El discurso literario para jóvenes y niños de tema histórico en Tomás Ignacio Potentini (1859-1906)

Angélica M. Salas G.

Max1. Para María Elena Maggi La literatura Infantil en Venezuela surge dentro del contexto de la tradición oral y lo didáctico. Además, históricamente la fija hacia el momento de la llegada de la imprenta a Venezuela, en 1808, aunque mayormente se publicaron al inicio textos de carácter político y popular. Luego se comienzan a publicar aquellos textos de carácter didáctico, como silabarios, manuales de urbanidad: Entre los que destaca El libro de la infancia por un amigo de los niños (1856), salpicada de palabras criollas, hablaba de cocoteros, monos filósofos y chivos enamorados, prefigurando el nacimiento de la literatura infantil propia (1998:57)

De acuerdo con esto, ese modo disperso en la Literatura Infantil, en palabras de Efraín Subero, obedece o “se debe pura y simplemente a milagros circunstanciales de la lúcida inteligencia latinoamericana” (2009:31). Con mucha más razón aún, si nos detenemos en el siglo XIX, vemos que con dificultad se pensaba en los pequeños como lectores ávidos de entretenimiento, a su vez el cuadro político, histórico y social limitaba la dedicación de los escritores hacia este grupo en particular; de manera que los textos existentes y publicados eran de carácter didáctico, moral o religioso. Básicamente se trataba de educar en valores a través de lecturas de fábulas, de vida de los Santos o de parábolas y de manuales de urbanidad, para formar a la ciudadanía de las nuevas naciones.

Lo cierto es que buena parte de los poemas y relatos de algunos autores del XIX, tuvieron esa marca de la casualidad y del destino, como se puede apreciar en uno de los más tristes poemas de Juan Antonio Pérez Bonalde, titulado “Flor” (1883). Siguiendo esta idea, cabe mencionar a otros autores como: Rufino Blanco Fombona (1847-1944); Alfredo Larriva (1883-1934); José Rafael Pocaterra (1890-1955); Francisco Pimentel (1890-1942) y Fernando Paz Castillo (1893-1955). Sin embargo, casos particulares como el de Andrés Eloy Blanco y Tulio Febres Cordero, merecen una atención diferente por cuanto sus obras si estaban orientadas hacia los infantes. Ambos reflejaron en sus trabajos la importancia del niño como prospecto del hombre del mañana, de allí la carga de intención y función social en los cuentos de Don Tulio, cuyos finales van más allá de la simple moraleja, no para imitar a los clásicos, sino para representar a un imaginario mucho más cercano a la infancia de la época. Rasgo que le permitió lograr una propuesta de altos valores estéticos y funcionales como formas de reconocer a ese mundo infantil poco comprendido hasta entonces.

2. La producción escrita para los pequeños en el siglo XIX estuvo enmarcada por la difusión y el uso de los denominados “libros didácticos”. El educador Luis Felipe Mantilla (1833-1878) de origen cubano, publicó un silabario conocido como Libro de Lectura (1875), el cual fue muy utilizado para la instrucción de las primeras letras en algunos países de Latinoamérica. Aunque, diez antes, en Venezuela ya se había publicado El libro de la Infancia (1865) por Amenodoro Urdaneta. Obra con la cual se desmitifica la función del escritor como dominante absoluto, y se abre hacia el otro en función de hacerse comprender mejor mediante un lenguaje sencillo, claro y amigable para dar cuenta de un caudal de información privilegiada por la intencionalidad estética de la obra.

Posteriormente, entre las primeras décadas del siglo XX y hasta mediados, se comienzan a publicar y a consolidar en Venezuela proyectos de interés cultural, literario y educativo dirigido especialmente para los niños y jóvenes. Entre los cuales podemos mencionar: al de Mario Briceño Iragorry Lecturas Venezolanas. Colección de páginas literarias, de escritores nacionales, antiguos y modernos, con notas de Mario Briceño Iragorry (1926). Esta obra es una de las primeras contribuciones modernas del acercamiento hacia el niño, en su función de productor de ideas.

