Aprender la belleza

Mercedes Franco

¿Cómo se escribe literatura  infantil?josefa
Bajo el signo de tan difícil interrogante nos hemos reunido aquí en Valencia, autores, docentes, lectores y todos aquellos que nos sentimos atraídos  por este género literario, concitados por el notable poder de convocatoria de Laura Antillano, virtuosa de la Literatura infantil y juvenil. Virtuosa, porque si la palabra es instrumento, capaz de ejecutar la melodía del pensamiento, quien sepa pulsar este cordaje, interpretar ese instrumento con brillo y armonía, bien puede llamarse virtuoso, como los  mejores concertistas de violín, piano o guitarra.
Este en sí es un ejemplo de cómo se escribe literatura infantil: se escribe tocando con sutileza y excelencia ese maravilloso instrumento que es la palabra, con la finalidad de transmitir a los lectores la belleza.
Muchos han insistido en ver la literatura infantil como una forma de ejercer la pedagogía. Nada más reñido con la literatura, con cualquier género literario, que la pedagogía. El mejor mensaje que podemos transmitir a los niños es la belleza. Si aprenden  a apreciar la belleza del lenguaje, y además  la belleza del mundo, en un texto que logre expresarla, podemos darnos por satisfechos.
La literatura, bien sea infantil, juvenil o para adultos, no puede tener una intencionalidad. Así como resultaría falsa y hasta ridícula  una novela escrita para mujeres, o un cuento escrito para hombres, resulta falso escribir “para” los niños. Lo ideal más bien, si es que nos inspira el mundo infantil y deseamos escribir para este sector del público  lector, es escribir “desde” la infancia. Restablecer el hilo perdido, ese hilo que nos ataba a las cosas  puras, bellas y mágicas de la infancia. Si nos atrevemos, tendremos que echar mano de los sabores perdidos, recobrar la intensidad de la dulzura. También es preciso rescatar los olores de la mañana y de la lluvia, salir al paso de aquellos  sonidos que hoy no escuchamos: el diálogo de los cristofués  con los tordos, el paso suave y firme de los perros. Habría  que retomar el calor escurridizo de la arena, la alegre picazón de la hierba en las piernas. ¡Ah! Y no estaría de más volver a reparar en imágenes que creíamos  perdidas: las formas que asumen las  nubes en días veraniegos, la misteriosa mirada de los cangrejos.
Si queremos transmitir un “mensaje” a los niños procuremos  escribir desde la infancia, no  “para” ella. Y el mejor  mensaje que podemos transmitir a los niños es recordarles donde está  la belleza.
Los libros nos ayudan a conducir la vida (ilustración de Tomasz PietrzykLos libros  que los niños  más aprecian y tienen un éxito intemporal, son  los libros escritos sin intencionalidad, sin estar “dirigidos” a ningún tipo de público: Las  Mil y una  Noches, Las Aventuras de Tom Sawyer, Moby Dick, Los viajes de Gulliver, las Leyendas de los Hermanos Grimm. Estos libros presentan al niño y a quien los lea, una compleja pero diáfana visión  del mundo y sus personajes, con un lenguaje transparente, hermoso, sutil.
Y algo muy importante, que tal vez pasábamos por alto: son libros que despiertan la imaginación. Cuando un texto logra estimular la fantasía, detonar el vuelo del espíritu, motivar los sueños, el lector es cautivado, se produce el hechizo, la magia de la escritura, se da la perfecta interacción entre el lector, de cualquier edad, y el libro.
¿Cómo  no se escribe para niños?
Lamentablemente,  con el auge de la literatura infantil y la proliferación  de buenos textos en el mercado, mucha gente desea escribir para niños  y cree sinceramente poder hacerlo. Un diminutivo aquí, otro más allá, y un chorro de tonterías que baja y se pierde. No. Eso no es literatura infantil.
La literatura  infantil no es un texto donde los personajes sean niños. No basta con rememorar como era de traviesa nuestra hermana, ni las aventuras de nuestro tío cuando éramos niños. Tampoco basta con recurrir al ambiente escolar, a los amiguitos, y  contar cuentos sonsos de perritos, ni luceritos.
Si me fuese dado señalar las fallas de textos que pretenden aspirar a los lectores tan exigentes como los niños, la lista sería muy larga. Pero el principal vicio a evitar es la egolatría al escribir. Muchos autores creen que sus “aventuras” cuando eran niños, escritas insulsamente y sin brillo, bastan para constituir un texto infantil. Nada más lejos de la realidad. Nuestras memorias  de niño, si no son emocionantes y para colmo no están escritas con brillantez, se convertirán en un texto fastidioso para los niños, aburrido, y aunque las maestras intenten que los alumnos lo lean, casi a la fuerza, jamás  será el libro preferido de los pequeños lectores.
A este punto es necesario hablar de las dificultades de la escritura. Todo texto debe pasar, si desea ser un buen texto, por una primera escritura. Una primera escritura donde vertemos todo ese caudal imaginativo y creativo, que deseamos poner por escrito. Después, y este es un gran después, viene, amigos, una segunda escritura. Es en esta parte  donde “pulimos” el texto. Y no es un trabajo de carpintería, como decía alguien por allí: es un trabajo de orfebre. Con muy buena vista y mucha sutileza debemos decantar el texto, sacar brillo, buscar reflejos y eliminar las impurezas. Esto parece algo obvio, pero es alarmante el número de escritores que no “limpian” ni decantan sus textos. Sorprendentemente, algunos llevan nueve libros al año a las editoriales, lo cual significa poco más de un mes para cada texto, cuando en realidad, el trabajo de escritura lleva como mínimo de seis meses a un año, sobre todo, si se trata de un libro para niños, donde debemos exigirnos más. En el afán por publicar, en esa carrera por darnos a conocer y acumular libros, lo que estamos dando a los niños son libros fastidiosos, opacos, que más bien lo alejan  del hábito de la lectura.
¿Qué  hacer si deseamos escribir libros para niños que puedan orientarlos, darles virtudes, Delicadeza lectora (ilustración de Daniela Zekina)mostrarles el camino correcto en la vida?
¿Cómo escribir ese tipo de textos? Esta  última consideración va dirigida a los docentes, a las maestras y profesoras que quieren escribir para niños, transmitirles principios morales, educar por medio de la literatura.
Pues la única forma en que podrían hacerlo es a través de un texto mágico, hermoso, pleno, que logre atrapar al pequeño lector, que pueda despertar su  sentido artístico, su sensibilidad, que lo tome de la mano y lo asome a ese mundo inigualable que es el mundo de los niños y que ellos saben reconocer. Hablemos a los niños en su propio idioma, el idioma de la fantasía, de la magia, de la belleza.
Es preciso plantearnos, colegas profesores y profesoras, si en verdad tenemos virtudes que enseñarles a los niños, sino será más bien al  revés. Los niños son de por  si puros, auténticos, solidarios, no conocen  la traición, la codicia. ¿Qué podemos enseñarles? Aprendamos de ellos ese sentido de pureza  y espontaneidad, y seamos auténticos, escribamos para nosotros mismos, es decir, para ese niño que tenemos por dentro. Escribamos  esos textos  que hubiésemos querido leer cuando niños, esos  textos hermosos, emocionantes, intensos, fantasiosos, de lenguaje pulcramente cuidado, dignos de lectores  tan importantes  y exigentes  como son nuestros niños.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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4 respuestas a Aprender la belleza

