La literatura en el vínculo de adultos mayores, niños y jóvenes: ¿La incertidumbre necesaria?

Laura Antillano

 lauraMi hijo Sergio, cuando era muy pequeño y comenzaba su observación al mundo que lo rodeaba, manifestaba un sincero temor a los ancianos, a los pocos en su entorno, y recuerdo una ocasión en la que, lleno de asombro pero muy discretamente me dijo, señalándome a una viejecita:-Ella, ¿nació así?

Esta circunstancia, el enorme posible distanciamiento que existe entre los seres humanos en el proceso mismo de los cambios, producidos por una anatomía que degenera y transforma a través del tiempo, es el principio de lo que queremos decir con relación al tema de nuestra ponencia.

La escritora Simone de Beauvoir publicó hace varias décadas un exhaustivo estudio titulado justamente: La vejez (1970) en el que revisa muy detalladamente los síntomas físicos del envejecimiento, y también los mecanismos que las distintas sociedades y civilizaciones, han inventado para señalar al humano que envejece un lugar en el contexto general, donde constantemente la marginación, el desalojo y la estigmatización, son las actitudes más notables. A través de la historia de las civilizaciones los adultos mayores pasan o a ser considerados poseedores de un saber que debe respetarse o/a ser desechados por no considerarse entes productivos. La fluctuación entre estos conceptos produce una actitud discriminatoria, plausible en nuestra cotidianidad.

Una relectura reciente de un clásico nuestro, (de hecho en edades distintas nuestras lecturas cambian su perspectiva con los mismos libros), nos encontramos pues, con Teresa de la Parra, en la brillantez de su lúcida mirada sobre el mundo, con la escritura de Memorias de Mamá Blanca, en ella nos coloca dos personajes femeninos en interrelación protagónica, una es una mujer anciana que vive sola, otra es una niña del vecindario que tiene curiosidad sobre la primera. Se acercan poco a poco, sin que medie un vínculo de sangre, la niñita se convierte en la mejor amiga de esa vecina vista como diferente, por el entorno. Y la mayor, en la medida en que ve crecer a la niña, le promete unos manuscritos: “Mamá Blanca se fue dulcemente camino de aquel cielo que durante la vida había tenido el buen cuidado de arreglar a su gusto, ¡tan propicio a la íntima alegría! Ya dormida sus labios entreabiertos por una inmóvil sonrisa, cantaban a lo lejos en el coro de los bienaventurados.

Cuando el ataúd, ligero y florido como su espíritu, pasó sin dificultad por la puerta del zaguán, el ángulo final que se ofreció a la vista pareció exclamar desde la altura dirigiéndose a todos los de adentro:-“¡Adiós, hasta después y dispensen la molestia!” (…) me apresuré a reclamar cierto manuscrito misterioso que se hallaba dentro de su armario y en el cual, durante su vida y sus ratos perdidos, solía trabajar clandestinamente (…) me había dicho repetidas veces:-Ya sabes, esto es para ti. Dedicado a mis hijos y nietos, presiento que de heredarlo sonreirían con ternura, diciendo:-“¡Son cosas de Mamá Blanca!” y ni siquiera lo hojearían. Escrito pues, para ellos, te lo legaré a ti” (pág.12, 13). La conciencia de la mujer adulta, ya en su senectud, que se sabe ignorada, tratada a menos, y siente que la verdadera destinataria debe ser esta alma, parecida a la suya, que la ha acompañado.

Graciela Montes nos explica el vínculo entre los niños, la abuela y el bosque, jugando a:-Juguemos en el bosque, mientras el lobo no está ¿Lobo está?-,-No, se está poniendo los pantalones-, y la seducción que ejerce ese miedo de salto en el estómago, pero que parte del final de las certezas y la cercanía del abismo. Para Montes: “Nuestra sociedad (…) no nos educa para la incertidumbre. Todo lo contrario, el énfasis se pone siempre en las certezas. La incertidumbre y también el conflicto, por lo general se ocultan. Se podría decir que hay un “olvido del bosque”. O un excesivo amor por las salas muy iluminadas, los carteles indicadores y las agendas. (…) Una necesidad de control que supone la supresión de todo lo ingobernable (por ejemplo la muerte, el cuerpo, el tiempo y sus mudanzas, lo irracional, lo diferente)”. (Montes, 2001, p.93).el-nudo-del-diablo-eloi-yague-paperback-cover-art

Tenemos el relato de Eloi Yague “El nudo del diablo”, como un claro ejemplo de esta circunstancia. La abuela hace un nudo en un trapo, cada vez que algo se pierde, y lo llama precisamente: el nudo del diablo, y el niño narrador nos dice: “No recuerdo una sola vez que el encantamiento haya fallado. Sólo esto me bastaba para considerarla, si no maga, al menos una persona dotada de poderes poco comunes, que se manifestaban en esa inusual relación con su majestad luciferina. Y en la casa ella era la única que podía hacerlo: las veces que mi madre, mi tía y yo mismo quisimos repetir el ritual, el sortilegio no dio resultado” (Yagüe, 2006, p.11).