3. Dentro de esta breve presentación se enfatiza en la sencillez de la selección y del lenguaje, además de la apreciación del infante como un ser capaz de producir conocimiento, y sobre todo en sus pilares fundamentales. Resalta además, el hecho de relacionar la instrucción del amor patrio a través de la selección exquisita de escritos que motivan o propician al mismo, de modo que la expresión fin patriótico se vincula directamente con lo literario porque no solo se limita al conocimiento de la historia patria , sino que incluye también la comprensión de nuestros escritores.

Es precisamente hacia 1950 cuando, entre los gobiernos de Eleazar López Conteras y Marcos Pérez Jimenéz, se incentiva y retoma la orientación hacia la afirmación de ser venezolanos. Iniciativa también, apoyadas desde el Ministerio de Educación Nacional, iniciadas aproximadamente hacia las primeras tres décadas del siglo XX, para tratar de mantener permanencia en el tiempo. Se trataba de promover desde los distintos proyectos, como a nivel de infraestructura, en escuelas normales, técnicas y liceos; como en el plano literario en piezas de teatro, títeres y marionetas que expresarán, lo que llamó Uslar Pietri “el alma venezolana”. En líneas generales, se quería impulsar una imagen integral del venezolano, en el ámbito de la escuela para enseñar “a ser venezolano, a existir y vivir en la forma en que para su grandeza la nación venezolana necesita que existan y actúen sus hijos” (Uslar Pietri, 1939:2).

Para el siglo XIX en Venezuela la noción sobre la infancia se puede inferir de la lectura de ciertos libros de la época, entre ellos los manuales de urbanidad, los catecismos, entre los más destacados. Todos ellos mantenían una vinculación con la herencia colonialista, de ella se toma la enseñanza de la religión católica, las labores del hogar, en el caso de las niñas, la gramática castellana, nociones de latín, entre otros. Al respecto Artigas (2012) señala:

La participación de la Iglesia Católica en el devenir educativo de la Mérida colonial fue fundamental. Desde inicios del proceso de descubrimiento, conquista y colonización de territorios merideños actuaron órdenes religiosas regulares como Jesuitas, dominicos y agustinos, no sólo en el proceso de enseñanza de la religión, sino de aspectos básicos de lectura y escritura, contar, cantar; dirigida a los hijos de los caciques, en el caso de la población indígena, y a través de la educación eclesiástica a los descendientes de los blancos beneméritos, o integrantes de la elite, con la creación de colegios y conventos como el San Francisco Javier, San Vicente Ferrer, San Juan Evangelista y el de Santa Clara. La Iglesia continuaría su labor trascendental en la vida no sólo educativa, sino religiosa y cultural merideña en las postrimerías del siglo XVIII […]

No obstante, en el siglo XIX, la conciencia sobre la instrucción pública cambia, se rompe la continuidad de la metodología pedagógica colonialista a raíz de las críticas hechas por Simón Rodríguez (1794), cuyo pensamiento avanzado para su época permitió innovar sobre las viejas prácticas educativas, repetitivas y sin tomar en cuenta al educando como un ser pensante. Por otro lado, la imagen del niño de ésa época puede destacarse en la pintura, el retrato y las recreaciones del mundo infantil realizadas en obras literarias, vinculadas a los afectos familiares, tal como lo vemos en Memorias de Mamá Blanca de Teresa de la Parra, Autobiografía de José Antonio Paéz, Viaje al amanecer de Mariano Picón Salas, y finalmente Memorias de un muchacho de Tulio Febres Cordero. En estas obras, aunque en Paéz es más un esbozo, lo afectivo, lo familiar reconstruye un universo que muestra a una rodeada de valores morales, éticos y de ciudadanía a ser asimilados y comprendidos desde una madurez, la cual a nuestra vista parezca muy estricta o ruda. Pero así era en ese momento el método de aprendizaje, el niño debía ser llevado por la preceptiva familiar-moral-católica sin decidir. Las cartas y los consejos del padre, estaban reservados para la educación particular de la élite de la sociedad, del otro lado en el campo se aprendía o se fracasaba. Ejemplos de casos de familias e infancias disfuncionales los podemos apreciar en Fidelia, novela de Gonzalo Picón Febres, allí una joven es testigo de la vida desordenada de su madre, entre el alcohol, los hombres y la miseria, hasta que literalmente la rescatan y la llevan a vivir en casa del padre Torrijos.

