Interculturalidad, lectura y escuela

Mercedes Pena

Juglares

El desarrollo de una conciencia intercultural desde los espacios escolares, supone un trabajo sostenido de reconocimiento y de valoración histórica de lo propio basado en el entendimiento de las peculiaridades de otros pueblos. En este sentido cuando procuramos aproximar a nuestros estudiantes a diversas realidades étnicas y culturales, la literatura puede significar una vía para favorecer su comprensión. De manera que La literatura como sendero que nos conecta a los otros; pilar del diálogo intercultural e instrumento para formar en valores como la tolerancia y el respeto a la diversidad, puede constituirse en un viaje que posibilite la construcción de nuevas visiones de mundo o, más exactamente, que coadyuve a la internalización de un proceso originario de raigambres plurilineales.

Desde esta perspectiva, la experiencia escolar en torno a prácticas lectoras sistemáticas vinculadas a la literatura de tradición oral, específicamente a los mitos indígenas, representa una forma de aproximarnos a un universo cultural esencial para la comprensión de nosotros mismos. Vale recordar en este sentido la voz de Mario Briceño Iragorry para quien “los pueblos que han probado mayor vitalidad, tienen mostrado, a la vez, un ardoroso empeño de mirar hacia atrás en pos de una clara explicación de sí mismos. Del propio modo como el hombre sabe que vive en cuanto tiene memoria de su ser anterior, así mismo las naciones se proyectan para el futuro sobre el fondo de la tradición…” (Briceño-Iragorry, 1989, pp. 306-307).

Se trata entonces de fundar espacios que generen un cambio en la manera de juzgar y de concebir, que provoquen una mirada capaz de valorar las diversas identidades que nos configuran. De este modo la lectura de los espacios de la memoria en la escuela, abre paso al reconocimiento pluralista y no discriminatorio de otros pueblos. Así, se suman oportunidades para comprender, desde el horizonte de la lectura y el diálogo, el reto que significa descifrarnos.

Olga Blinder (1921-2006), paraguaya. A la luz de lámpara

La literatura de tradición oral es en Latinoamérica depositaria de una cosmovisión de gran riqueza estética y conceptual. Contamos en este sentido con narraciones que, desplegadas en el horizonte de lo simbólico, dan cuenta de tramas vinculadas a las enseñanzas de los jóvenes y al acatamiento de instrucciones para sobrevivir a los riesgos de la selva; así como historias que revelan el origen de elementos naturales y culturales, o narran las aventuras de seres sobrenaturales.

En ese universo creativo, los relatos míticos son fundamentales en la comprensión de los pueblos indígenas. El sentido de la vida de las culturas originarias se basaba en los mitos, eran los mitos los que delineaban el camino y aportaban luz en la lectura del mundo. Era esta realidad sagrada la que les revelaba los pasos que regirían su cotidianidad. Mitos que nos hablan del asombro, del sentir, del descifrar, de formas de relación. Narraciones que nos colocan frente a lo que significa la necesidad de comprender, de comprender-se; relatos que constituyen una de las más amplias formas de creación depositarias del saber de nuestras culturas orales.

Ello sugiere un vasto horizonte para aproximarnos a nuestras raíces. La experiencia de lectura de los mitos de diferentes etnias del país nos sitúa en un ámbito de reconocimiento del conjunto de sistemas culturales indígenas en los que se incluye la música, la artesanía, la alimentación, las relaciones sociales, las prácticas chamánicas, las concepciones sobre la vida y la muerte, entre otros.

El mundo, organizado sobre la base de realidades opuestas: arriba-abajo, adentro-afuera, claridad-oscuridad, agua-fuego, es una forma de explicación de la propia realidad. Esta estructura, común a los mitos en general, ofrece sus propios matices en nuestras literaturas indígenas. Así, en la historia Yadaakadu el sobrino desobediente, versión original de Manuel Velázquez (2006), se narra para nuestra población infantil un mito fundacional donde es revelado el origen de los maquiritare:

En lo más alto del cielo estaba wanaadi, el gran Creador, dando luz y alumbrándolo todo. Por el poder de esa luz la gente siempre estaba alegre y llena de vida.

En cambio en la tierra no había nada ni nadie: no había gente, ni tampoco árboles ni animales.

