¿Para qué leer?

Laura Antillano

Ilustración. Eliana Ellis

Ilustración Eliana Ellis

Observar a los niños en el tiempo en el cual están descubriendo la lectura es una empresa feliz y particular en esencia, todo lo quieren leer: los carteles en la calle, los titulares en el periódico, los textos de los envases en la cocina, todos los materiales de lectura posible pasan a convertirse en un universo mágico que ocultaba secretos y ahora no. Se sienten pues, como iniciados en  una cofradía que los acoge: la de los lectores.
Pero la relación con la lectura empieza antes del libro, porque se trata de la lectura del mundo, de la vida, por medio de la palabra, y es allí donde el narrador de cuentos comienza a cumplir su papel, y la infancia es seducida por esa palabra dicha que traslada a otros escenarios el espacio de la imaginación.
La literatura oral y el libro son enlaces que van como eslabones de una cadena de la que vamos agarrándonos desde la infancia, si tenemos buenos guías en el camino.
El grado de complicidad que logramos a través de la palabra del imaginario entre los niños y la historia contada será el enlace para llevarlo a los libros en una vía cálida y en buena disposición, con las expectativas en alto.
Francisco Delgado Santos estudia estos vasos comunicantes entre adultos y niños en función de una estupenda complicidad para abrazar la lectura, y para ello usa una bella expresión: “ayudar a mirar”.
“El adulto le ayudará a nombrar el océano y sus más remotos confines. La palabra oral será para el niño uno de sus primeros aprendizajes gozosos: con ellos nominará el agua y a los peces, a las barcas y a los pescadores. No tardará en descubrir a los textos gráficos y alfabético- gráficos y entonces verá en ellos no solamente reproducida la realidad que ya empezó a conocer, sino un reino mucho más rico que no le había sido dado visitar; un reino solo comparable al de sus más extraordinarios sueños” (Delgado Santos, 2001, p.225)
Relacionar al niño con la lectura de una manera placentera es allanar el camino para un adulto curioso y dispuesto al conocimiento y a la seguridad en si mismo. Pero iniciar al adulto que no sabe leer tiene también una importancia considerable.
Pensamos en primera instancia no en el placer sino en la necesidad. Imaginemos por un instante lo que ocurre a un adulto que no sabe leer. Puede en hechos cotidianos y silvestres, poner su vida en peligro, atraviesa una calle que señala: Peligro. Ingiere un medicamento equivocadamente, pierde la posibilidad de un empleo digno, no puede comunicarse a través del correo ni de otras instancias que requieren de la escritura con sus seres queridos. Su vida es radicalmente  reducida. Creo que emprender la enseñanza de la lectura a los adultos, alfabetizar, tal y como se está haciendo en Venezuela,  es de vital importancia para la población masiva del país, aún cuando he escuchado tontos comentarios (de mucha gente que posee la lectura instrumental, porque fue a la escuela) de quienes insisten en preguntarse con qué objeto va aprender a leer una persona mayor de 50 años. Por el contrario considero que aprender a leer es iniciarse en una vida nueva, y no importa la edad que tenga  quien vive esa experiencia.

Ilustración Eliana Ellis

Ilustración Eliana Ellis

Es indudable que la lectura amplia el campo mental de las personas. Como escribió Camila Henríquez Ureña pensamos que “El buen lector aspira a comprender. Para lograrlo, deja a un lado al empezar, sus opiniones y prejuicios y trata de seguir al autor cuya obra lee; no para  dictarle lo que debe decir, sino para identificarse con el libro (…)Si abre su mente lo más posible, los matices y los detalles que por ser muy finos podrían pasarle inadvertidos, lo llevarán poco a poco a sentir la esencia de un vivir humano que no será igual a ningún otro, y comenzará a darse cuenta de lo que el autor está tratando de decirle” (Henríquez Ureña 1964-2002,p.31)
En nuestra experiencia en el área de la promoción a la lectura y sus  consideraciones hemos podido, a través de años de labor con talleres literarios y la docencia programada básicamente universitaria, tener una relación con el modo como muchos viven el encuentro con el mundo de la lengua escrita en el día a día.
La condición esencial de alguien que quiere ser monitor o facilitador de un taller de lectura y creación literaria es una sola: el amor a la literatura en términos de pasión.
Un buen lector puede guiar a otros a encontrar placer en la lectura. La formación del gusto lector nace también de la constancia. Pero lo resortes que mueven el origen de esta posibilidad (la de formar lectores activos) son múltiples e indeterminables en su totalidad. Sin embargo, cuando conversamos con escritores y lectores (un mismo binomio) nos encontramos con el hecho de que todos han vivido la cercanía de alguien que en algún momento de sus vidas les ha acercado al libro de un modo afectivo, emocional.
Un maestro, un amigo, un vecino, el librero, la bibliotecaria de la escuela o liceo, el padre , la madre u otro miembro de la familia, alguien a quien nos acercamos o que coincidió con nosotros, un comentario que nos puso en la mano ese libro a través del cual descubrimos el mundo.
Un poema de Luis Alberto Crespo dedicado a la observación de su padre cuando aquel leía nos despierta un millón de imágenes acerca de esta relación entre libro y lector:
“Mi papá/ Antonio Crespo Meléndez/ Eligió para vivir lo que leía/ Jamás estuvo en su cuarto/ Leyendo nos decía adiós./ Viajaba/ Tomaba un barco o un tren/ (nunca lo vi subirse a un avión en sus libros)/ no sé en qué páginas/ O encendía la radio/ se metía en un bosque/ se quedaba un rato en el otoño de Praga/ siempre de noche/ bajo el bombillo único/ Y nosotros nos dormíamos/ con su cara quieta en esas distancias/ que amaba leer/ y escuchar./ Cuando regresaba/ vestía de trapo blanco/ y marchaba por la tierra/ hasta la oficina de los documentos/ que había que firmar muy despacio/ Lo veíamos volver/ de esa otra escritura/ con las manos sucias/ una escritura/ de 9 a 12/ de 3 a 6/ días y días/ pero no era el mismo papá/ mi papá/ fue otro alguien tendido en la hamaca/ que abría un libro y al rato se iba/ y se moría/ como hoy/ leyendo / eternamente.”/