Ahora bien, los infantes de los retratos de Cristóbal Rojas, La última comunión, entre otros, presentan rostros enfermos, pálidos o afiebrados. Los desmanes de las guerras no facilitaron infancias felices del todo, las enfermedades endémicas y la malnutrición se sumaron a estos. Muy a diferencia de los escasos retratos observados en El Cojo Ilustrado cuyos rostros rozagantes hacen gala de una alimentación apoyada en las fórmulas Scott o avenas fosfatadas con cacao. En todo caso se trata de los hijos de los hacendados, o de la gente que podía reunir dinero para hacerse un retrato al estilo de la época.

Boceto para una lectora. Cristóbal Rojas.

Boceto para una lectora. Cristóbal Rojas.

Por otro lado, en los textos escolares de este periodo se incluía una escogencia de autores del siglo XIX, por representar mejor en sus personajes, obras y situaciones elementos correspondientes con la visión de patriotismo requerida. Desde esta apreciación, el tema de la historia cobra notoriedad en las lecturas incluidas en los textos escolares. Cabe mencionar que para esta labor se destacaron los géneros literarios más adecuados para el público infantil, como cuento, teatro y poesía, medios que enuncian de manera excelsa el gusto estético y el placer por la sonoridad de las palabras.

Con esta breve revisión panorámica, presentamos dos escenarios iniciales de la literatura Infantil en Venezuela. El primero: el de la dispersión de los autores y obras relacionadas con la literatura para jóvenes y niños; y el segundo: el del aporte de consciente y sistemático de Amenodoro Urdaneta en el siglo XIX y luego Briceño-Iragorry.

4. Estas referencias permiten la inserción en contexto de nuestro objetivo principal: la revisión de los vínculos entre el tema histórico en la poesía de Tomás Ignacio Potentini, para ello nos fijaremos primero en algunos detalles sobre su accidentada formación literaria y cultural.

Originario de Píritu (Anzoátegui), Potentini nació en 1859 y murió en 1906 en Puerto La Cruz. Para 1866 se trasladó junto a su familia a Barcelona, donde sus primeras lecciones las recibió de Rafael Clavier y Rafael Castillo.

Su vida intelectual alcanzó a desplegarse a través de distintos medios y géneros literarios, a saber: la poesía, la cual ocupa nuestra participación, en ensayo, la sátira y el periodismo. En la política tuvo una intervención bastante apasionada, por lo que se ganó la enemistad de muchos personajes de la época, debido a su enfoque opositor a la autocracia guzmancista. De su trabajo periodístico se desprende el estímulo vital desbocado hacia su producción literaria, permitiendo desarrollarse mayormente a través de la composición de poemas, sátiras, epigramas, entre otros. Así publicó: Pínicos Literarios (1882); Ensayos Poéticos (1889), Páginas Sueltas (1890); Resonancias de mi Cubil (1902) y Terroncitos de Mirra (s/f).

5. La formación literaria de Potentini surge en un ambiente que originariamente estuvo bajo las líneas del Neoclasicismo y el Romanticismo. Si bien es cierto que estas tendencias lograron protagonismo en parte de las escenas del siglo XIX, Potentini aprovecha los distintos elementos emergentes que se hicieron presentes en su transitar poético. También el Modernismo, el Criollismo y el Nativismo eclosionaron casi al mismo tiempo, puesto que las tendencias literarias no pueden fijarse de manera tajante en un tiempo y un espacio únicos, ya que éstas obedecen a las necesidades y circunstancias de cada escritor en particular.

