Entrenándose para construir el sentido: la tarea del maestro

Laura Antillano

Gonzalo Izquierdo Eligiendo libros en la librería

Gonzalo Izquierdo. Eligiendo libros en la librería

 Error frecuentísimo en el cultivo de plantas en maceta es el exceso de riego que pudre las raíces. La falta de agua también es fatal, aunque siempre es mejor quedarse corto que pasarse.”
Estas normas elementales para el cultivo de las plantas podrían ser también útiles cuando pensamos en estrategias para la enseñanza de la lectura en el aula.
Si el exceso de riego pudre la maceta, lo que podría traducirse en la imposición del maestro con esquemas de análisis del texto leído, tales como: definición de personajes, señalamiento del esquema aristotélico para determinar trama, consecución de las figuras retóricas, qué es una metáfora, un símil, un retruécano. Exceso de conceptos con los que no le damos tiempo al alumno de respirar el texto, de leerlo y apropiárselo. Podemos pues “pudrir las raíces” por exceso.
Pero la falta de agua, es decir la indiferencia del maestro, el abandono, el: – Se lo traen leído para el lunes y quien no conteste las preguntas de lectura está fuera de la materia, – tiene el mismo efecto demoledor.
Si pensamos que siempre –es mejor quedarse corto que pasarse- es porque vemos con curiosidad y satisfacción, lo que puede ocurrir si el alumno decide abordar el texto por su cuenta, saber de que se trata aquello y entregarse sin muchos remilgos.
Si se le muere alguna, fíjese en primer lugar en cómo está regando y compruebe si el recipiente tiene obstruido el orificio en la parte inferior por donde sale el agua sobrante”
Ello podría equivaler en este juego de similitudes a los grupos que no quieren leer, los alumnos que miran el libro, los materiales de lectura con fastidio e incomodidad, y crean un estado de frustración en el maestro interesado. Si la lectura es un hecho eminentemente impuesto, donde el estudiante no tiene la posibilidad de tener autonomía frente a la lectura, el fracaso es un hecho.
He allí un asunto de base: ¿qué entendemos por leer? ¿Cómo concebimos la formación de lectores a través de la escuela? Y particularmente de lectores de literatura. Allí comienza el problema.
Leer es un proceso mecánico con unas reglas particulares y diversos medios, métodos, de acopio.
Pero la simple mecánica no basta para convencer a un lector de leer literatura.
Enamorarse del texto es un proceso de apropiación y para ello se mueve un cierto convencimiento, se es seducido.
El niño es seducido por ese cuento que la maestra lee, escucha, quiere acercarse y tocar el libro, mira las ilustraciones, quiere repetir la experiencia:-¿Qué dice aquí, maestra?-, -¿Es aquí donde dice que “la princesa vio una estrella”? Y ¿por qué “por la luna y más allá”? ¿Por qué dice eso?

