Una espiga que irradia desde Carabobo

José Gregorio González Márquez

Foto Moisés Sayet

Foto Moisés Sayet

A cien años del natalicio de César Rengifo, su trabajo creativo fluye por los caminos de la existencia rememorando la historia venezolana y latinoamericana como homenaje póstumo del autor a la patria grande soñada por Simón Bolívar. Rengifo, hombre de pasiones sociales, evoca la historia desde personajes anónimos para recrear las vicisitudes de quienes por siglos permanecieron invisibilizados por el poder terrenal y que jamás fueron considerados sujetos de derecho. El compromiso social asumido en su pintura, en su poesía, en sus obras de teatro y en su trabajo como comunicador social, no tiene parangón en nuestro país.
Hombre fiel a sus principios comunistas, de actuación intachable pero sobre todo, entregado a su trabajo creativo, legó innumerables obras cargadas del drama humano que concatenan las diversas épocas históricas del país. Drama que sintetiza las relaciones de poder y la ubicuidad del destino que acecha al ser humano. El sino visto como una imposición de las clases sociales dominantes sobre los comunes terrenales que nacen bajo el desamparo de las improntas sociales. César Rengifo usa el teatro tanto como su pintura, para denunciar los abyectos tratos que reciben hombres y mujeres de la patria. Sustenta su pensamiento desde la humanidad, desde lo sutil de las tramas que se tejen alrededor de la existencia.
Para Rengifo el teatro es vínculo entre la legitimidad ética del derecho a existir que tiene el ciudadano y el trato que recibe de sus pares. La expresión social, la supervivencia en una sociedad clasista, depredadora y mimetizada en relaciones de aparente igualdad son determinadas en la obra de César y denunciada desde sus diálogos. En su artículo Vida, Teatro y Sociedad apunta que: “La simulación y la transformación han sido y son una constante en la vida social, todo en ella está revestido de teatralidad que va desde las vestimentas que confieren jerarquías y dignidades hasta la moda misma. Puede afirmarse que lo teatral rige toda convivencia humana de todas las sociedades y va ensamblado a las necesidades expresivas del hombre; esto lo comprobamos al observar la tendencia de los niños a expresarse y comunicarse teatralmente mediante el gesto y la palabra en acción coordinada. Algunos clásicos de la escena se han referido al gran escenario social. Al gran teatro que es el mundo de los hombres. Efectivamente, el conjunto de reglas sociales para una mejor convivencia, los protocolos, las ceremonias, las formas de prácticas religiosas y eclesiásticas, políticas y profesionales ponen de manifiesto la verdad de esas apreciaciones”
El texto para teatro imbrica cada una de las necesidades humanas. Así Rengifo intenta representar la sociedad venezolana en su vaivén histórico; los cambios que rigen los grandes hitos y las posibilidades que refieren a los elementos socioculturales que imponen las élites a los desposeídos. Un país que vive en la penumbra, a la sombra de las decisiones de unos pocos, a veces difuminado por la sustracción de la identidad y el discernimiento entre el arraigo y sacralización de quienes explotan a los humildes. En su ensayo La dramaturgia y la crítica como testimonio histórico y reflexión estética señala que: “Difícilmente puede existir un hecho teatral que deje de ser testificación. Desde Esquilo hasta Brecht la obra dramática ha certificado, tenaz y cuidadosamente, la historia del hombre y de sus sociedades; atestación constante y severa, la cual nos proporciona la imagen unificada del hombre, su compleja y contradictoria unidad, en la cual se manifiesta su humanística condición a la que ya Terencio aludió al hacer decir a uno de sus personajes: “Nada de lo humano me es ajeno”.
El tiempo histórico, desde el periodo indígena hasta la era petrolera, confluyen en la obra de César Rengifo. La temática de su trabajo abarca más de quinientos años de historia. Sumido en realidades sociales disímiles, logra la “reconstrucción del proceso histórico, en una visión dinámica donde la historia aparece ahora constituida por las manos anónimas de los sectores populares, verdaderos artífices de la edificación histórica.” de acuerdo a lo expresado por el estudioso Orlando Rodríguez. El pasado, revisado por el poeta y dramaturgo, que permite sentar las bases de la venezolanidad.
Esa espiga sembrada en Carabobo.

 “Autorretrato” (1974). Sus dimensiones son 40 x 25, óleo sobre tela.

“Autorretrato” (1974). Sus dimensiones son 40 x 25, óleo sobre tela.