En relación con los movimientos y corrientes literarias, nos hacemos eco de lo expuesto por Gonzalo Picón Febres, en La literatura venezolana en el siglo XIX, allí señala que el romanticismo en Venezuela no se impuso de manera dictatorial, pero ello no significó que no dejara de tener impulso entre algunos autores. También más adelante, Picón Febres, al referirse a los estilos de algunos literatos y su vinculación con determinadas escuelas, apunta severamente sobre Potentini:

tan incorrecto y desgarbado algunas veces, como el carabobeño Alejandro Romanace, que fue notable en cuanto sonetista antes que todo, se parece a éste en la rebeldía, en el impulso combatiente y en la blasfemia que repercute en los espacios con el inmenso grito de la desesperación incontenible (1947:331)

Además, de Romanace, Picón Febres menciona a otros poetas contemporáneos como: Andrés Mata, Paulo Emilio Romero, Gabriel Muñoz, Samuel Darío Maldonado, Pimentel Coronado y Racamonde; quienes se expresaron en una tonalidad lírica muy similar entre ellos. Aunque posteriormente la crítica los advirtiera como neoclásicos, románticos o parnasianos, debido al carácter y evolución de sus obras.

Para Mariano Picón Salas (1961), estos poetas representaban un momento de tránsito, entre una etapa “académica” y otra del “popularismo”, esta última impregnada de “chabacanería”, en el prólogo de la Antología de la Moderna Poesía Venezolana (tomo I) de Otto de Sola, Picón Salas dice lo siguiente, respecto a los poetas “populares”:

éstos salidos de la improvisación venezolana, hombres de “botiquín”, de corrillo político y de revuelta criolla no tuvieron tiempo ni humor para afinarse […] El corrido llanero, la épica popular se pone a cantar a veces en la décimas de Potentini; pero por falta de cultura él no logra la necesaria transposición del mundo del folklore al mundo de la poesía […] (1984:XI)

En este enfoque se plantea la confrontación de dos imaginarios: el del folclor y el de la poesía, los cuales no necesariamente debían de estar separados, de manera que al mezclarse no produjo la mejor impresión para algunos críticos como Gonzalo Picón Febres quien luego reconoce la potencialidad del “verbo lírico” de Potentini. Con lo cual obsequia una postura crítica bifronte, sin que por ello ambas carezcan de mérito, por lo tanto ello contribuye a mostrar una dimensión menos plana del mismo Picón Febres, y por otro lado, resalta el “talento luminoso” tejido con los hilos de la blasfemia y la amargura.

Estas posturas obedecen a la complejidad de un “verbo lírico” abandonado al sentir, al ímpetu de la escritura sin el límite del canon, de allí que resulte difícil intentar clasificarlo. Las categorizaciones participan de los diferentes matices que convergen en la producción literaria de Potentini, aún así para Pedro Parés Espino (1950:19), se prefigura a un poeta atrapado por el sentimiento del romanticismo y pese a su falta de preparación “le sobraban savia de numen y riqueza imaginativa”. Esa “riqueza imaginativa” precisamente es la que percibiera primeramente Gonzalo Picón Febres como “sentimentalismo ingenuo”, sin importar demasiado ambos enfoques hacen posible la convivencia de rasgos presentes a lo largo de los poemas de Tomás Ignacio Potentini.

6. De lo anterior se desprende la idea de observar un pequeño grupo de poemas del autor, para intentar hacer una revisión de lo que vincula al discurso literario para jóvenes y niños y la poesía del tema inspirado en la historia; para lograrlo utilizaremos el método de análisis hermenéutico. Trataremos de determinar hasta qué punto los argumentos de fondo histórico, presentes en los poemas de Potentini, capaces de consolidar el imaginario estético del héroe nacional.

