El texto literario en la escuela: una reflexión para la promoción de la lectura en el aula

Teresa Mejías

Niña lectora. Liu Xiaodong

Cuando comencé a estudiar Lectura como estudio de cuarto nivel, una de las primeras preguntas que me hicieron en clase  fue ¿cómo aprendiste a leer? Por supuesto que respondí rápidamente y como toda una alumna aplicada  “con las cartillas y el libro Silabario”. Pero mi profesora de ese entonces fue más inteligente y me dijo, “no, estamos hablando de leer de verdad, así que trata de recordar”.  Me tomé algún tiempo para responder.
Definitivamente fue gracias a dos  situaciones: una familiar y otra extraescolar. La familiar, refiere a que una de mis hermanas un poco mayor que yo, era obligada a  leernos las comiquitas de El Nacional los domingos. Obediente, pero rebelde, accedía, con la condición de que no repetía bajo ninguna circunstancia. Al terminar, dejaba el suplemento al alcance de cualquiera de sus hermanas menores. Yo lo tomaba inmediatamente y trataba de  reconstruir cada historieta  según las imágenes y lo que  pudiera recordar. Esa misma hermana, era quien recibía mayor cantidad de dinero para comprar chucherías en la bodega más cercana, al solicitarle que me obsequiara un poco, ella no se negaba, sino que decía “si me dices los ingredientes”. Cuando lograba  adivinar algunos, ya había desaparecido la chuchería en su totalidad. Así que me daba a la tarea de recoger los envoltorios y practicar la lectura de sus contenidos.  Pronto me gané que me dieran un poquito porque hasta daba detalles del lugar de fábrica.
La situación extraescolar resulta un poco clandestina, pues  yo prestaba   mi tarea a un compañero de clases a cambio de que el me permitiera leer los cuentos de los Clásicos Infantiles que estaban en un estante de su casa y  que su madre no permitía que sacaran. Al atardecer mi compañero  me entregaba el cuaderno y yo devolvía el libro. De ese intercambio jamás se enteraron ni nuestros padres ni la maestra.
Estos  caminos que me  llevaron a la lectura no son  nada ortodoxos,  impensables en una estrategia pedagógica de promoción de lectura y para algún tratado de psicología, hasta serían tomados como crueles o fraudulentos. Pero definitivamente estos hechos  contribuyeron en mi formación como lectora  y es a partir de ellos que emprendo esta reflexión, pues el texto de ficción, el texto literario  constituye el  centro de mis primeros pasos hacia el mundo de lo escrito, el mundo sobre el papel como afirma  Olson (1998).
La lectura es tanto un placer como un reto lingüístico, denominado con mucho acierto por Goodman como  un juego de adivinanzas psicolingüístico, también es un proceso cognitivo y tiene un efecto estético. Así mismo es un hecho privado, íntimo y a la vez es una experiencia para  compartir.

Niña lectora. Slava Groshev

Considerando tal integralidad del proceso lector, resulta ineludible aceptar que  la escuela es el lugar en este mundo de posibilidades, aunque mi experiencia salga de los límites de la misma. Porque la escuela ofrece el espacio para formar el lector en una práctica de lectura social que trasciende el modelo de comunicación y el modelo de comprensión para  situarse  en la intimidad de un sujeto  que siente piensa y construye al abordar la literatura, la literatura de ficción como un reflejo estético de la realidad, tomando las palabras de Octavio Paz (1971).
La lectura del texto literario representa una oportunidad de experiencia de lo vivido que es esencial en la formación del niño y el adolescente, así como en otras sociedades haya podido hacerse por el relato oral únicamente. Como lo ha destacado  Bettelheim y Zelan (1983.), el texto literario favorece al niño a “comprenderse mejor; así se hace más capaz de comprender a los otros y de relacionarse con ellos de modo mutuamente satisfactorio y lleno de significado” (p 75). Siguiendo estos autores,  se afirma que el texto literario de ficción  es la forma más rica de transmitir la herencia cultural, de aprender a manejarla, y de manejar, mediante la cultura, los propios impulsos y deseos.
El proceso por el cual las pulsiones más radicales son convertidas en elementos de la cultura es más eficaz cuando corresponde a la satisfacción simbólica que da la literatura. La posibilidad de catarsis descrita por Aristóteles en La Poética, ayuda al niño a enfrentarse a las emociones, a la violencia, al amor, a la crueldad, en una forma en que las imágenes de la televisión no permiten, pues, por el contrario, substraen la violencia de su significado cultural, la banalizan para convertirla en un simple promotor de emociones, y llevan a que el niño confunda la violencia imaginaria o simbólica y la violencia real.
Los argumentos anteriores pueden unirse en la afirmación de la importancia de la lectura para la formación de los ciudadanos que requiere una sociedad abierta y democrática, en la cual se busque que las decisiones políticas sean el resultado de la deliberación y el debate abierto, y en la cual, como en el viejo ideal napoleónico, los ciudadanos, dotados de similares oportunidades iniciales, encuentren su puesto en la sociedad con base en el uso que den a sus talentos. La lectura es la base de la educación y la educación es el factor esencial de igualdad social en el mundo moderno: igualdad social como igualdad de oportunidades, como igualdad legal y como igualdad en la participación política. Por ello, si el desarrollo de esta habilidad, de esta técnica peculiar, se hace en forma que genera nuevas desigualdades, sobre todo porque reduce la lectura de los sectores más populares a sus elementos más pragmáticos, y se contenta con competencias limitadas en tales medios, su función igualitaria se destruye, y se convierte en un nuevo factor discriminador (Valera-Villegas y Madriz, 2008).
Solamente la lectura como placer, que olvide los beneficios que puede producir, que