Quiso entonces wanaadi crear gente en la Tierra y envió como mensajero a un doble de sí mismo… (pp. 5-6)

Este universo de representaciones simbólicas, nos brinda una forma distinta de encarar la naturaleza; hay en él potestad para intervenir el curso de los acontecimientos, capacidad para crear y controlar.

Esto es reordenación del mundo desde las propias sonoridades.

Marc de Civrieux señala lo siguiente, a propósito de las historias contadas por los adultos kari’ ña(caribes) a los niños y niñas de la comunidad: “En el fondo, siempre hay lo mismo:

Caimán de Sanare. Icono venezolano del arte de contar cuentos

angustias existenciales, miedo arcaico, consejos de protección, normas de acción, voluntad de control y de dominio sobre lo no humano. Oyendo y narrando “así son esas cosas”, el hombre silvestre aprende, enseña y no olvida. Se afirma ante la naturaleza, se ubica y se individualiza en el centro del caos, lucha contra el inquietante y poderoso no-yo llamado mundo”. (Civrieux, 2003, p. 148).

Dentro de ese molde es que comprendemos hechos e ideas vertidas en las narraciones indígenas. Relatos que nos acercan a universos llenos de religiosidad; universos que ahondan en la esencia de la naturaleza y nos ofrecen interpretaciones sensibles del entorno que dan cabida a la formulación de prescripciones de las que depende el equilibrio natural y social.

Ponderar todo ello mediante la lectura, es, sin duda, una experiencia formativa muy necesaria para conocer y valorar, en el marco de lo simbólico, de lo poético, nuestra condición cultural histórica.

Si bien las narraciones orales llevadas a la palabra escrita sufren una transformación significativa, recordemos que en las culturas orales el discurso presenta marcas específicas vinculadas a un contexto y que la palabra hablada posee una carga corporal importante a diferencia de la palabra escrita, que “existe dentro de un contexto simplemente verbal” (Ong, 2009, p.71), este tránsito, de lo oral a lo escrito, lejos de representar una debilidad, constituye, en el espacio escolar, una vía para acceder a discursos vinculados a formas de pensamiento y de sensibilidad que tienen históricamente un espacio en nuestra sociedad.

Es por ello que la valoración de nuestros aborígenes como presencia cultural, debe ser una práctica sistemática, detenida, reflexiva y placentera; de lo contrario, es fácil asumir esa figura como elemento raro, exótico, decorativo, dentro del conjunto de temas relevantes que atender. Un tratamiento de esta naturaleza, puede agregar además consideraciones muy tristes acerca del indígena: en una oportunidad en que llevamos a cabo una actividad de audición de un relato indígena en la biblioteca escolar de la escuela donde trabajo, hicimos al grupo de niños y niñas la pregunta: Qué conocen ustedes acerca de nuestros aborígenes? A lo que uno de los niños respondió: que no son humanos…

Esta breve referencia de una situación escolar nos muestra, qué tan necesario es construir relaciones más cercanas con el universo cultural de las sociedades indígenas del país. No obstante, y por fortuna, las iniciativas docentes orientadas a difundirlo son cada vez más frecuentes. Es la escuela, el espacio ideal para su reivindicación y con ello para la toma de conciencia de una identidad legítima: aquella que nos hace “identificar y sentirnos identificados”. Tal vez así, recordando de nuevo a Marc de Civrieux, los futuros hombres y mujeres del país logren conservar algo más que el recuerdo de las estrellas.

Referencias
BRICEÑO-IRAGORRY, Mario (1952) El sentido de la tradición. En: Briceño-Iragorry, Mario (1989)  Obras completas. Doctrina Historiográfica. Vol. 4. Caracas, Ediciones del Congreso de la República, pp. 306-307.
CIVRIEUX,  Marc de (2003): El hombre silvestre ante la naturaleza. Anzoátegui- Venezuela, Fundación Fondo Editorial del Caribe.
ONG, Walter (2009): Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra. México, Fondo de Cultura Económica.
VELÁZQUEZ, Manuel (2006): Yadaakadu, El sobrino desobediente. Venezuela, Monte Ávila Editores Latinoamericana.

Cortesía de la Escritora Laura Antillano y La Letra Voladora

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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