Curt Herrmann, (1854-1929) Relax, lectura y buena compañía

Curt Herrmann, (1854-1929) Relax, lectura y buena compañía

Las palabras están cumpliendo su papel, la literatura está hecha de palabras, palabras escogidas, buscadas, enlazadas en el texto, son esas y no otras. Y recordemos aquí a Graciela Montes cuando nos dice: “Las palabras estuvieron siempre allí, ya que nacimos en un mundo nombrado, pero es raro que nos detengamos a olfatearlas. Son un río constante, un murmullo, una banda de sonido, una música de fondo. (…)Una palabra que se nos da vuelta, por ejemplo, una sílaba que se desliza, hace una voltereta, se retuerce, se disfraza y entonces, de buenas a primeras el lenguaje, tan manso antes, se nos vuelve obstáculo, dibujo, presencia, se hace visible, olfateable, extraño. Se vuelve salvaje otra vez, primitivo, como en los viejos tiempos de la primera infancia, cuando resultaba aventurero descubrirlo” (Montes (1999, p.70).
La resistencia a la lectura en la escuela tiene que ver con esa imposibilidad de encuentro real, con la negación de la interpretación directa al alumno. Con el ignorar que la lectura literaria va más allá de las fronteras de ese espacio del aula, porque tiene que ver con la identificación de parte del lector, con las palabras, con lo dicho, con el laberinto del texto, el espejo de si mismo, el sueño inesperado, la caza de la presa, el susto, la intimidad.
Un buen maestro de literatura desea colocar a sus discípulos en el lugar preciso desde el cual descubrirán el secreto, seguirán su voz, pero le abandonaran para convertirse en lectores autónomos, desearán emprender su propio camino.
Enseñar a leer con una concepción reduccionista, que obvie abrir estas puertas equivale a “pudrir las raíces” de la planta.
La negociación, el encuentro entre el docente y el alumno es un proceso externo que moviliza resortes internos, y no se trata solo de “transferir habilidades” de carácter técnico, sino de comunicar un aprendizaje.
El maestro proporciona un apoyo “que tiene que ver con la construcción del sentido mediante el análisis del asunto del texto” y por otro lado, se trata de “la formación de un sujeto autónomo y responsable de sus lecturas. En este sentido, la idea clave es que el docente deje de ser necesario, con miras al desarrollo de un lector cada vez más independiente”(Madriz (2006) p.36)
Hay un dialogo con el texto en el cual el maestro es el guía inicial, el propósito es señalar la vía para que ese lector que se inicia aborde la experiencia desde su propia historia, su particular percepción de lo leído.
La dimensión afectiva de la lectura puede constituir el bastión del triunfo o del fracaso. Negarse a leer, rechazar la lectura puede nacer de un estado de frustración obvio.
El sentimiento de no sentirse concernido por la lectura puede estar en el origen de este rechazo: el niño no ha tenido la oportunidad de estar implicado personalmente en proyectos para cuya realización la lectura constituía un medio. Quedándose fuera, rechaza aquello que le ha rechazado, o quizá aquello que no le ha invitado a pasar” (Charmeux (1992) p.127).
El maestro es quien invita a interesarse por la lectura, por lo tanto no debe desatender cualquier comentario que el niño haga acerca de lo leído, sobretodo cuando se trata de los niños tímidos o rezagados.
Es indudable que todo texto requiere del lector unos “saberes”, una información que se entrelazará con la aportada por la lectura, es decir, el buscar el sentido del texto hace entrar en juego la información previa del lector en diversos campos. El sentido es la interpretación y cada lector es un intérprete distinto.

Mike Worrall. Lectura vigilante

Mike Worrall. Lectura vigilante

La lectura revela cosas sobre el texto pero, también las revela sobre y para el quién lee. Es un acto de apropiación el que ejecuta el lector.
Por apropiación, Paúl Ricoeur entiende, aquel proceso por el que la interpretación de un texto culmina en la interpretación del si mismo del sujeto lector, el cual a partir del texto, se comprende mejor, se comprende de otro modo, o incluso, pudiera hasta comenzar a comprenderse”(Madriz, p.33)
Si el acto de lectura no se produce se rompe el diálogo posible entre maestro y alumno, porque la “transferencia de habilidades” es imposible, y ese piso definido por el texto deja de existir. No hay apropiación de los contenidos o los sentidos de lo escrito y la distancia se convierte en el acto inmediato.
Es aquí donde revisamos la selección de textos o los criterios que la generan.
El maestro tendrá sus criterios particulares de lectura más lo aportado por los programas oficiales, pero es importante cotejar la selección con sus alumnos, como quien abre un diálogo para escuchar otros criterios, le servirá también para saber que han leído, que les gustaría leer y que se mueve en el entorno dentro de este territorio.
Es importante que el maestro escoja lo que dará como lectura a sus alumnos tomando en cuenta los posibles intereses del grupo, también los criterios individuales de sus alumnos, y la posibilidad de aportar novedad a lo conocido. Proporcionar algo conocido y sumar un elemento nuevo, que puede estar suscrito a modos del lenguaje literario, a la sorpresa o el impacto en el modo de tratar el tema, buscando crear un cierto misterio ante el gesto mismo de promover el libro.
Es fundamental la variedad: combinar géneros y autores, leer previamente lo que se aportará a la clase e inventar modos de presentación novedosos, pero, no caer en el error de dar mayor importancia a la estrategia de promoción que al texto mismo.
Combinar la lectura en voz alta y la lectura silenciosa, abrir el diálogo entre el grupo acerca de lo leído, permitir el que expresen libremente sus opiniones, dirigiendo el debate dentro de pautas que lleven a los alumnos a revisar personalmente lo leído para dar la referencia precisa al manifestar una opinión, ello les obligara a pensar antes de hablar y a establecer relaciones comparativas, contrastar, contextualizar, oponer, sustituir, imaginar.

