La palabra y el niño: la escritura de Carmen Delia Bencomo

David Figueroa Figueroa
Poeta David Figueroa FIgueroa

Poeta David Figueroa FIgueroa

Siempre será la Literatura un caminar por senderos reales e imaginarios, ella es un recorrer de universos donde la fantasía logra irse por sabanas de nubes y los caballos trotan en cielos de algodón. Una mezcla constituida por imágenes que transcienden lo terrenal para encaminarse en la subjetividad donde, indudablemente, consigue no sólo la compañía de una amiga ideal, sino también el convivir con la eternidad.

Los textos poéticos, narrativos, dramáticos, novelísticos o de otra índole creativa tienen por seriedad serlo, puesto que de nada serviría caer en el mundo de la pesadez lingüística, tampoco es llenar páginas donde la nada es lo único que existe. Más delicado aún es cuando se trata de obras destinadas a los infantes, pues sabemos que estos pequeños en poco se diferencian de los duendes, maestros inseparables de la ubicuidad, poetas que transforman las figuras que ven o palpan en cosmos lejanos y cercanos. ¿Qué falta en ellos?, yo diría que muchas veces necesitan de un dominio más suelto del lenguaje y una experiencia amplia de la vida; en otros términos, relacionarse más con lo interno y el contorno. Por eso la escritora Blanca de González, en su investigación La raíz mítica y la ética martiana en la obra para niños de Onelio Jorge Cardoso, nos dice: “Para que la comunicación se realice el niño deberá ser atraído por el libro. Esta atracción es inicialmente sensorial: vista y tacto. La aprehensión del gusto por la obra viene dada por sus contenidos estilísticos y estéticos, que debe ser preocupación formal del escritor, porque el niño es un lector distinto al lector adulto, y esa es la diferencia que marca la literatura infantil frente al resto de la literatura”.

Aclara esto que el creador entregado a estas ocupaciones arduas nunca debe ignorar que el animismo es un componente que siempre se consigue en el infante, su inteligencia se eleva tan alta que generalmente compite con golondrinas y estrellas multicolores.

Bien lo interpreta la poeta y educadora Carmen Delia Bencomo, pues al leer sus escritos enseguida comprendemos que algunos de nuestros docentes sí han puesto y ponen en práctica los consejos del estudioso Efraín Subero: “Cuando la literatura se junta en un todo armónico, con lo recreativo y lo didáctico, entonces no sólo sirve para el disfrute y hasta para enseñar historia y geografía -¿no lo ha hecho por siglos la poesía folclórica?-, sino para elevar la condición humana, para recordar al hombre en su condición de hombre y al niño lo hermoso de ser niño, algo que es por única vez”.

Cuando leemos el poema “Llanura” de la creadora mencionada anteriormente, observamos el manejo del octosílabo, la metáfora, la humanización, la sinalefa, la ley del acento final, la rima, y, por supuesto, la inigualable y necesaria imagen. Una muestra lo encontramos en este texto:

Llaneritos de mi tierra

llaman la lluvia al cantar.

Y van abriendo caminos

con las llaves de la paz.

Alegre está la llanura,

la lluvia la hizo alegrar;

porque el monte reverdece

Cuando siente la humedad.

Llaneritos de mi tierra,

hijos de la libertad;

llanura de la esperanza:

tierra trabajo y bondad.

En el poema “El niño pintor”, escrito en hexasílabos, la humanización cabalga los cuatro puntos cardinales, y junto a las imágenes dibujan un monólogo donde la belleza interior es un sol naciente. El niño se transforma en un Picasso o en Carmelo Fernández. La musicalidad y lo plástico, son verdaderos protagonistas. Escuchemos: “Un niño pintor / pregunta a una flor: / ¿Por qué Dios te ha dado / tan lindo color? / la flor no responde / y roja se pone / de puro rubor; / toma su paleta / y con gran cariño / pinta ese primor”.

Mi gatito” es un texto donde el protagonista es un felino tan buenote que por nada come ratones, además la utilización de los diminutivos lo hacen afectuoso, a simple vista da la sensación de que la poeta lo mostrara como si fuera un hijo de ella, un ser que puebla la casa y “duerme la siesta en un cojín”.

