Poesía para niños, el sueño habitado

Angela Gentile

Princesa lectora. Ilustración de Erithe

Princesa lectora. Ilustración de Erithe

Escribir para niños es un desafío permanente, cambian los paradigmas, los lenguajes, los símbolos y los códigos.
Nos preguntamos cómo debe ser un poeta para niños y no hay fórmulas establecidas; pero se intuye que el mismo debería escribir como si realizara un viaje por su alma, con exigencias, autenticidad y transitar entre lo ficcional y lo habitado.
El encuentro entre lector-oyente se fortalece a temprana edad, en lo bello y en el ritmo; porque en la musicalidad se completa la parte lúdica del lenguaje y hace que ese “lector latente” se inicie como tal, al relacionar su universo simbólico, al misterio creativo y a la calidad estética de manera natural; porque no debemos olvidar que todo niño es un captor polifónico de lo oral y de lo escrito.
La poesía debe luchar con un entorno social que generalmente no la cultiva y es éste uno de los puntos claves para no incorporarla tempranamente. Muchos factores confluyen al intentar educar el gusto poético, desde aprender a que no todo verso rimado es poesía, hasta descubrir que el ritmo es la iluminación del poema.
Los niños seleccionan, aceptan, buscan, evalúan, manifiestan y reciben; por lo cual el lenguaje poético debe mantener su autenticidad para permitir su recepción, lograr edificar el significado y construir su propia arquitectura como lector. Esa construcción llevó años y se inicia en el momento en el cual se considera la figura del niño como objetivo de una literatura; pero aún, más en el destinatario de una poesía, casi no existe, es velado como en el caso de Ilíada cuando mencionan a Astianax, temeroso ante la figura de su padre Héctor; a pesar que en ese mundo, los espartanos, instruían a los niños a partir de los siete años tanto en el arte de la guerra como en la poesía. Los latinos arrullaban a sus hijos cantándoles canciones de cuna, un mundo poético influenciado por la voz más vinculante y cercana.
Desde la Antigüedad se ha sumado el interés y no ha decaído en los siglos. Pensemos en Argentina entre los años 1880 y 1910, aparece una poesía de corte didascálico; luego ya en los albores del siglo XX, se predispone a elaborar el perfil patriótico pues ya la escolaridad había aumentado de modo considerable y era necesario incorporar la historia.
En esos intentos de construcción de un lenguaje poético, se perfila lo hispanoamericano como tradición, se suma la métrica breve, la melodía y el uso de la rima mayormente consonante.
Es entonces en este lugar del sur de América que comenzaron a interesarse por la poesía infantil: docentes, ensayistas y poetas; entre los cuales Germán Berdiales es uno de los precursores, Fryda Schultz de Mantovani que da un paso más y edita la revista “Mundo infantil”.

No quiero devolver el libro a la Biblioteca! Es mío! Ilustración de George Doutsiopoulos

No quiero devolver el libro a la Biblioteca! Es mío! Ilustración de George Doutsiopoulos

Berdiales reúne poesía y sociedad cuando sin mencionar el país que describe, plantea el concepto de pobreza, asociada al trabajo y apela a la musicalidad de ciertas estrofas para remarcarlo: “(…) mucho que lavar/mucho que planchar/mucho que zurcir (…)”.
Enrique Banchs, reúne se aproxima más a lo inmediato y aparecen animales, en intertextualidad con otros géneros: “Gato embotado viene y va/con una mano en la cintura/con el sombrero/ de mosquetero/(…)”
Rafael Alberto Arrieta se pronuncia con versos dedicados a los menesteres más pastoriles pero sin evitar la cruel realidad a la que se enfrenta el niño de esos tiempos: “Trisca, el cabritillo/por el prado en flor/ (oigo tu cuchillo, / sacrificador)/¡Corre,trepa, escapa/que llega y te atrapa(…)”
Fryda Schultz de Mantovani descubre el universo y hace que los niños entren en contacto con ese cosmos utópico “Se cayó la luna, /se cayó en la harina, /álzala despacio/ con tu mano limpia (…)”.
Otra poeta Emma de Cartosio activa el mundo de los juguetes en su poesía:” (…) al oso celeste/se le cayó una oreja,/ ya no puede oír/sus propias quejas(…)”
Otros autores dentro del arco de finales de siglo XIX e inicios del XX, se acercaron en algún momento de su obra a la poesía para niños, sin minimizarla. Entre ellos contamos con Luis Franco, Raúl Galán, Rafael Jijena Sánchez, Ricardo Molinari, Conrado Nalé Roxlo, Alfonsina Storni, José Sebastián Tallón, Javier Villafañe entre otros.
El siglo XX avanza y aparece la figura de María Elena Walsh quien revoluciona la palabra y hace entrar en crisis el olvido e incorpora el absurdo, fractura el lenguaje y musicaliza parte de su producción; de ese modo el mundo repite estrofas, proyectándola en las generaciones. Walsh vuelve universal lo cotidiano, va por los senderos originales y formula nuevos “limericks” como lo hiciera Edgard Lear en otro siglo. Elsa Bonermann está en el historial de aquellos que jugaron entre el mundo real y el imaginario con imágenes deslumbrantes que formaron el gusto estético de una década. María Cristina Ramos continua ese sendero ya iniciado por los poetas antes mencionados; encontrando que en su camino la rima es importante, la métrica, y la selección del vocabulario son fundamentales, para jerarquizar el arte de la poesía infantil.
Sin duda la poesía infantil es un camino que ilumina, permite la libertad y se vuelve única en cada lector.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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4 respuestas a Poesía para niños, el sueño habitado

  1. Zunilda Borsani dijo:

    Comparto plenamente con Ángela Gentile sobre la poesía para niños y también considero para jóvenes. La poesía es el arte de la palabra, la estética, la belleza que logra deslumbrar muchas veces a esos lectores ávidos de textos ricos en música y ritmo. Lamentablemente no se les brinda poesía a los niños y niñas, considero que debiera ser parte del comienzo del desarrollo del infante más allá de las canciones de cuna. Soy gran defensora de la poesía para niños. Por supuesto realizada o creada con seriedad y respeto. Admiro profundamente a María Elena Walsh, vanguardista de la poesía que nos transmitió con mucho acierto a los niños y niñas y a nosotros, los adultos. Yo compartí con mis hijas pequeñas sus canciones, como también poemas de Antonio Machado, García Lorca, Juana de Ibarbouru y Gabriela Mistral. Ojalá que la poesía para niños y niñas vuelva a poblar el mundo de la infancia.

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  2. Anne dijo:

    Hola. ¿Alguien sabe cómo se llama el poema citado de Emma de Cartosio? Lo busqué por todos lados y no encuentro ninguno que se parezca a esos versos.

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  3. myalborada dijo:

    Excelente…!!!

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  4. Pingback: Poesía para niños, el sueño habitado – Editorial del Arbol

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