El libro, una odisea de la lectura

Isidoro Villator León

Surfeando por la lectura digital. Ilustración de Don Low

Surfeando por la lectura digital. Ilustración de Don Low

Un amigo me dice con el asombro de sus 65 años, lo maravilloso de los libros electrónicos, por lo fácil que es bajarlo de internet y, por lo accesible de leerlos en su celular.

Mi aventura de leer, dicho sea de paso, no ha sido ni mucho menos más digital; sino una odisea a través del libro: papel-tinta-objeto. Sin embargo, el camino de la lectura no se ha cerrado a la posibilidad de leer, en cierto momento, por la vía electrónica, digital; posibilidad en el libro- pantalla-señales digitales-imagen-sonido.

Así, a pesar que el acto de mis lecturas ha caminado por los senderos del papel, y poco menos por los caminos del papel electrónico, la idea va más allá del – book o el + ebook. Está, ciertamente, la lectura, el placer de ésta, pero sobre todo su didáctica. No la cuantía ni el formato del libro, más bien la experiencia de leer y sus posibilidades que ofrecen los textos, como por ejemplo, el de los placeres; pero reitero, nada más y nada menos que la enseñanza aprendizaje de saber leer.

El texto desde la perspectiva de la literatura que permite percibir, analizar y criticar el o los mensajes de una sociedad a la cual pertenecemos y somos integrantes fundamentales de ella, con una cultura súper industrial, cuyo ejemplo característico es el consumismo mercantilista.

El texto literario, que a partir de un cierto hermeneutismo de su lenguaje, nos lleva a revalorizar la elección de un deseo basado en un acto de voluntad. El texto desde la visión del goce estético, del placer de vivir experiencias de posibles mundos nuevos, diferentes, singulares a nuestros mundos cotidianos ya desgastados; el placer de seducción de las palabras, el placer de su encanto, el placer lúdico de las palabras. El texto de goce, el texto de placer. En este caso el libro, los libros. Porque en ellos está la praxis misma de la libertad del hombre que se manifiesta en todas sus posibilidades: el placer de conocernos a nosotros mismos sin obstáculo alguno, el placer de sentirnos vivos, el saber que la verdad de la palabra es la verdad más íntima de nuestra estructura ontológica.

El placer de satisfacer nuestros deseos por los caminos monosilábicos —como dijera el poeta Octavio Paz—, del Sí o del No. O bien como lo señala el semiólogo Roland Barthes, en su libro El placer del texto y lección inaugural: “el que contenta, colma, da euforia; proviene de la cultura, no rompe con ella y está ligado a una práctica confortable de la lectura. Texto de goce: el que pone en estado de pérdida, desacomoda (tal vez incluso hasta una forma de aburrimiento), hace vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector; la congruencia de sus gustos, de sus valores y de sus recuerdos, pone en crisis su relación con el lenguaje”.

El texto como experiencia magnificente que permite dar un sentido real a nuestras vidas, comunicándonos con lo desconocido y lo conocido: el ser. El texto literario como propuesta de creación, de recreación de la sociedad donde vivimos; como propuesta que de forma de arte a la libertad humana.

Cierto es que se ha estado planteando cada vez con más insistencia y, con cierto grado, el planteamiento del dilema entre -libros de papel, más libros electrónicos para fomentar la lectura- ¿Pero en realidad, el dar respuesta finalmente a este cuestionamiento, resolvería el problema del nivel raquítico de lectura de los mexicanos, cuyo porcentaje promedio mencionado por la revista Proceso, según la UNESCO en 2012, es tan sólo de 2.8 libros al año, mientras que en países europeos como España es de 7.5 libros al año y en Alemania de 12? ¿Resolvería el problema de los ciudadanos que no saben leer? El cuestionamiento o la afirmación del planteamiento, a lo cual hemos acudido aquí, me parece a mí menos importante, como discutir, por ejemplo, la elaboración de un proyecto integral de lectura, que contemple la enseñanza-aprendizaje de una didáctica de lectura; bajo la base del tipo de texto mencionado; así como del qué, el para qué y el cómo leer, sea a través del texto-papel-objeto o el texto electrónico; conociendo las ventajas y desventajas que ambos formatos puedan aportar.

Porque el texto para mí, sobre todo el literario, es una especie de propuesta didáctica a partir del cual la praxis de la libertad del hombre queda de manifiesto en todas las dimensiones posibles. Porque es (sin caer en ninguna postura absolutista) en los textos, la palabra del personaje, el modelo más acabado de enseñanza de la libertad humana.