Bajo el título de Terroncitos de Mirra se reúnen un conjunto de poemas de argumento histórico, con los cuales Potentini exalta e idealiza las figuras de los próceres y de las batallas; aquí podemos establecer dos líneas de análisis, una referida a la acción heroica de los protagonistas donde estos se presentan desde la perspectiva del ser que combate en contra de la injusticia, del mal en todas sus manifestaciones. Aunque poco se describe al héroe en su forma humana, es decir, en su aspecto físico, la vitalidad lírica se concentra en la descripción de la hazaña ejecutada determinada por una conciencia del deber y la nobleza que caracterizan a las representaciones de los próceres:

Cuentan que tuvo en su faz/lo que salva y lo que aterra:/Rayo de muerte en la guerra/Y arco iris en la paz/Cuando creyeron quizás/Que se cansaba su brazo, /Hizo en la América un trazo/y volando casi loco/con aguas del Orinoco/fue a regar el Chimborazo/Y si prueban su pujanza/los infortunios son mayores,/Paéz le presta los fulgores/de su poderosa lanza./Todo se enciende y avanza/al conjuro de su acento;/estremece el pavimento/con su bridón de Mellao,/y aquel sol de Niquitao/ no cabe en el firmamento (Bolívar)

Se enfatiza la figura bravía de un hombre dibujado por la metáfora ligera, del gusto por el estilo “clásico” pero sin atiborrar o hacer uso excesivo de las figuras retóricas, se pretende develar ante el mundo una realidad surgida del sujeto participe de la historia. La acción, por su parte, se detalla como algo natural al hombre que la ejecuta: “Paéz le presta los fulgores/ de su poderosa lanza”, todo se desarrolla como si el destino estuviera marcado por un numen, o se materializara en un semidiós. De acuerdo con esto, el elemento unificador de los poemas descansa en el cumplimiento del deber, del designio supremo al cual están sometidos sus protagonistas. La “riqueza imaginativa” se acentúa en el poema a Miranda:

¡ Si parece está vivo¡/ ¡Que el pincel vertió con gloria/ toda la hiel de su historia/en el rostro pensativo¡/ Vive allí el noble cautivo/ con trágica eternidad,/ tanto que mueve en verdad/ a pedirle a Michelena/ que rompa la vil cadena/ y lo ponga en libertad (Miranda)

Aquí el realismo de la pintura genera la impresión de la tragedia vivida por Miranda, es como si quisiera saltar del cuadro, de modo que se revive al personaje con la claridad y nitidez de fácil captación. Sencillez que se mantiene en el otro grupo de poemas, el destinado a glorificar las batallas, aquí los lugares geográficamente ubicados no son descritos desde sus paisajes, es decir, el escenario del paisaje es demorado y apenas se muestra como un trazo débil. Lo que nos sugiere la importancia de las acciones ocurridas en cada locación, al igual que cuando se refiere al héroe, solo idealizando los semblantes principales y profundizando poco sobre su hacer humano. De igual manera, las zonas de las batallas se adaptan a las hazañas :

Entre mortíferas cargas/ la diosa fiel de la historia/ tiene indecisa gloria/ en el Pantano de Vargas./ Ya rompe en voces amargas, / viendo su sueño frustrado, / Bolívar, cuando a su lado,/ titán nuevo en la palestra… (Pantano de Vargas)

Es un territorio reconstruído a partir de la emotividad, de la carga sentimental a que invita el momento, se acentúa la valentía de quienes lucharon en el lugar, y en ocasiones el epíteto es intenso y logra generar motivación, empatía por los participantes. En los otros restantes, Junín, Boyacá, Ayacucho, Mucuritas, Las Queseras y Urica, se mantienen los mismos niveles en cuanto a la sencillez del lenguaje, imágenes y la exposición de los hechos. El imaginario del prócer está caracterizado por la ejecución de los dones de la moral: justicia y valentía, los cuales servían de bandera a los nobles de corazón. Además, el trazo homérico es notable y marca la “ingenuidad” acusada por la crítica, por otro lado, el “sentimentalismo” dibuja el aire del romanticismo mezclado con lo “popular” debido al descuido del verso tirado al vuelo del pájaro, y al canto de las trincheras desde los pantanos de los campos de batalla.

Naturaleza muerta con libro abierto. Cristóbal Rojas.

Naturaleza muerta con libro abierto. Cristóbal Rojas.