Esa presencia de la abuela, la anciana, es un símbolo de afirmación para el niño de la existencia de la incertidumbre. La vejez, la muerte, la oscuridad son parte del camino. Como señala Montes: “La literatura, -el arte en general-ha estado siempre del lado de la diversidad. Ha cumplido su papel en esa exploración de los bordes del enigma, construyendo pequeños universos de sentido. No se ocupó de señalar certezas, sino que más bien jugó con la incertidumbre. (…)La literatura para niños siempre se ocupó de ese papel, siempre que se atuvo a las reglas del arte” (Montes, 2001,97).

Los abuelos, esos adultos mayores, con frecuencia ignorados por los padres, son el encanto de los niños, porque sus fines coinciden, o su falta de fines, en una sociedad donde el mercado define los puntos que realzan o desplazan a los seres humanos, entonces los abuelos hacen revelaciones que son verdaderos descubrimientos para los nietos.

Giondelys Montilla escribe una compilación de hermosos poemas alrededor del tema de la celebración a los abuelos, cercanía a un lugar íntimo, único y especial. “en las noches negras y frías/cuentos de espantos y aparecios/ atole de maíz tostao o chocolate caliente/con pan aliñao del horno de Pancho/ y nos refugiamos en los brazos de los abuelos/ para dormirnos con el susurro del río/” (Casa de mis abuelos, Montilla,2004, p.29).

Irene Vasco de Colombia, en su misteriosa novela “Las sombras de la escalera”(2004),una historia de fantasmas, relatada por el niño protagonista, quien al referirse a la abuela nos cuenta: “Es que la abuela se pasa casi toda la vida arreglando las matas de arriba y las matas de abajo.(…)Ella las cuida como si fueran sus hijas.(…)La abuela les habla, les echa agua, remueve la tierra con una pala muy chiquita y hasta les canta, aunque lo niegue. Una vez la sorprendí cantándoles nanas y arrullos en voz muy baja. ” (Vasco, p.18).

Mientras nuestra contemporaneidad occidental insiste en la persistencia de la eterna juventud y la provoca desesperadamente a través de estrategias quirúrgicas, insistiendo en el cuerpo y desechando el mundo interior, la literatura pone al descubierto ese lugar donde los mayores, revelan a los niños la verdad de aquello, que otros adultos disfrazan.

Las golondrinas con como el mar,  Enrique Pérez DíazEse espacio del abuelo que tiene el tiempo y la disposición a estar con el niño y compartir palabra, caricia y comentario, que anida, pero que anuncia el reto de lo que no sabemos, el misterio, la incertidumbre campal, está en “Las golondrinas son como el mar” (2003), de Enrique Pérez Díaz, que cuenta la historia de un niño que sufre la soledad interior más tortuosa, frente a la separación de los padres. Bello texto, alimentado de un sostenido tono poético. Está muy viejo pero nunca se ve triste. Siempre anda haciendo cuentos de antes. Relata tantas cosas que, a veces, Adán no da crédito a sus historias. Es imposible que una misma persona haya vivido tantas aventuras en una sola vida.

-Si no me crees no te cuento más,- le dice alegre al nieto aunque fingiendo un enojo que dista mucho de sentir-, mira que tomarme por mentiroso…

Adán sonríe pícaramente. Ya sabe por qué camino llevar al abuelo.

-Dime, y ¿te acuerdas de cuando papá conoció a mamá?

(…)Allí donde él trabajaba se encontraron y enseguida le echó el ojo a tu mamá.

(…)¿Se casaron enseguida, no, abuelo?

-Muy pronto, demasiado pronto. De novios no hay problemas pero ya el matrimonio es diferente.

-¿Por qué?

-No basta con que dos personas se quieran, Adán. Los que vivan con ellos deben ayudarlos a quererse un poco más.” (Pérez Díaz, 2003, p.28).

Estos vínculos especiales entre abuelos y nietos ponen de manifiesto el cauce del río que los une, desde su circunstancia social que les separa del grupo humano cuyas relaciones son regidas por mecanismos de producción, de oferta y demanda. Entre estos abuelos y nietos circula una absoluta necesidad de comprenderse y amarse, desde el espacio mismo de sus puntos de encuentro.

En “Los lentes de las abuelitas” (2007) de la escritora ecuatoriana Leonor Bravo, la escritora introduce un elemento ficticio para regalar una travesura al lector: las niñas descubren que las abuelitas cuando se reúnen se pueden intercambiar los lentes entre ellas y les sirven igual a todas, sin ningún problema, entonces las niñas entre ellas descubren que no les funciona hacer lo mismo y deciden cambiar sus lentes con los de las abuelitas. Ocurre lo inesperado. Cuando las niñas se ponen los lentes de abuelas se les “pone caliente el corazón y les dan ganas de querer a todo el mundo”, mientras que las abuelitas con lentes de niñas: hacen travesuras, ganan en audacia, ignoran las normas sociales y estallan en risotadas y dan brincos. La autora intenta así establecer un paradigma, que como síntesis defina la noción de abuela, por un lado y la de niña por otro.