Por ello es bueno plantearse preguntas relacionadas con el qué y cuáles textos abordar dentro del salón de clases, así como preguntas sobre el cómo leer estos textos. Porque en realidad los planteamientos que se han dado a lo largo de la enseñanza de la literatura han sido más que desafortunadas, debido al libre arbitrio educativo.

Propuesta didáctica dirigida a estudios de nivel superior, para responder a estas preguntas, en primer lugar, teniendo conocimiento acerca del alumno-lector, así como de su experiencia lectora, su motivación para la lectura, su competencia lingüística, o su situación social. Desgraciadamente no se ha podido resolver, por lo menos en México y ya no digamos en Tabasco, el problema del hábito de la lectura del que ya mencioné muy brevemente líneas arriba. Y, no es que parta de que estos asuntos de la lectura, en sí mismos, dependan tanto de las cuantías, pero, nuestra juventud poco sabe escribir y leer. Bien podría parafrasear un antiguo adagio popular: Dime si lees y te diré quién eres.

Muchas veces un intermediario como el profesor, poco contribuye a la enseñanza de la literatura; sabrá responder al qué y cuáles libros abordar en el salón de clases, pero, en el cómo, está el fracaso de su enseñanza. Una actitud donde tome el papel central en el aula, sin propiciar la acción de los alumnos, definitivamente el camino lleva al desinterés por la literatura. Una clase tediosa y aburrida. Algo así como un simulacro educativo inconsciente que desdichadamente muchas de las veces llevan a las instituciones y sus políticas a justificar la no-utilidad de la literatura.

Biblioteca digital. Ilustración de Óscar T. Pérez

Biblioteca digital. Ilustración de Óscar T. Pérez

Por otra parte, el texto literario como objeto de estudio y como praxis de la enseñanza de la literatura, implica una actividad propia del ser humano que está en constante acción, implica, una especie de círculo hermenéutico constituido por la tríada comprensión-explicación-comprensión, la cual nos acerca al nuestro conocimiento ontológico para educarse en / y la libertad. Un modelo de formación que va del “texto a la acción”; que va del texto a la libertad, de manera más consciente, más responsable.

Una didáctica pues, basada en la lectura del texto. Un modelo didáctico basado en el análisis de la recepción. En este caso, didáctica basada en la interacción que va del alumno (con todas sus experiencias socioculturales, su competencia lingüística, etcétera) al texto (con sus diversas polifonías de mundos posibles) y del texto al alumno, para posteriormente manifestarse como acción humana en lo que es el texto de la cotidianidad.

Relación social que se constituye, que es constituida por una de las funciones más importante de la sociedad; la comunicación. En este caso por una comunicación literaria que tiene su origen en la comunicación establecida en el mundo de la cotidianidad, entre hablante y oyente. Así, de manera sinonímica a la comunicación establecida con la realidad; texto-lector es igual a comunicación literaria.

Didáctica literaria basada en una alternativa en la cual el autor es sustituido por el texto, estableciéndose de esta manera una relación entre lector y texto. Especie de didáctica democrática, donde lo que importa es lo que le pasa al lector frente y delante del texto, en esa búsqueda de su libertad.

Así, el autor ha sido desplazado a un plano secundario (que no excluido); mientras el lector ha venido a ocupar el eje principal en la importancia del texto, el interés principal en el proceso de la lectura de un texto. Porque la dimensión de su recepción y efecto de éste último, no tiene ningún sentido sin la presencia del lector o de un grupo de lectores. Sólo el lector y nadie más que el lector para dar vida a cualquier texto literario, y, éste, al momento, transformar la realidad del lector por una realidad mejor. ¿Lo logrará el libro electrónico o seguirá intentando insistentemente la tradición del libro en papel? Sea cuales sean sus respuestas, lo importante y lo central, reitero, es la enseñanza aprendizaje de saber leer, por medio de una didáctica de lectura.

Referencias

Barthes, Roland. (1996). El placer del texto (12a. ed.). México: Siglo XXI.

Rall, Dietrich. (1993). En Busca del Texto (1a. ed.). México: UNAM.

Ricoeur, Paul. (2001). Del texto a la acción (1a. ed.). Argentina: CFE.

Villamil, Jenaro. (2013). Revista Proceso No.34. México:

Villator, Isidoro. (2010). Literatura, educación y libertad (1a. ed.). México: Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.

Tomado de Lectores en la era digital -book +ebooks.

Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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  1. Muy buenos comentarios.

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