7. El aporte de Potentini a la poesía venezolana del siglo XIX, consiste en la revisión del héroe del llano, del Pantano, del combate cuerpo a cuerpo, producidos a partir de condiciones naturales, como la de construir la patria desde el “verbo lírico” imponiéndose a la injusticia e inequidad. Con un lenguaje híbrido: folclórico/ poético, desprendidos de sus andanzas por el mundo de la bohemia, en el que aún la figura de Bolívar no podía darle descanso a su brazo, el alma romántica le inspiró a darle forma a la saga de las batallas. De otro modo, la visión ingenua y el sentimentalismo, configuran un imaginario que permiten ubicar al tema histórico dentro unas líneas de sencillez e idealización de fácil comprensión. De gran utilidad si quiere presentar ante un público infantil a un modelo de personaje literario y personaje histórico, cuyas características denoten el movimiento arquetípico entre el bien y el mal, entre el deber y el hacer, sin alterar el orden de la moral, entendida ésta como un ejemplo de convivir en sociedad y mantener en alto los principios altruistas de un buen ciudadano, pero ante todo un venezolano consciente de su pasado y amoroso con su presente. Por todo esto, la comprensión y el afecto que puedan suscitar estos poemas, contribuirán en cierta medida en la identificación de los receptores con los personajes.

Finalmente, la inclusión de antologías de tema histórico, en los libros de lectura escolares, supone dos elementos a considerar: en primer plano, está reforzar los vínculos naturales hacia la historia y la patria, asumiendo que ambos posibilitan un proyecto de ser venezolano. En segundo nivel, debido a las cualidades de la poesía desde su apreciación estética y sensorial ésta permite una mejor valoración del ser humano, así la imagen de Bolívar se recompone mediante la palabra aludida hacia el sentimiento y el coraje, por lo tanto, se tiene al hombre y a la acción actuando de forma acompasada, y no por separado. He allí un componente clave para la literatura infantil, además, de la muy recalcada naturalidad en el lenguaje, los cuales se evidencian en la obra señalada de Potentini.

En suma, Potentini elabora unidades estéticas, hay un trabajo de composición literaria y una temática en común que logran enriquecer el imaginario del héroe nacional, pero sin tener en cuenta a sus posibles receptores; es decir, no escribía selectivamente para niños, pero la naturalidad de su lírica hace permisible la lectura entre ellos. También, esto lo aleja un tanto de la pesada intencionalidad didáctica, tan dañina para el caso de la escritura literaria, toda vez que aquella tiende a perturbar la función básica, deleitosa, de la poesía, cuyo cometido es crear universos plenos de imágenes y sonidos capaces de invitar al espíritu el disfrute sensible, estético, de la realidad, puesto que ella no debería someterse a los límites del espacio y del tiempo.

Bibliografía

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MAGGI, María Elena (1998) “Estudio preliminar” a Amenodoro Urdaneta. El Libro de la Infancia 2ª ed. Caracas: Biblioteca Nacional- Fundación Latino

MAGGI, María Elena (1995) Literatura Infantil en Venezuela: géneros, autores y tendencias. Un recuento de la creación literaria para niños y jóvenes, desde sus orígenes hasta el presente. En: Revista Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil. N° 1, enero­junio 1995. Bogotá (Colombia): Fundalectura Sección Colombiana de IBBY-.

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PICÓN FEBRES, Gonzalo (1947) La literatura venezolana en el siglo XIX . Buenos Aires:Edit. Ayacucho

PICÓN SALAS, Mariano (1961) Estudios de literatura venezolana Caracas-Madrid: Edics. EDIME

QUINTERO MONTILLA, María del P (2007) “Rafael Rivero Oramas. La edición artístico-literaria para la infancia”. Voz y escritura. Revista de estudios Literarios (15) Mérida, Instituto de Investigaciones Literarias “Gonzalo Picón Febres”

SUBERO, Efraín (2009) Panorama de la literatura infantil en Hispanoamérica Caracas: Edics. El Perro y la Rana

 

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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