Ilustración  Lizzy Stewart

Ilustración Lizzy Stewart

Abrir un espacio a lo imaginario, después de conversado lo suficientemente el sentido del texto tanto racional como emocionalmente, el maestro puede sugerir una actividad de escritura que emane de lo leído.
Por ejemplo: Escribirle una carta a uno de los personajes del cuento, aislar una escena o una secuencia y darle otro final o construir otra historia. La relación entre lectura y escritura es una buena metodología para la formación de los lectores.
Asociar el libro a la cultura audiovisual puede ser una estrategia, inclusive a la inversa: ir de lo audiovisual al libro. Una película puede llevar a la lectura de varios libros en relación con lo visto en el film en el caso de los adolescentes, sobretodo.
El maestro, la maestra, están obligados a romper el muro de resistencia del alumno no lector de modo estratégico. Pensamos que después que esa compuerta logra abrirse las relaciones docente-alumnos cambia en muchos sentidos.
Independientemente de que tengamos en el salón de clase excelentes lectores, no debemos considerar siempre la voz o la lectura de un o una alumna en particular, sin dar participación pública individualizada al resto del salón. Cada quien tendrá su tiempo y su derecho a opinar, cuidando de considerar las diferencias de personalidad y contexto de los alumnos.
No es una tarea fácil pero si entusiasta, digna de ser llevada a cabo con pasión.
el docente, a su vez, debe mediar para que los niños razonen y aprendan a pensar. El enseñar a pensar no tiene que ver con una “receta” que obligue a seguir un procedimiento, sino que se vincula con el establecimiento de un “clima social, institucional y aúlico” que lo favorezca, en el cual el docente desempeña una función clave para generar un ambiente democrático y participativo”(Hinostroza de Celis (1997) p.270).
La acción correctora continua del maestro puede ser un motivo que produzca el distanciamiento del niño del acto de leer, entra en la receta del exceso de agua que pudrirá las raíces para siempre.
Si queremos ganarle para la lectura tenemos que introducirlo en la acción como si se tratara de entregarle una exquisita fórmula mágica, o mejor: un preciado regalo cuyas dimensiones son tan profundas que no le serán reveladas sino a través del tiempo y la práctica.
El sentimiento de seguridad que manifiesta un niño que lee bien es particularmente notable, no solo por la ejecución de su destreza sino por el interés que manifestará por incursionar, cada vez con mayor audacia, en el universo de lo escrito y sus significados.
Y finalmente, pensemos en las palabras de Graciela Montes: “¿Quién dijo que leer es fácil?¿Quién dijo que leer es contentura siempre y no riesgo y esfuerzo? Precisamente, porque no es fácil, es que convertirse en lector resulta una conquista” (Montes 1999, p.84).
Ojalá sean de alguna utilidad estás palabras y se sumen al entusiasmo necesario siempre para la delicada acción de los maestros.

Bibliografía
Charmeux Eveline (1992)Como fomentar los hábitos de lectura. Ediciones CEAC, Barcelona.
Dario Rubén (2004) Margarita, ediciones Ekaré, Caracas.
Hinostroza de Celis Gloria (1997) Aprender a formar niños lectores y escritores. UNESCO/Dolmen ediciones, Chile.
Madriz Gladys (2006) Leer y formar(se), la lectura como cuidado de sí y del otro. Fondo Editorial Arturo Cardozo, Trujillo.
Montes Graciela (1999) La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético. Fondo de Cultura Económica, México.
Itzcovich Susana y otros autores(2005) Entre libros y lectores II Promoción de la lectura y revistas. Lugar editorial, Buenos Aires.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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Una respuesta a Entrenándose para construir el sentido: la tarea del maestro

  1. Gonzalo Moure dijo:

    Excelente (y siempre necesario) análisis. Me dice la experiencia que se consiguen más frutos lectores “tirando hacia arriba” que tratando de democratizar la lectura hacia abajo, hacia la medianía. El alumno que busca apoyo en su camino lector siempre agradece ser tratado con respeto y sin paternalismo, aunque al principio le cueste.

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