La vida, ese cuento maravilloso

 Máximo Gorki

revista-el-teatro-n22-los-barbaros-maximo-gorki-13532-MLA3367978612_112012-FNo soy tan competente en pedagogía para permitirme imponer mis ideas a especialistas entre los cuales muchos lo sé han consagrado su vida a la hermosa tarea de la enseñanza y gozan de un prestigio meritorio.

Pero he pasado por la infancia como todo el mundo; adoro a los niños, pienso a menudo en ellos y esto me lleva a exponer sucintamente mi opinión la de un profano sobre lo que debe servir de base a la educación.

La humanidad concebida como una sola y gran familia cada vez más unida por un mismo esfuerzo hacia el bien, común a todos sus miembros; tal es la verdad que se debe llevar al niño y que él debe, ante todo, conocer.

Entre los cuentos y leyendas creados por los pueblos, nada es tan maravilloso, ni eleva tanto el alma y el espíritu como la historia de la civilización.

Apenas comienza a tomar conciencia del mundo que lo rodea, el niño, poco a poco, debe ser puesto al corriente de la obra de las generaciones precedentes. Esto lo ayudará a comprender que lo que se ha hecho antes de él, ha sido hecho para él.

Contemos a los pequeños, con franqueza y sencillez, la historia de nuestro prodigioso pasado, de nuestros sufrimientos y victorias, de nuestros errores y defectos; hablémosles de nuestras esperanzas, de todo lo que era el tormento o la alegría de nuestros antepasados, de lo que hoy día nos hace sufrir o llena los corazones de ánimo.

El hombre debe respetar la obra de las generaciones desaparecidas; de otro modo es imposible asegurar la continuidad de la cultura, la prosecución del esfuerzo humano en la búsqueda de formas de vida nuevas, más libres y racionales.

¡El pasado está lleno de errores!”, oímos decir a menudo y esta afirmación no es gratuita, pero podemos oponerle esta vieja expresión no menos valedera: “¡No se equivoca aquel que nada hace!”

Las faltas humanas han sido pagadas con sufrimientos indecibles, y los tormentos del hombre creador merecen nuestro respeto y el de nuestros hijos, aptos para comprenderlos. Asociemos, entonces, a los niños con los generosos intereses de la humanidad para hacerlos respetar y amar el trabajo sagrado de las generaciones anteriores.

Hay que habituar al hombre desde la infancia a no confundir mentira consciente y faltas conclusiones; demasiado desconfiados, respetándonos poco unos a otros, subrayamos siempre lo que sirve para condenar a nuestros semejantes, atendiendo mal que bien, a lo que puede justificarlos. Prestando demasiada atención a los lados sombríos, nos inclinamos a temerles antes que a combatirlos y sucede así porque éstos abundan en la vida y ejercen tal poder sobre todos.

Resulta necesario desviar a los niños de este fatal error que nos corrompe.

Debemos habituarlos a sentirse dueños del mundo, los herederos de todos los bienes, y cultivar en nosotros mismos un sentimiento de orgullo hacia la herencia legada por los siglos, venerar el trabajo de nuestros antepasados cuyos frutos proliferan en los museos, tesoros de nuestras conquistas culturales en nuestras ciudades, cada vez más semejantes a museos. Este orgullo y el amor al pasado son engendrados por el estudio de la historia de la cultura y por el conocimiento de la vida del hombre sobre la tierra. ¡Encendamos este amor, este orgullo del pasado en los corazones de la juventud, heredera de todas las obras realizadas en el mundo entero!

Que el niño sepa que todo, desde el juguete que tiene en sus manos hasta la noción de Dios, el mito de Prometeo y la idea de la fraternidad humana, todo ha sido creado por aquellos que vivieron antes que él al precio de un duro esfuerzo.

Que aprenda, repito, a respetar la obra de las generaciones anteriores, la obra de sus ancestros.

novela-comic-la-madre-por-maximo-gorki-coleccion-ariel-2429-MLV4540762940_062013-FDebe conocer el pasado de su familia, de su patria, de su tierra, de toda la tierra. ¡El mundo pertenece a los niños, siempre a ellos! Cansados, dejamos este mundo y nuestro lugar lo alumbrarán ellos, fogatas deslumbrantes gracias a las cuales la llama creadora de la vida no se extingue jamás.

Sólo los niños son inmortales, diría yo.

No dejaré de repetirme, mil veces si fuese necesario, que el hombre es humano en la medida que conoce la obra de los siglos, el trabajo de la historia. Nada es tan apropiado para elevar el alma, darle ánimo y dejarla menos árida, como el conocimiento de la extraordinaria historia de la humanidad, las hazañas de los siglos transcurridos.

No expreso aquí, ciertamente, nada nuevo, sólo afirmo la fe en la posibilidad de unir a los hombres sobre la base del respeto a la persona, la estima recíproca por el trabajo del prójimo, la fe en la victoria de la razón, en todo lo verdaderamente humano creado por nuestras manos y digno de nuestro orgullo.

¡Ama a tu prójimo! se nos dice.

¿Por qué? objetan los escépticos y pesimistas.

A lo que podemos responder:

Por el trabajo que ha realizado el hombre a través de los tiempos y que no cesa un solo instante, por el inextinguible esfuerzo hacia el bien que existe en el fondo de cada uno de nosotros y que un día hará de nuestros descendientes seres felices, buenos, poderosos.

El hombre, cada hombre, resultado de una premisa del pasado, es él mismo una premisa lanzada al futuro. ¡Nosotros somos hombres! ¿Hay un título que se pueda pronunciar con más amor y orgullo?

Es esto según entiendo lo que debemos inculcar a la infancia y a la juventud.

¡Abramos el camino a los niños, herederos de los trabajos épicos de la humanidad!

Conduzcámoslos al porvenir, enseñándoles a apreciar el pasado, y estableceremos una corriente permanente de energía creadora entre las generaciones.

Enseñemos a los niños a respetar el trabajo, a tener compasión de los padecimientos soportados por los hombres durante el curso de la historia, a comprender sus extravíos y a perdonarlos.

Deseo a los participantes del Congreso el mejor ánimo y la fe en un feliz porvenir, en ese futuro por el que trabajamos cada uno en la medida de nuestras fuerzas y que asegurará a nuestros hijos una vida de dicha, felicidad y amor.

(Carta dirigida al III Congreso Internacional sobre la Educación en el Hogar. Bruselas.)

 

 

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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Una respuesta a La vida, ese cuento maravilloso

  1. Estoy completamente de acuerdo. El niño debe conocer el pasado, alabar los aciertos y quitar los errores. Así de este modo podremos conseguir un mundo mejor y más justo.

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