  1. Lo que tú expresas de la Literatura, es pura realidad, se está comercializando brutalmente la Literatura para niños. El lenguaje, ni que hablar, cuando tú les preguntas a determinados autores para niños, por qué dicen tantas palabrotas, te responden que así hablan los chicos. No es cierto, comparto plenamente contigo el cuidado permanente que hay que tener a la hora de escribir para ellos. Hay escritores que sacan dos o tres libros en el año a pedido de las editoriales, es realmente muy triste. Yo he escrito y estoy escribiendo una colección para sensibilizar al niño y al adolescente frente a nuestro patrimonio, reconocer a los artistas, los ingenieros, arquitectos y todo eso que enriquece a nuestra Ciudad( Montevideo) Me encuentro que las editoriales no están de acuerdo con este tipo de lectura, quieren algo light, que el niño no piense, no imagine, sólo se divierta y considero que la diversión también puede estar en la belleza del texto, en el arte que está tan cerca y no lo ven, en las emociones que puso el artista en cada obra. Gracias por compartir estas palabras. Cordiales saludos.
    Zunilda

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    • LUZ MARINA ALMARZA dijo:

      Para escribir un libro para niño se necesita conocer al niño, entenderlo y luego, entender, conocer el largo proceso de escritura; este es un proceso largo y minucioso, de meses o años, inclusive.

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  2. LUZ MARINA ALMARZA dijo:

    Ha metido el dedo en el agujero este artículo esta experta escritora e investigadora. Estoy de acuerdo con ella.

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    • Lo que dije es verdad, yo lamento cada día el poco estímulo que tienen nuestros niños hacia la belleza, la poesía, por ejemplo, saberla leer y que ella penetre en el alma del infante, del adolescente. No desmenuzarla para sacar frases y de allí aprender el sujeto, el predicado. Leer poesía sensibiliza nuestro espíritu. Gozamos de la belleza que ella contiene, para mí es importante que los niños lean poemas. Yo propondría que todos los días se leyera, antes de comenzar la clase un poema o cuento como parte de la socialización, es más, les propondría a los chicos buscar poemas que les guste y traerlos para ser leídos en clase. Ya basta de tanta negación hacia el poema, no perdamos los adultos la sensibilidad y la humanidad como referente para la infancia y la y la adolescencia. Creo que en estos momentos tan difíciles, los adultos debemos prestar más atención a todo lo que expresamos, somos un espejo donde ellos y ellas se miran.

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