En la cima de la lectura. Ilustración Yoko Tanji

En la cima de la lectura. Ilustración Yoko Tanji

Vemos a un niño que observa a un padre, quién, literalmente viaja cuando lee, y la descripción de esa vivencia mágica que hace al lector trasladarse mentalmente a nuevas esferas, a otros paisajes, a mundos nuevos.
La relación entre libro y lector tiene un carácter idílico cuando es profunda y armoniosa. Nos enamoramos de los libros, vivimos a través de ellos, nos sentimos acompañados y se convierten en nuestros amigos íntimos más cercanos.
Alberto Manguel va más allá en el descubrimiento de esta aventura infinita entre libro y lector:
“El acto de leer establece una relación íntima, física, en la que participan todos los sentidos: los ojos que extraen las palabras de la página, los oídos que se hacen eco de los sonidos leídos, la nariz que aspira el aroma familiar de papel, goma, tinta, cartón o cuero, el tacto que advierte la aspereza o suavidad de la página, la flexibilidad o dureza de la encuadernación; incluso el gusto en ocasiones, cuando el lector se lleva los dedos a la lengua (que es como el asesino envenena a sus victimas en El nombre de la rosa)”(Manguel, 1999,p.320).
Y si hablamos, como el escritor argentino lo hace, del hecho físico que significa el libro como objeto, estamos pensando en la diferencia con otros medios también de lectura como la computadora:
“El lector establece con el libro una relación corporal muy diferente a la que tiene con el computador: Mientras está separado físicamente de éste y sólo puede interactuar con él por medio de un teclado, el libro puede sostenerlo en una sola mano, pasar las páginas con la otra, doblarlo, arrugarlo, llevarlo consigo.
El libro no requiere de un entorno especial diferente al que cada lector se fabrica. No importa dónde nos encontremos, en una concentración o en una isla desierta, el encuentro con el libro delimita en si mismo un espacio propio que, si bien no tiene límites visibles, nos encierra en nosotros mismos y nos separa por un tiempo del resto del mundo.”(Peña Borrero 2001, p.147).
Lo que hacemos cuando invitamos a otros a leer es introducirlos en ese placer, en ese encuentro solitario que requiere el acto de comunión de la lectura. La tarea de un promotor de lectura es esa precisamente.
La filiación entre lectura y escritura es la misma que entre una hoja de papel y sus dos caras, son inseparables.
Un buen lector generalmente se orienta hacia la escritura, la disfruta, no se le convierte en ningún fantasma tenebroso, al contrario, pasa a considerarla un modo natural de expresión propia. Escritor y lector son producto de un mismo acto de creación: el de la palabra escrita.
Un taller de creación literaria combina la lectura y la escritura, y debe convertirse por un lado en un proceso disciplinario de aprendizaje de la autocorrección, pero también es una fiesta en la cual se celebra el encontrar cómplices en la tarea.
“Taller es una palabra con múltiples resonancias. Artesana, manual…Hoy ha vuelto a resucitar con fuerza. Nos orienta en una dirección concreta, opuesta a la cadena de fabricación, a la producción en masa, acota el trabajo y lo materializa, frente al “producto intelectual”.Es una palabra que ya resulta antigua, casi como un mueble de madera maciza” (Sánchez y Rincón, 1985, p.46).