Niño lector. Isabelle Arsenault

renuncie a los resultados formativos o pragmáticos, acaba teniendo resultados, acaba produciendo beneficios. Esta es la paradoja sobre la que debemos apoyar el esfuerzo de impulso a una relación más viva entre nuestros niños y el texto escrito. En el hogar, en la escuela, en los medios de comunicación social, es preciso restablecer el aprecio por la inútil literatura, para que esta sea verdaderamente útil.
Podemos afirmar que la lectura de textos de ficción  ocupa un lugar central en las prácticas de promoción de la lectura y de formación de lectores.  Es a través de la literatura como los sujetos llegan al mundo de la cultura escrita, y que la literatura propicia modos de leer particulares. La formación del lector en la tarea de promoción tiene a estos modos de leer como un momento clave. Al trabajar el texto literario en el aula es importante preguntarse: ¿cuáles son las hipótesis que realiza un niño frente a la lectura de un texto, o frente a un libro de imágenes? ¿Cuáles son las relaciones que establece un adolescente entre sus experiencias de vida, y esas otras experiencias intangibles y a la vez tan cercanas que se representan en un  texto de ficción? Se trata de un reto que opera en todos los órdenes: lingüístico, cognitivo y estético,  como ya lo mencioné.  El texto literario con su  riqueza retórica, semántica y simbólica representa el mayor de los retos por las implicaciones de vida que pueden generar en el lector aprendiz, como suele llamarse a los lectores niños y jóvenes.
La magia que les confiere a las palabras su condición de literarias en la obra de ficción participa de  su intimidad como la envoltura  de lo lúdico, lo aventurero y  lo misterioso del propio ser. De allí la importancia de vincular al niño y al joven con ese objeto instrumento lingüístico-literario simbolizado fundamentalmente en el texto de ficción, que le permitiera crecer social, histórica y culturalmente en  armonía  con la sociedad.
El docente cuando practica la lectura del texto literario en su devenir pedagógico se nos presenta como educador en el lenguaje, en  el gusto por la lengua y la literatura (Cresta, 2007). Debo señalar, aunque parezca una incongruencia, el cuidado que deben tener los mediadores entre el texto y el lector en formación para no transformar esta actividad lectora en un ejercicio que suele ir más allá del predio del placer de la lectura apoyado por atractivas propuestas de trabajo, fáciles, extraliterarias en los ya tan mencionados proyectos de aula.
Además, la lectura es una experiencia que se va desarrollando en el límite entre lo íntimo y lo público: los docentes somos lectores y somos formadores de lectores, leemos para nosotros y leemos para otros, leemos en nuestros hogares y leemos en el lugar de trabajo. En la escuela el docente está entre estos límites: es un lector y forma lectores. Frente a esta realidad, cabe hacer estas interrogantes: ¿Qué lugar se le otorga a leer literatura como parte de los requerimientos de capacitación de los docentes como profesionales de la enseñanza? ¿Qué cuestionamientos y qué dificultades les propone a los docentes la lectura de libros de ficción para adultos? ¿Qué relación existe entre la experiencia del docente como lector adulto y la tarea de formar lectores? ¿Se considera el docente un lector capaz de formar otros lectores?

Referencias
Bettelheim, B. y Zelán, K. (1983). Aprender a leer. Crítica-Grijalbo: Barcelona
Bombini, G. (2008). La lectura, una práctica posible. El Monitor. Plan Nacional de Lectura. Ministerio de Educacción. Argentina.
Cresta de Leguizamón, A. (2007).  Algunas consideraciones acerca de la función de la Literatura en la Escuela Primaria
Melo, J. (1993). Importancia de la lectura (y la literatura ) para la educación y la formación de los niños  y el desarrollo social. Biblioteca Virtual Luis  Angel Arango.Bogotá,
Olson, D. (1998). El mundo sobre el papel. Gedisa: Barcelona.
Paz, O. (1971). El arco y la lira. Trillas: México.
Savater, F. (1994). Sin contemplaciones. Ariel: Barcelona.
Valera-Villegas, G. y Madriz,G. (comp) (2008). Lectura, educación y ciudadanía. Miradas desde la diferencia. El perro y la rana: Caracas.

Teresa Mejías.
Licenciada en Educación Mención Lengua y Literatura, de la Universidad de Carabobo. Magister en Lingüística de UPEL. Jefa de la cátedra de lenguaje y comunicación de la FACE UC, coordinadora del programa de Lectura y Escritura de la dirección de Postgrado de la FACE UC

Cortesía Laura Antillano

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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Una respuesta a El texto literario en la escuela: una reflexión para la promoción de la lectura en el aula

  1. Auria Plaza dijo:

    Excelente texto, lástima que muchos de los docentes encargados de transmitir amor por la lectura, ellos mismos no leen alegando que no tienen tiempo.

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