Vino, campanas y lágrimas de Navidad

 

Aquiles Nazoa

Aquiles Nazoa. Cortesía abrebrecha.com

Aquiles Nazoa. Cortesía abrebrecha.com

Melchor, Gaspar y Baltasar, cuyos nombres de humo vagan en Nochebuena por entre los sueños de todos los niños del mundo, vienen sobre sus viejos y lentos camellos por las azules sendas de Galilea. En la alta noche, desde el cielo, una estrella les va enseñando el camino de Belén. A Belén van los tres, que un ángel le ha anunciado el nacimiento del Niño Dios en un pesebre abandonado y ellos se apresuran a llevarle sus mejores presentes al enviado del cielo. A las puertas del pueblo hombres de rojas túnicas y barbas negrísimas miran curiosos el paso de los forasteros; el viento fresco lleva hasta ellos el rumor de las conversaciones y del agua presa en las cántaras de Samaria, que llevan al hombro las mujeres altas y bellas que a su paso los contemplan con larga mirada. Han llegado los reyes al pesebre; han llegado y de sus alforjas van sacando las ofrendas al Niño Jesús: oro que canta y brilla e incienso y mirra, que son como regalos de luz y de aromas. La mula y el buey, al lado del pesebre, del Nacimiento, son los mudos amigos del recién nacido. El vaho caliente que fluye de sus belfos entibia y perfuma a heno la atmósfera del pesebre, y son dulces sus miradas porque los animales del buen Dios hablan con los ojos y la mula y el buey están diciendo cosas del Santo Niño.

Como nubes sobre los campos han corrido los años desde aquella noche del Nacimiento de Jesús; pero los años, que son la única flor cierta de bondad del mundo, no han dejado que sea olvidada porque en el viejo pesebre de Belén nació el amigo mejor que los niños han tenido. Tan bueno era, dicen los viejos poetas, que cuando él vino, se trajo del cielo un puñado de golondrinas para que los niños sin juguetes aprendieran con ellas el lenguaje del aire. Y son las golondrinas que él trajo entonces y las campanas, volando unas y cantando las otras por los aires, las que nos anuncian la fecha clara del Nacimiento del Niño Dios, en las tardes olorosas a durazno de diciembre.

Jean-Babtiste Marie Pierre (1714-1789), francés

Jean-Babtiste Marie Pierre (1714-1789), francés

El Niño Jesús viene cada año, y sólo en sueños, de la pequeña casa de azúcar donde vive en los cielos. Los que le han visto cuentan que viene desde las heladas tierras del Polo Norte, montado en coche de cristal y plata, que al correr hace cantar cien campanitas de platino que llevan al cuello los ciervos que tiran de él. Desde el Polo viene el Niño entrando en todas las jugueterías para comprar juguetes que los niños de la tierra le han encargado. Los ricos han pedido bicicletas y cinematógrafos; los pobres, más considerados con el Niño, no quieren que éste gaste mucho y lo más que piden es un pequeño tren de cuerda y aunque sea de dos vagoncitos de hojalata. Como es tan grande el mundo y hay en él tantas casas escondidas y calles extraviadas, el Niño trae consigo ayudante para repartir los juguetes; con él viene el rozagante y bonachón San Nicolás, cuyo saco enorme va sobre su espalda repleto de fuegos artificiales, muñecas, pequeños automóviles y patines nuevecitos. San Nicolás es ya muy viejo, aunque fuerte todavía, y sus ojos no ven muy claro; por eso lleva siempre en la mano izquierda un lucero para alumbrar el camino:

Lucero grande en el Ávila,
ya viene San Nicolás!
Llévame, madre llévame
hasta Galipán.

Las casas se llenan de luz y a lo largo de las mesas de manteles blanquísimos, juguetean entre los panes dorados los reflejos encendidos del vino: pan y vino en las mesas, como en los tiempos que para siempre duermen en la Biblia, y dulces cantos corales para recibir la visita del Niño Jesús. Los niños duermen y esperan a la puerta de sus sueños la llegada del Niño Jesús. Los ricos han dejado sus cartas donde piden cinematógrafos y bicicletas dentro de los pulidos zapatos de doble suela; los pobres, que pidieron trencitos de hojalata, las dejaron debajo de la capellada rucia de las alpargatas. Y a los otros, más pobres que los pobres, no les traerá nada el Niño porque ni alpargatas rotas tenían para poner la cartica de pedido.

Esta noche es Noche Buena
porque Jesús va a nacé;
con mis muchachos sin cena,
¿Quién me va a hacé a mi creé
que esta noche es Noche
Buena?

Nazoa, A. y Sánchez, C. (2001). Viaje de poesía y color por a navidad. Caracas: Epsilon Libros

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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Una respuesta a Vino, campanas y lágrimas de Navidad

  1. Maria Acevedo dijo:

    Hermoso relato. Ahora resulta que la celebración del Nacimiento es cosa pagana. Creo que soy pagana porque aunque no tengo dinero para nada (las cosas no están fáciles en esta Isla) saco los adornos viejos y celebro con mi árbol de $10.00. Excelente relato. Feliz Navidad.

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