Los cuatro elementos. Un acercamiento a la creación del álbum ilustrado

 Foto: Archivo CNL-INBA

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Judy Goldman

Las secciones de libros infantiles y juveniles en las librerías y bibliotecas resultan de lo más atractivas. Hay desde libros para bebés hasta para adolescentes. Pero los que más atrapan la vista son, sin duda, los álbumes ilustrados. Como sirenas, llaman a niños y adultos por igual. Claro que la mayoría de adolescentes ni siquiera los tocan, pues parece que les da vergüenza que los vean leyendo y disfrutando cuentos para “chiquitos”. Pero los padres tienen una muy buena excusa cuando dicen que los compran o sacan de las bibliotecas para compartirlos con sus hijos.
Se puede decir que el álbum necesita de cuatro elementos básicos para su creación. Los primeros tres son el texto, la ilustración y el soporte material, el libro en sí. Éstos se deben combinar adecuadamente para producir un libro que el niño querrá leer y observar vez tras vez.
¿Y el cuarto elemento? Es el lector, sin importar su edad, porque la lectura es un acto creativo, sea en silencio o en voz alta. La lectura es un momento de comunicación personal con el autor del libro y la historia que cuenta. Es tiempo para entrar en otro mundo y perderse en él, vivir a través de la imaginación algo que en la vida real no será posible. La lectura en voz alta, además, ocasiona un acercamiento profundo y afectivo entre quien lee y quien escucha. Si se hace de manera lúdica, divertida, emocionante, cambiando las voces y adentrándose en el cuento, se puede lograr, en la mayoría de los casos, que el niño se enamore de por vida de los libros y la lectura. Esto permitirá que el chiquillo, además de comprender la lectura sin problemas, lea con fluidez y tenga las armas para resistir contra los métodos de enseñanza de la lectura que se emplean en muchos colegios.

El texto

Los textos de los libros álbum raramente sobrepasan las dos mil palabras (habitualmente son más cortos) y, contrariamente a lo que piensa mucha gente, escribir e ilustrar un libro de este tipo es un reto nada fácil. El hecho de que el texto sea breve resulta engañador así como el trabajo de ilustrarlo.
Por lo general, estos libros son de 32 páginas (aunque algunos pueden ser de 40 o hasta 48) y, en ese espacio, se debe desarrollar un cuento completo con un inicio, un clímax y un final satisfactorio.
Como los textos de este tipo de libro son muy concisos, la gente cree que son fáciles de redactar. Nada más falso. Hay gente que piensa que son tan sencillos de escribir que servirán como práctica para hacerlo para adultos. Nada más equivocado…
Como sucede con la poesía, los textos de los álbumes son breves, claros, precisos, metafóricos, poéticos, preñados de sentido y usan las palabras exactas en el lugar apropiado. No deben ser aburridos, didácticos ni moralistas. Deben tener una idea sencilla (mas no simplona o tonta) y cada palabra debe contribuir a desarrollarla para que sea comprensible al nivel de experiencia del niño. También deben respetar su inteligencia. Su experiencia del mundo podrá ser limitada pero eso no quiere decir que sea tonto. Además, en esta etapa aprende más rápidamente que en cualquier otra edad.
Los libros deben atrapar la atención del lector desde el primer momento. Por ejemplo, el autor no se puede dar el lujo de emplear páginas enteras de descripción… para eso están las ilustraciones.

La ilustración

3547La ilustración es un elemento de suma importancia y el ilustrador es un aliado del autor, pues, antes que nada, está el texto. Aun los libros de pura ilustración tienen un texto implícito. La función del artista es iluminar, dar luz a las palabras y al cuento. Las ilustraciones ayudan a clarificar las palabras aunque van más allá, favorecen la creación de un ambiente. Además, dan detalles que, dada la brevedad de los textos, no se dicen en palabras.
El lector debe, a su vez, poder distinguir, por ejemplo, entre los elementos importantes y secundarios, estáticos y dinámicos, etcétera. Las ilustraciones contienen detalles que se integran a la ilustración de manera esencial, manteniendo un balance entre los elementos, sean sutiles o evidentes. En general, una ilustración no debe ser ambigua: debe ser clara y con contrastes que ayuden al lector a diferenciar entre los diversos elementos que la conforman.
Cabe resaltar que el ilustrador hace una interpretación personal del texto y lo cuenta a su manera. Hay, entonces, dos lecturas del libro: una es la que escribió el autor y la otra la que iluminó el artista. Pero el ilustrador debe empaparse en el texto para, como se dice coloquialmente, “no meter la pata”. En un caso como éste, el libro resulta poco creíble. El hecho de que los principales lectores sean niños no es motivo para menospreciarlos.

El soporte material: el libro

La forma del libro da un mensaje importante y crea un ambiente.
Al verlo, lo primero que salta a la vista es el tamaño, la forma y la escala, los cuales dependen uno del otro. En lo que se refiere a la escala del libro, su tamaño, por lo general un libro pequeño da un efecto de intimidad y uno más grande provoca una sensación de amplitud. Los libros para bebés tienden a ser chicos para que no tengan problemas para manipularlos y hay libros muy grandes que son estupendos en el salón de clases o en la biblioteca, cuando se comparten con un grupo de pequeños.
3785Generalmente, un libro rectangular vertical guía al ojo en una dirección perpendicular (de abajo hacia arriba), uno apaisado hace que el ojo recorra el libro de manera horizontal (y de izquierda a derecha) y el cuadrado sugiere un movimiento circular que hace que el ojo se dirija al centro. La tipografía y su tamaño también son elementos primordiales así como la técnica de ilustración empleada, sea acuarela, acrílico, collage, fotografía, grabado, papel recortado, lápiz, plastilina. Todo esto tiene que ver con el ambiente de la historia.
Cada cuento es diferente y requiere de una ilustración ad hoc. No es lo mismo ilustrar un libro de divulgación sobre murciélagos que un cuento de monstruos y no es lo mismo ilustrar un cuento para bebés que uno para niños mayores.
El material que se empleará (papel, encuadernación y portadas) está íntimamente ligado con el tipo de cuento. Hasta las guardas resultan de vital importancia. Por ejemplo, los libros para bebés generalmente son de cartón grueso y hasta de plástico y no es lo mismo un libro cosido a uno engrapado o a uno engargolado. El tipo y gramaje de papel también juegan un papel relevante.

El cuarto elemento

El cuarto elemento es, como dijimos antes, el contacto del adulto con el libro álbum y el pequeño receptor. No hay nada más divertido, reconfortante y precioso que compartir un libro con él o ella y darle alas a su imaginación. Basta ver sus caras de asombro al ver la ilustración de un dinosaurio o un escarabajo, oírlos carcajearse cuando oyen algo chusco o acurrucarse en el regazo cuando escuchan, vez tras vez tras vez, el cuento que los reconforta.
La lectura es un acto creativo. Tanto el lector como el niño crean un universo en común. Estos momentos son, y serán, básicos en la formación lectora de los pequeños y los lazos emocionales que se establecen entre ellos, los libros y la lectura, durarán por toda la vida.
¿Qué más se puede pedir?

Cortesía Revista Castálida. Instituto Mexiquense de cultura. Nº 40

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
Esta entrada fue publicada en Ensayo, Libro, Literatura infantil. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Los cuatro elementos. Un acercamiento a la creación del álbum ilustrado

  1. Comentarios excelentes como siempre, José. Gracias por compartir

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  2. Mil gracias , muy interesante María del Pilar

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  3. Telsix Pinedsa dijo:

    Muy bien profesor, lo felicito por sus ponencias en el Mariano Picón Salas

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