En la poesía de Carmen Delia Bencomo, también es aplicable lo que afirmara Beatriz Mendoza Sargazazu de Manuel Felipe Rugeles: “El poeta no solo demuestra su conocimiento del mundo de los niños, sino que emplea también un lenguaje depurado, musical, lleno de color y de un indudable buen gusto. Usa y no abusa del diminutivo, lo emplea cuando es preciso, cuando responde a una necesidad interior, cuando es la palabra justa para lograr su objetivo”.

En cuanto a la narrativa, esta escritora nos deleita con textos donde se hermana a la creadora Laura Antillano, pues también sabe que: “El niño tiene una maravillosa capacidad de interpretación de la realidad. Frente a un hecho real, simple, él vive la multiplicidad, su percepción lo enriquece todo”. En el cuento El pececito de colores, encontramos que un niño al regresar de escuela se detiene para contemplar un río, afluente donde cada día pone un barco de papel. Sus ojos tropiezan con la contaminación reinante en él, allí escucha voces que tienen algo de queja: “A, e, i, / i, e, a / mis hijos morirán / ay, ay, ay los hijos / de Caribay”. Es un pez multicolor que lanza esas penas; enseguida se entabla un diálogo entre los dos personajes, transluce en la conversación la biodiversidad, el ecosistema, el mito, la leyenda, la ternura, en sentido más amplio los sentimientos y el entorno. En el relato se consiguen casi todas las figuras literarias, como por ejemplo: “Cubiertas de nieve como si las arropara un manto de plata” (Símil); “Se miraba el sol su rostro limpio todo los días”, (Humanización); “Llenaban de cantos y vuelos los silencios verdes” (metáfora); “Se miraba el sol su rostro limpio todo los días” (Hipérbole); “Se quedó mirando y de pronto le pareció escuchar un llanto suave” (Imágenes), “El pececito las devoró con gusto” (Diminutivo). El relato tiene un final satisfactorio: A, e, i, o u / por el aire va la luz. / A, e, i ,o, u / estoy feliz como tú”.

imagesCantaclaro el hijo del viento, texto incluido recientemente en la compilación Leer a la Orilla del Cielo de Laura Antillano, allí vemos que el Viento se transforma en un Dios y crea un pájaro que tiene la facultad de cantar como ninguno, en él se conjugan muchos elementos de la naturaleza, no falta aquí la brisa, la fuente, el agua, la luna, también se unen al acompañamiento la lluvia y el sol. Todos ellos en una forma u otra, hacen de la solidaridad un lazo único e indisoluble, es como si estos personajes hubieran leído al camarada – poeta Orlando Araujo: “Un amigo es el espejo donde tú eres él; no apagues esa luz y no falles en cualquier oscuridad”. El pájaro se hace un juglar inimitable, casi toda la población o mejor decir toda se llenaron de melodía con la voz de aquel amigo cantor. El viento demostró que no era un ser ajeno a los demás y el canoro dejó constancia de que el agradecimiento no está perdido, que el aislamiento solamente conduce a la soledad del alma y de la carne. Yo diría que el cuento bien debería estar en todas las escuelas del país, una lectura sugerida para niños y adultos. Los recursos literarios que se encuentran en él, configuran una escritura excelente: “El sol recogió su llanto y lo convirtió en arcoíris”, “Canta con la frescura del agua”, “Tienes la magia de la luna”, “Frescas y suaves como la brisa”, “Le acompañó hasta el corazón del bosque”, “Los otros pájaros y el pueblo entero conocieron del triunfo de Cantaclaro”, “Detenidamente lo miró con sus ojos de agua limpia”.

Anoto a continuación las palabras de la escritora Fryda Schultz de Montavani: “El único momento en que la literatura debe proponerse sembrar ideas, pero en forma de imágenes y sentimientos –lo más alejado posible de los conceptos abstractos -, es en la infancia. Porque la literatura infantil es literatura fermental. Lo que no quiere decir que deba dar lecciones, ni moraleja al final o implícita en su estructura: bastará que lo que sobrenade de ella sea una figura, una imagen, acaso un trance en que se hayan visto los personajes y que impresionen al lector. Esa impresión es la huella, el germen”.

