Julio Bolívar comparte su corazón

José Pulido

Roger De La Fresnaye - pintura - 1920

Roger De La Fresnaye . El poeta. 1920

Leer poesía es un asunto misterioso y placentero. La poesía se diferencia de todos los demás gustos porque ella dicta el modo de querer, de anhelar, de necesitar o de vencer el tiempo. Es misterioso porque se intuye lo que no se comprende y se compara con los sueños lo que no se retiene. Visitar cada verso es placentero porque la poesía juega con el lector, lo transforma en niño y asume la forma vegetal de un parque, cuyo corazón puede definirse en la palabra columpio.

En estos días leí un poemario de Julio Bolívar que me sacudió las instancias del pensar y esa sensación era como un remolino que sólo me abandonó en la madrugada dando vueltas de acorralado en el patio donde me dedico a soñar. Pensé “tanto que me desvelo levantándome de madrugada a escribir y este barquisimetano ha logrado el libro que yo quería para mí”. Los barquisimetanos siempre me han sacado ventaja en todo. No sé por qué tengo tantos amigos de Barquisimeto.

 

El asunto de la poesía es una angustia en la sangre, es una alegría complicada.

Te quieres levantar por encima de ti mismo, con un rezo de palabras salido de las profundas oscuridades, donde el miedo a la verdad lanza dentelladas y es al mismo tiempo lo que ilumina y revela.

“Una lenta herida/ Se abre en mi cuerpo/ Un trazado que revela el mapa/ Incoherente de mis afectos/ Un grabado exacto de mis fijaciones/ Una claridad que no poseía/ Cuando ésta herida/ Comenzó a escribirse./”

Quieres rehacer tu relación con la vida, con el tiempo, con lo que ha ocurrido y con lo que ocurre, pero sólo consigues dejar una señal que podría no borrarse, una frase que podría quedar flotando para cuando los hombres ya no tengan lenguaje y puedan aferrarse a unos signos cargados de alma.

De la poesía podrían acumularse millones de ideas más, todas ellas incomprensibles y hermosas. Por eso es tarea más fácil y cómoda hablar de los poetas. Julio Bolívar con su poemario ha hecho que me sienta pensativo y sin poder expresar con certeza lo que desearía comunicar.

Esa voluntad reposada y serena, debería multiplicarse y volverse multitud. Eso es lo que pienso cada vez que me asocio en conversaciones con Julio Bolívar. Julio tiene el poder de analizarlo todo con paciencia de monje tibetano, aunque sus pasiones son caballos de carrera que han encontrado el campo donde pastar y donde correr, sin que medien las apuestas prosaicas de los hombres.

La poesía en Julio Bolívar es una reflexión que logra conclusiones armoniosas y perfectas, pero también desestabiliza y hace perder el equilibrio con sus saltos cualitativos, con sus descubrimientos. Su gramática se transforma en puñal y cada palabra hace que la sangre fluya.

“En la cuerda/ antes de la batalla/ los gallos jamás se miran./ Si entre las maderas/ vive una rendija indiscreta/ el rayo oscuro del odio/atravesará sus jaulas.”/

Es de una belleza seria, como todo lo que los gallos de pelea hacen y tocan. Julio Bolívar podría ser expresado justamente en lo que dijo Eugenio Montejo sobre la poesía:

“Yo creo que la poesía fundamentalmente es canto, en el sentido profundo de la palabra. No canto exterior ni orquesta que se lleve las palabras por delante. La poesía es una relación entre el silencio y la significación, una relación que canta”.

He leído y sigo leyendo el poemario de Julio Bolívar titulado Corazones de paso. Y creo que es uno de esos libros que uno continuará leyendo cada año como una costumbre que jamás deja de sorprenderte y que por lo tanto no es propiamente una costumbre, porque contiene la cualidad del asombro perenne.

Cuando Europa era joven y sus caminos eran de tierra o de piedras adoquinadas por los imperios, el gallo portaba la responsabilidad de ser un animal solar. Su canto no sólo decía “salió el sol”. También espantaba a los demonios que llenaban las noches de miedos y de toses. A causa de su maravillosa significación, el gallo sufría porque los brujos y las brujas lo sacrificaban en oscuros rituales.

El gallo de Julio contiene a todos los gallos, incluyendo al gallo que Sócrates le debía a Esculapio.

Después de quedarte prisionero leyendo lo que escribió sobre los gallos de pelea, te encuentras con poemas como “Pájaros de hotel”, que dice así: /Si volabas sin cristales en el cielo/ ¿Por qué tu alma teme al ventanal?/ Tu voz, tu ira se transforman en hielo/ de estas columnas pardas, de aquel sueño./ Piensas en tu vida, no en el umbral. / Cada mañana aprendes de la invasión ajena, /del viajero sin alas, inexplicable./ Siempre la insistencia del chirriar de un pájaro. /

¿Cómo se puede permanecer igual después de haber leído algo así? Sólo siendo viejo, como uno es, porque ya hay poco para cambiar. Sin embargo leyendo la poesía de Julio Bolívar uno siente que él crea belleza con la sabiduría de sus palabras y con la música que lo ha poseído. Y eso influye directamente en toda la emoción que se levanta como una tormenta perfecta y cae envolviendo a cualquier lector. Cae con poderosa fuerza y te lleva de viaje o te hace naufragar.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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