Invasión de lectores. Ilustración Yuko Shimezu

Invasión de lectores. Ilustración Yuko Shimezu

En mi experiencia en estas labores he tenido talleres con niños, adolescentes y adultos. Las técnicas de trabajo han sido casi siempre las mismas, a distintos niveles, adaptados sin duda al grado de madurez de los participantes, no siempre en correlación con sus edades cronológicas.
Pero también he participado en el diseño de  campañas de promoción a la lectura y la escritura creativa a través de procesos más académicos, insertos en el régimen escolar vigente, y adaptándonos a las circunstancias mismas de la escuela (como el Programa Escribir es una ciencia, promovido por Fundación Cenamec del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, o el Proyecto de creación de  libros de lectura para las escuelas de los Municipios a)Naguanagua, b)Miranda, Bejuma y Montalbán, y c)Puerto Cabello y Morón del estado Carabobo, “De la escuela salen los caminos” estado Zulia, y en este momento preparamos el del estado Anzoátegui, todos con la gente de la fundación  La Letra Voladora . Además coordinamos  “Leer es una nota” con el cuento Manzanita de Julio Garmendia y una leyenda de los indios chaimas titulada: Historia de amor o de cómo Zaracatón se convirtió en ratón,  programa promovido por la Alcaldía de Valencia).En todos estos proyectos hemos involucrado a mucha gente, y hemos visto resultados concretos en cuanto a la reflexión de la lectura y las percepciones individuales.
Nuestra preocupación por el ámbito de la escuela obedece a un hecho elemental: es generalmente allí donde los individuos aprenden a leer y con frecuencia es también allí donde adquieren el rechazo a la lectura.
Tenemos que acercarnos a los maestros y ganarlos para esta aventura, pero no como “agentes” con una tarea por cumplir sino como individuos capaces de desarrollar su propio placer alrededor del acto mismo de leer. Convertir al maestro en un lector apasionado y crítico es tener más de la mitad de la batalla ganada.
Como señala Beatriz Helena Robledo “La lectura y la escritura no pueden seguir siendo un fin en si mismas, ni pueden seguir cumpliendo una función  tan pobre y tan limitada como es la de ser instrumentos de repetición de la información”(Robledo, 1998,p.156).
Y es ese el asunto a desarrollar, la relación intrínseca entre los materiales de lectura y la lectura de la vida, del mundo, como un hecho natural fundamentado.
Toda la teoría de la recepción, que otorga el valor fundamental al lector en su tarea de dar vida al texto, nos hace ver  lo importante de considerar el acto de leer como una aventura personal.

Descendemos al mundo de las palabras. Ilustración Orenge B.

Descendemos al mundo de las palabras. Ilustración Orenge B.

Bruno Bettelheim lo sintetiza en pocas palabras: “(…) saber leer realmente – disfrutar de la lectura y del significado que se obtiene de ella como elemento enriquecedor de nuestra vida-exige que la lectura sea una experiencia en la que toda la personalidad  entre plenamente en los mensajes transmitidos por el texto”(Bettelheim,1983,p.53).
Cuando la persona comienza a vivir esa experiencia se convierte en lector. Para ello debe involucrarse de manera emocional con el acto mismo de leer y convertirlo en una práctica permanente.

Bibliografía.
Actas del 27ª Congreso IBBY, Cartagena de Indias, Colombia, septiembre 2000.Fundalectura.(Delgado Santos Francisco: Lo que puede ser la literatura para niños y lo que pueden hacer los adultos con ella(224-228), Peña Borrero Luis Bernardo: Lectores de libros y lectores de pantallas (142-150).
Bettelheim Bruno y Zelan Karen (1997) Aprender a leer. Barcelona. Edición Grijalbo Mondadori.
Crespo Luis Alberto (2004) Obra poética. Mérida, Venezuela. Editor El otro el mismo.
Henriquez Ureña Camila (1964/2002) Invitación a la lectura .Bogotá, Editorial Oveja Negra.
Manguel Alberto (1999) Una historia de la lectura. Santa Fe de Bogotá, editorial Norma.
Robledo Beatriz Helena (1998)La lectura nuevos enfoques y concepciones. Por una escuela que lea y escriba. Colección Los libros del taller, Bogotá, Secretaria de Educación, Alcaldía Mayor de Santafe de Bogotá.
Sánchez Juan y Rincón Francisco (1985) Los talleres literarios. Barcelona. Montesinos editor.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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2 respuestas a ¿Para qué leer?

  1. Auria Plaza dijo:

    Excelente texto. No me imagino la vida sin el placer de la lectura.

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  2. LUZ MARINA ALMARZA dijo:

    interesante y poético ensayo de esta escritora que tanto ha hecho en veneficio de la promoción de la lectura y la escritura, la literatura infantil…. gracias por compartirnoslo, JGGM

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