Indudablemente, la literatura escrita para niños tiene que llevar la magia como un sol que destelle y convierta lo real en fantasía y ésta se haga concreta, lo absurdo se hace tangible o viceversa. El creador siempre tiene presente que las imágenes son cosmos que enamoran tanto a los infantes como a los adultos, es un verdadero juego donde el quehacer se vuelve risa a través del lenguaje.

Es recomendable la lectura del texto “Los baúles mágicos” porque existe en él una unión entre seres pensantes y objetos (baúles) que un señor quiere vender por carencia económica, allí un duende se hace presente en el sueño de Isabel, que es un duende agradecido y a la vez contento porque el dueño del baúl llevará comida a su casa y también otros niños serán felices.

Leer el Diario de una muñeca, ahora Diario de Maruja es como convertirse en turista, viajar por distintas regiones de Mérida: El Páramo, La Azulita, Lagunillas, río Escalante, Sierra Nevada, también es ir a Trujillo, San Carlos, Maracaibo, etc, en manos de Maruja y Delina, la naturaleza, las costumbres, vivencias que son dadas al lector con un lenguaje donde no tiene nunca cabida lo retórico, y cuando digo retórico me refiero a la utilización de frases o párrafos llenos de palabreríos que solamente es un gastar de tinta y espacios. Desde que Maruja llega a La Guaira se hacen incondicionales los recursos literarios, el verbo dándole sabor, belleza y cercanía, en tanto: “Somos como los niños”, “Ojos como estrellas”, “Está acelerado como un pájaro que quiere escapar”, “Se fija en Delina que como una cervatilla quiere escapar”, “Se va esfumando como las nubes que juegan en los altos picos” (Símiles). “Conversan los sapos y las ranas”, “El diálogo de las aves de corral”; “La laguna tiene un solo ojo”; “El jardín mudo derrama sus últimas aromas” (Humanizaciones). “El corazón se le sale por la boca”, “Tierra de todos los colores”, “Los niños hacen vibrar todo todo con sus manos” (Hipérboles). “El silencio dice muchas cosas”, “Los dulces sueños ahuyentan las sombras de los fantasmas”, “La tarde se va en los últimos crepúsculos”, “Oía silbar al viento”; “Una palabra rompía el silencio frío del paisaje” (Metáforas). Indudablemente que no puede faltar el diminutivo que le da un toque de cordialidad y ternura: “Por varias veces junto al perrito”, “Los jardines de la señoritas”, “Quiere el regreso de los pollitos”, “No compraba nada en las bodeguitas”.

No en vano el ensayista Juan Carlos Santaella, en su libro El Huerto Secreto afirma: “Cada palabra que pronunciamos y cada sílaba que escribimos, habita dentro de un espacio fulgurante de hallazgos y revelaciones ajenas. Las propias sólo se fecundan en el calor sereno de la noche o en el repetitivo vértigo de los sueños”.

El Diario de Maruja, no solamente, es la novela de una docente, también es el trabajo de una escritora dedicada a lo real y lo imaginario, autora que nos entrega la palabra con cándida nobleza.

 Bibliografía

Antillano, L. (2007). Escribir para niños. Encuentro con la Literatura Infantil en Venezuela. Caracas:Editorial el perro y la rana .

Antillano, L. (2010). Leer a la orilla del cielo. Antología de cuentos venezolanos para niños. Caracas: Fundación Imprenta de la Cultura.

Araujo, O. (1988) Cartas a Sebastián para que no me olvide. Caracas: Alianza Gráfica Editorial.

Bencomo, C. ( 1977). Diario de Maruja. Mérida

González de, B. (2000). La raíz mítica y la ética martiana en la obra para niños de Onelio Jorge Cardoso. La Habana.

Mantovani de, Fryda. (1978). Repertorio de lecturas para niños y adolescentes. Buenos Aires: Editorial El Troquel.

Mendoza Sagarzazu, B. (1983). La infancia en la poesía venezolana. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República para la Fundación del niño.

Santaella, J. (2000). El huerto secreto. Caracas: Monte Avila Editores

Subero, E, (1967). Poesía infantil venezolana. Caracas: Talleres de Italgráfica, C.A.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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