuales hay que tomar partido, ser un lector valiente y desprejuiciado, que busca lo nuevo antes que refugiarse en lo manido, convencional: La muerte, las separaciones, el sexo, las desavenencias generacionales, los diferendos políticos, la droga, el secuestro, la alienación de los jóvenes, el bullyng, de todo y más ha presentado Veintiuno en su catálogo que se vuelve más heterogéneo, osado y provocador.

Otros títulos abordan conflictos como la guerra, la invasión de un país a otro, los niños subnormales, los que son explotados mediante un peligroso trabajo esclavo, las víctimas del divorcio y aquellos que deben enfrentar un ambiente de terror en su propio hogar: La voz secreta, Bianca Pitzono (Italia); El libro más triste del mundo, Otilio Carvajal (Cuba); Hojas de la Hamada, Gonzalo Moure Trenor (España); Calvino, Carlo Frabetti (Italia); Te regalo el cielo, Arístides Vega Chapú (Cuba); El oculto, Marissa Vannini (Venezuela); Soy un taxi, Deborah Ellis (Canadá); Los enigmas de la rosa de marfil, Maikel José Rodríguez Calviño (Cuba), El cuento del tomillar, Daisy Valls (Cuba) y La niña, el corazón y la casa, María Teresa Andruetto (Argentina).

12-2En el 2015 su sumaron a la rica nómina de Veintiuno las obras Tico y su abuela misteriosa, Joel Franz Rosell (Cuba); Mi amigo el corredor, Maylén Domínguez Mondeja (Cuba); Cuentos absurdos, Varios (Latinoamérica); El mundo al revés, Marié Rojas Tamayo (Cuba); Amor apretado en un puño, Nelson Simón (Cuba); Vampiros con tatuajes raros, Eldys Baratute (Cuba); El arroz de la locura, Legna Rodríguez (Cuba); Veladuras, María Teresa Andruetto (Argentina); Detrás del Horizonte, Antonio García Teijeiro; El nuevo mundo, Alicia Barberis (Argentina); Abdicación, Carlo Frabetti (Italia); Una casa con jardín, Rebeca Murga-Lorenzo Lunar (Cuba); Y si viene la guerra, Liset Lantigua (Cuba); La hoja sagrada, Débora Ellis (Canadá); Tornatrás, Bianca Pitzorno (Italia); Si tu signo es de cáncer, Graciela Bialet (Argentina); Las rebanadas del mundo, Nilma Goncalvez (Brasil) y Xibalbá be. El camino al infierno, Gilberto Rendón Ortiz (México). Vale destacar que varios de sus libros han recibido el Premio La Rosa Blanca, conceptuado en el país como una especie de premio de la Crítica literaria para estas edades.

Las novedades de este año, aunque se han reducido por reajustes editoriales de la Empresa Gente Nueva, no dejan morir a Veintiuno, así para la Feria Internacional del Libro 2017 ya están viendo la luz Primer Día después de Babel, Maya Ombasic, Un verano de amor y cenizas, Aline Apostolska y La hoja sagrada, Débora Ellis (todas de Canadá), así como las obras cubanas La mancha dorada en la colina, Pablo René Estévez, Amor apretado en un puño, Nelson Simón y Escuelita de los horrores, del autor de estos apuntes. Para el próximo año entran a la colección, de Cuba, la selección de cuentos Mariposas en el estómago, la novela El secreto del muro, ambos de Eldys Baratute, El bebé más lindo del mundo, de Niurki Pérez, Lloviendo, Lidia Meriño y Las nubes sobre el cielo, Arístides Vega Chapú.

Otra línea de la colección ha sido beber en lo mejor que aparece en las editoriales del país y estudiar la obra inédita de todos sus autores (cubanos y extranjeros) como vía de irse nutriendo en el futuro. Su línea de apertura es más que evidente sobre todo si se mira el hecho de que pueden aparecer desde un inquieto joven como el santiaguero Yunier Riquenes hasta las Premios Andersen de Brasil Lygia Bojunga Nunes o la Argentina María Teresa Andruetto y que autores tan reconocidos como el español Juan Madrid, la sueca Mónica Sak, el brasileño Frei Betto, entre otros, ya reclaman a sus editores extranjeros la libertad de sus derechos para insertarse en Veintiuno.

Cierta vez, unos amigos me comentaban que Veintiuno era lo más parecido a un proyecto de cambio, a lo que rápidamente respondí con total convicción: Veintiuno no es un proyecto porque sencillamente, desde su primer libro ya gestaba la génesis de un nuevo sello editorial que es, en sí mismo –y de manera perenne-, el cambio…

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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