La biblioteca del Capitán Nemo

Carlos Yusti

vVhelm Hammershoy. Interior con adolescente leyendo

vVhelm Hammershoy. Interior con adolescente leyendo

Las bibliotecas personales en muchos casos se forman gracias a la relojería despeinada del azar. Participan de eso que no viene con las instrucciones escritas al dorso. Las bibliotecas creadas a golpes de vida no responden a planes preconcebidos ni a esquemas estructurados con antelación; más bien se ensamblan a partir del impulso interior y la pasión (algo cegata) del lector.
En la formación de mi primera biblioteca el apoyo de mi madre fue determinante. Cada semana, por espacio de un año, me obsequiaba un libro de quiosco. Era una colección de libros de bolsillo con lo más granado de la literatura universal. Los libros estaban impresos en un papel barato, se desencuadernaban en las manos debido a que el engomado era de mala calidad, amén de unas traducciones chapuceras donde la traición/traducción y la tijera estaban a la orden de día en cada página. No obstante Platón, Víctor Hugo, Flaubert, Kafka, Plutarco, Petrarca y los demás, aunque impresos como en papel de envolver, conservaron su esencia desenvuelta y me proporcionaron las herramientas necesarias para iniciarme en esa interminable travesía que ha significado para mí la lectura.
A lo largo de mi vida, entre lo nómada y lo rocambolesca, he padecido muchos naufragios. En distintos cambios y mudanzas he perdido buenas cantidades de libros. Con paciencia los libros vuelven y se ramifican por todos lados. El orden vital en que se organizan me permite sentirme vivo al filo de las palabras. No obstante esos primeros libros que tuvo a bien de obsequiarme mamá han corrido con suerte y han logrado salvarse de todas las miserias cotidianas y todavía me acompañan. Son, a pesar de ese aspecto cochambroso, el tesoro más importante que poseo.

Pen Yehuda. La lectura de periódico

Pen Yehuda. La lectura de periódico

Mi pasión por los libros quizá me llevó a convertirme en bibliotecario. Trabajé algunos años como director de una biblioteca. Recorría los anaqueles con monótona paciencia y pude comprobar que las bibliotecas imaginarias poseían un encanto muy distinto a las bibliotecas reales. Con mis observaciones escribí un texto breve sobre bibliotecas reales y sobre esas que produce la imaginación. En ese primer esbozo no incluí la famosa biblioteca del Nautilus y cuyo dueño era el Capitán Nemo. Desde este punto vuelvo a retomar el hilo y comienzo otra vez a desenredar el ovillo (hay que utilizar a veces frases cortazianas para ser efectista).
Julio Verne en su libro “Veinte mil leguas de viaje submarino”, describe así la estructura de la biblioteca que ocupa un sitio en el submarino: “…armarios altos, de palisandro negro incrustados de latón, sostenían en sus estanterías muchos libros encuadernados con uniformidad. Seguían todo el perímetro de la sala, y terminaban en su parte superior con vastos divanes forrados en cuero castaño, que ofrecían los más confortables contornos. Unos ligeros atriles movedizos que se alejaban o acercaban a voluntad, permitían colocar sobre ellos el libro que se estuviese leyendo. En el centro existía una anchurosa mesa, cubierta de folletos, entre los cuales aparecían periódicos ya antiguos. La luz eléctrica inundaba aquel armonioso conjunto, y se desprendía de cuatro globos deslustrados y encajados a medias en las volutas del techo”. Por la descripción puede deducirse el buen gusto y sentido técnico-práctico del espacio, ideado por Nemo/Verne, para hacer de la lectura una ocupación agradable.
Más adelante por boca del propio Capitán se entera el lector que la biblioteca está constituida apenas por 12.000 mil volúmenes. Gracias a la curiosidad del señor Anonnax nos enteramos así mismo que “abundan los libros de ciencia, moral y literatura, escritas en todas las lenguas”. También confirma que los libros de economía política parecen estar poscristos de dicha biblioteca. Hay muchos libros y tratados, así como las memorias de la academia de las ciencias. Entre los autores literarios se encuentran Hugo, Michelet, Rebeláis, Foucault, y hasta George Sand. Esto nos dice que el capitán Nemo era un lector de gran amplitud, a pesar de su espíritu científico. Esta primera biblioteca imaginaria de la que tuve noticias me proporcionó los parámetros que he utilizado, de manera inconsciente, para formar mi biblioteca personal. O sea he tratado, en la medida de los posible, tener una biblioteca con los títulos más variados y donde pueden conseguirse libros de teatro, ciencia, matemática, filosofía, literatura, novelas rosa, vaqueras y policiales.

Fortunato Lacamera. Desde mi estudio

Fortunato Lacamera. Desde mi estudio

Entre los libros de mi biblioteca anarcotemática hay un ejemplar del Index Librorum Prohibitorum, creado en 1558 por iniciativa creativa del Santo Oficio de la Inquisición, para encerrar en un ejemplar (y por supuesto condenarlos) a todos aquellos libros contrarios a los sacrosantos preceptos de la iglesia. El Index, constituye una biblioteca imaginaria en un sentido virtual ya que hace un compendio bibliográfico, detallado, de las obras en cuestión sometidas a la censura. Para elaborar el Index algún obispo acucioso tuvo que encontrar dichos libros, leerlos y con ellos forman una biblioteca a la cual pocos tenían acceso. Para mí el Index ha sido de gran ayuda debido a que de algún modo orientó mi lectura. Esos libros tachados por la iglesia como indignos de ser leídos me han acercado al humanismo como una férrea expresión de la ilustración.
Las bibliotecas imaginarias, o reales, tienen la facultad de asustarnos. Borges había escrito: “La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma”. Hoy con esto del Internet y los libros virtuales las bibliotecas como las conocemos en la actualidad serán, en futuro que ya nos pisa los talones, sólo museos desolados acuchillados por el polvo y el silencio. Esta nueva biblioteca que nos espera, a través de la red, tiene toda la metáfora de las bibliotecas imaginarias y quizá sea necesario abrir un libro para tomar conciencia que lo real y lo irreal se organizan a partir del azar. Que un libro que se lee (o se escribe) participa de los rituales de lo azaroso y aleatorio. Que a veces aquello que imaginamos tiene, en muchos ocasiones, la poética inefable (y a veces insólita) de la realidad.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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2 respuestas a La biblioteca del Capitán Nemo

  1. Sonia dijo:

    Gracias a la literatura nuestra imaginación se amplia más no importa el medio sino como transformamos esa información con utilidad para la vida

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  2. Omar dijo:

    Maravilloso el desandar una biblioteca y si es uno el que intenta formarla mejor aún…y comparto este escrito de Yusti en el azar de construir y desconstruir una biblioteca personal y que se aspira familiar…es difícil mas no imposible…El libro en la mano aún deshojandose es fascinante…estuve de bibliotecario y la soledad de una Biblioteca tortura, aunque uno la disfruta como lector solitario y sin comentarios…vivir en la isla del libro…

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