Cándida(2008) es el título de un libro de Elvia Silvera, que cuenta la relación entre la abuela Edecia y su nieta, cuando pasan juntas las vacaciones de la muchacha, y esta abuela bromista en extremo, con invenciones llenas de picardía, acompaña a la nieta en el descubrimiento de lo amoroso, al filo de su adolescencia.

Martin A. La ReginaAntonio Skarmeta, chileno, publicó en su primer libro: “Tiro libre”, un cuento titulado “Pescado”, de las mejores páginas de este escritor. Cuenta la situación de una pareja de ancianos, que viven con su hijo, la nuera y el nieto, lo que les trae algunos sinsabores, sumado el hecho de ser emigrantes (croatas), una mañana se produce un conflicto entre nuera y abuela y ésta decide irse. El nieto los sigue y es la voz del relato: el abuelo en la silla de ruedas, y la abuela empujándolo. Solos por esas calles, sin objetivo, cansados y hambrientos, al final de la tarde, hacen lo único que les queda: regresar a casa. Y ella, compra un pescado, lo que ayuda tácitamente a la reconciliación, con nuera y suegra cocinando. (Skarmeta atribuye a este cuento su reconocimiento como croata, por lo cual casi todas sus novelas están ahora traducidas a esa lengua, y en entrevistas habla de sus nonos Cosme y Elena, protagonistas de este cuento).

Rosario Anzola, venezolana, en su libro “Dos cuentos para la libertad” (2008), incluye “Te regalo una pluma”. En este cuento una familia recurre a la asistencia de una tía-abuela para lograr que uno de los niños no pierda el año escolar, dado que tiene problemas de atención Así se relacionan la tía Josefa e Ignacio, la disciplina aplicada por la tía lleva a Ignacio a reflexionar acerca de lo que la libertad significa y ejecuta acciones como abrir las puertas de las jaulas a los pajaritos. La tía tiene un accidente cerebrovascular y queda inmovilizada e Ignacio al descubrirlo señala:-La tía está presa en su cuerpo. Haciendo un paralelo con su propia situación y la de los pájaros enjaulados. El proceso continúa al saber que lo sucedido a Josefa no tiene vuelta atrás, el niño conmovido insta a sus hermanos a sacarla en la silla de ruedas a tomar sol y ver los árboles y ardillas, y en un instante, solitarios, la besa en la frente. Josefa fallece e Ignacio le coloca una plumita de ave al lado del pecho, un símbolo de los pajaritos que sacó de sus jaulas:”_Te regalo una pluma-le dijo al oído-tú también eres libre ahora” (Anzola, 2008, p.50).

Silvia Shujer de Argentina, escribió La abuela electrónica (2010), y desde una perspectiva mucho más cercana a la ficción simbólica, nos habla, literalmente, de una abuela electrónica. Esta abuela la han traído a casa para que se encargue de los niños y resuelva todo lo que los padres, tan ocupados ellos, no hacen. Esta abuela, comprada con tarjeta de crédito va viviendo un proceso de humanización e independencia por la acción del niño. Y finalmente:-“Mi objetivo es que aprenda a llorar. A llorar como loca. Y lo más pronto posible, así el día que se la quieran llevar como parte de pago para traer una nueva, el escándalo lo armaremos juntos” (Shujer, 2010, p.7).

Hemos hecho un recorrido por escenas y personajes de autores latinoamericanos cuyos textos se ocupan de esta relación entre la infancia y la senectud, en el meollo de sus razones de encuentro, para recordar una vez más que a través de la literatura nos sensibilizamos frente a hechos de lo real, con frecuencia ignorados a pesar de la cotidianidad y la cercanía.

Referencias bibliográficas:

Anzola Rosario (2008) Dos cuentos para la libertad. Editorial Norma, Venezuela.

Bravo Velásquez Leonor (2007) Los lentes de las abuelitas. Editorial Libresa, Ecuador.

De la Parra Teresa( 2010 )Memorias de Mamá Blanca, editorial Alfaguara, Caracas.

Montes Graciela (2001)En Memorias del 27o Congreso de IBBY en Cartagena de Indias, Fundalectura, Bogotá.

Montilla Giondelys(2004)La casa de mis abuelos, Asociación de escritores del Estado Barinas, Barinas.

Pérez Díaz Enrique (2003) Las golondrinas son como el mar. Editorial Oriente, Santiago de Cuba.

Silvera Elvia (2008) Cándida. Ediciones Ekaré, Caracas.

Shujer Silvia (2010) La abuela electrónica, editorial Gente Nueva, Cuba.

Skarmeta Antonio( )Tiro libre (Pescado), editorial Siglo XXI,

Vasco Irene(2004)Las sombras de la escalera, Fondo de Cultura Económica, México.

Yague Eloi (2006) El nudo del diablo y otros cuentos asombrosos. Editorial Playco, Caracas.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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Una respuesta a La literatura en el vínculo de adultos mayores, niños y jóvenes: ¿La incertidumbre necesaria?

  1. Excelente material, me parece fantástico la relación que hacen estos autores sobre la abuela y nietos. Maravilloso. ¡Felicitaciones! Gracias, Gregorio por compartir estos mensajes

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