Esa espiga sembrada en Carabobo es una cantata teatral cuyo leitmotiv es el ejercicio de la libertad. Concebida desde el referente histórico de la Batalla de Carabobo, puede considerarse como el canto lírico donde se encuentran los diversos movimientos independentistas que se dieron en Venezuela a lo largo de su historia colonial. El entierro de un soldado el 25 de junio de 1821 sirve como punto de partida para reunir en un mismo poema las presencias de Guaicaipuro, Tiuna, Apacuana; Cuaricurián, Cuauhtémoc, Lautaro y Tupac Amaru, así como de Negro Miguel, José Leonardo Chirino y Pedro Camejo, junto a Gual, España y Miranda, aglutinadas en torno a la espada de Bolívar. Hombres y mujeres que sacrificaron sus vidas por la libertad despiertan para rememorar sus batallas, sus andanzas, sus sentimientos libertarios. Crisol de poesía social: blancos, negros, indios y mestizos reaparecen en escena con sus historias a cuestas. Luchas intestinas que se sellan en Carabobo y que forjarán la identidad de Venezuela.
La obra puede considerarse un poema pues la carga metafórica es grande. Un canto a la vigilia perenne que premia a las generaciones posteriores a la guerra de independencia; un poema que relata los orígenes de la venezolanidad y la herencia inigualable dejada por nuestros libertadores. Carabobo campo donde se selló la emancipación definitiva del país; territorio que marca el compás histórico y en el que fallecen cientos de hombres luchando por sus ideales. Farriar, Cedeño, Plaza, expresándose desde un personaje de la obra:
¡Muertos fuimos ayer cuando emergió la patria!
¡También es de nosotros el funeral que ahora este lugar contempla!
¡Sus huesos son los nuestros!
Sangre derramada no solo por oficiales que la historia recuerda sino también por hombres que permanecen incógnitos para los textos. Hombres comunes que dejaron esposas, madres, hijos para sacrificarse por la patria.
Lo conocí, lo conocíamos. Pedro Juan se llamaba. Él nada poseía… Sólo sus manos limpias…Diálogo abierto a las manifestaciones de dolor pero también de orgullo por el ser que lucha y defiende su pensamiento.
Lectura poética que hace de la muerte y la vida un oficial ya fallecido en combate. Oficial I como lo denomina Rengifo pero que no es otro que el Coronel Thomas Ildeston Farriar:
¡Y por su sueño supo morir cuando la muerte cruzó por el camino del sol que procuraba!
Y la mujer del pueblo pregunta
¿Y ese sueño cuál fue?
Y un viejo que está en escena repregunta:
¿Tiene un nombre su sueño?
Entonces Farriar les responde:
¡Un nombre hermoso tiene!
Y los soldados responden al unísono:
¡Venezuela se llama!
A partir de la escena del funeral de un soldado desconocido, de un soldado del pueblo, se entreteje una atmósfera con visos de onirismo donde se van sucediendo las apariciones de diversos personajes históricos que proclaman desde sus alegorías el derecho de los pueblos a ser libres a ejercer la autodeterminación. Carabobo campo de batalla, lumbre que permanece en la memoria colectiva para garantizar la herencia libertaria.
El epígrafe que abre Esa espiga sembrada en Carabobo sintetiza de alguna manera, el texto concebido por Rengifo. Un día prendió el pueblo su fósforo cautivo, oró de cólera, tomado del Himno a los voluntarios de la República que César Vallejo escribió para los milicianos que defendían entonces la República Española. Aparentes contradicciones de la historia en 1821 Bolívar y sus huestes batallando contra la monarquía, en 1971 en el Sesquicentenario de la Batalla de Carabobo César Rengifo escribiendo una cantata para celebrar la Independencia con un epígrafe que aúpa a los españoles a defender su república. Vueltas y revueltas de la vida. Fuego que nació en Venezuela e irradió por todo el continente americano hasta sembrar de libertad y la esperanza todos los rincones de América. Texto poético que se confabula contra la historia oficial y defenestra los que obvian la participación integra del pueblo en la gesta independentista.
Simón Bolívar, figura visible, Libertador no solo de Venezuela sino de la patria grande, encarna el pensamiento de siglos. Sus proezas son las mismas de Guaicaipuro, Cuauhtémoc, Lautaro y tantos otros que se inmolaron por defender los derechos indígenas. Personajes estos que cantan a Bolívar y disponen sus corazones para reafirmar que la libertad de los pueblos se sostiene como un badajo en la campana de la universalidad. Canta Guaicaipuro:
¡Bolívar! ¡Con tu sangre soñaste mis batallas allá junto al Anauco!
¡Pensaste en mis heridas!
¡En mis pies, en mis brazos!
¡Y me invocaste cuando tus rumbos escogías!
¡Te he acompañado ya por ardidos senderos!
¡Y he ido entre tus pasos de guerrero del brío!
Por eso: ¡Escucha bien: tenían que acudir a esta cita del tiempo: mi pecho, mi macana… mi hoguera, mi tormento!
Cita en el tiempo. Reunión donde héroes y Mártires sufragan con los embates de la vida, el precio a pagar por derrotar los designios impuestos por la monarquía española. Pero también, legar a las nuevas generaciones la potestad de luchar contra la alienación y defender el derecho a ser libres, a poseer una identidad y auspiciar la solidaridad erradicando así, la segmentación social que tanto daño hace a los pueblos.
Finalmente, aparece en la obra un niño que representa el futuro de la patria. El niño pregunta por Carabobo, qué significa ese nombre y el personaje que corresponde al Oficial II (General Manuel Cedeño) le responde:
¡Quiere decir, muchacho, que tendrás un pan tuyo! Y un cielo siempre tuyo. ¡Propias serán tus manos y tu voz y tu gesto! ¡Y propias tierras ayer recién nacidas! ¡Tuya será la luz de sus piedras remotas! ¡Tuya el agua violenta de sus violentos mares! ¡El grito de su selva! Luego el general Ambrosio Plaza que encarna al oficial III cierra el diálogo afirmando: ¡Una patria tendrás, muchacho! ¡Y será tuya…! ¡Si guardas en el pecho la luz de Carabobo y el rayo de Bolívar!.
Poesía, poema, Muerte, vida, proeza, arrojo, valentía palabras para nombrar la libertad.
Referencias Bibliográficas
Rengifo, C. (2012). Esa espiga sembrada en Carabobo. Caracas: Fondo Editorial Fundarte.
Rengifo, C. (2015). Teatro y Sociedad. Caracas; Biblioteca Ayacucho.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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