Cuando la luna es una mujer

David Figueroa Figueroa

Como el mito griego, el cuento infantil 

no define ni explica la realidad; dice a qué se parece”

Fryda Schultz de Mantovani

Omaira Bellizio Poyer

Omaira Bellizio Poyer

 Cuando jugamos con la palabra volvemos a los predios de la niñez, es sentirse un hacedor de cosas donde caben tanto el ver como el no ver. Es la paradoja de la literatura que permite andar por todas partes sin mover ni siquiera un pie; es lo prodigioso de la imaginación. Es que se cuelan las imágenes por doquier y la telaraña del quehacer poético caza infinidades de moscas que van desde el color negro hasta el arcoíris, es el rocío hecho un mar de girasoles en tiempo de mayo como en abril. Es el pintor que nace, crece y se multiplica con la ayuda eficaz de la metáfora, el símil o cualquier figura literaria que emerja del lenguaje al hacerse espejo o simbología.

El escritor Miguel Arteche en su libro, LLAVES PARA LA POESÍA: (Gabriela Mistral y Pablo Neruda), nos comenta: “El poeta hace que personas y cosas sean algo más que personas y cosas. Que una niña sea mucho más que una niña. Que una cordillera sea algo más que un cordillera. Es decir, que personas y cosas se nos aparezcan como vistas por primera vez. Y esto a través de la palabra”.

Sirvan estos párrafos para introducirme en el libro: LA COMUNIÓN DEL COLIBRÍ Y LA LUNA de la escritora venezolana Omira Bellizzio Poyer, la poeta parece tomar muy en cuenta lo dicho por Arteche y regala a los lectores de cualquier edad un cosmos de universal presencia

Portada Libro El colibrí y la luna

donde la humanización cabalga briosa con las imágenes a cuestas. Un colibrí enamorado locamente de la majestuosa luna, como todo enamorado enfrenta lo posible y lo imposible para conseguir ser el Otelo de aquella dama situada en las alturas, no solamente de la vista, sino también de su conformación física.

La luna tan hermosa, aparecía todas las noches acompañando al dios Cielo. Colibrí y la luna no dejaban de mirarse”.

Observamos que el texto comienza con una humanización lo cual permite que el lector navegue inmediatamente en el mar de las cosas que a simple vista parecieran dotados de sentido común, así el Colibrí y la Luna tienen visión, olfato, tacto, gusto, oído y voz, son nuestros hermanos que nos tratan de tú a tú.

Tanto niños como adultos está impregnado de sencillez, no necesitamos de esforzarnos para su comprensión: “Un día de mayo se hablaron por primera vez y noche tras noche prosiguió una charla animosa y así creció entre ellos un gran amor”. El cuento es lineal, es decir que los hechos siguen un camino que transita una especie ruta preestablecida, es como si el destino hubiera creado a estos personajes, tal para cual.

No en vano la creadora Mireya Tabuas en su trabajo: ¿DE QUÉ SE OCUPA LA LITERATURA INFANTIL?; nos explica: “Creo que la literatura es un espacio para la representación, la ficcionalidad, la revelación de sí mismo, para lo lúdico y también para lo doloroso, para el miedo, para la felicidad y la infelicidad. Para la vida: Incluso para la muerte. Y un libro es para tenerlo al lado, para que sea un pana. Creo que bajo esos parámetros debe verse la literatura infantil”.

La pareja idílica conversan de cuando en cuando donde él le cuenta algunos pormenores de sus travesías diarias, de su andar por la tierra acompañado del aire, las nubes, la libélula, …” de cómo se quedó atrapado en una tela de araña y cómo hizo para escaparse de las flores de las Pampas de Nazca y del aroma dulce de las guayabas”.

Todo lector que tome ante sus ojos este texto enseguida se transformará en un cómplice en potencia, será un niño o niña que desearan crecer inmediatamente para conseguir rivalizar

Luna y sol Rufino Tamayo (1899-1991)

con el Colibrí y la Luna, porque del amor dudo que alguien escape, ya sea maternal como marital. Es que vivimos enamorados locamente de nuestras esperanzas o realidades. Los adultos nos hacemos niños, la metáfora florece y muchas veces llega hasta el cielo, hasta el corazón.

Este Colibrí nos descansa en su regodeo amoroso, y ya Ruben Darío y García Lorca lanza sus expresiones poéticas a su Julieta: “Luna, tu blancura es un espejo donde sólo yo puedo ver tu corazón”, “Luna, tu sonrisa ilumina mis mañanas porque la guardo en mi iris”, “Luna, tus hoyitos son los besos que te he dejado en otras vidas”; “Ya lo discutimos en el amanecer, que el único momento que estamos más cerca el uno del otro, pero ese tiempo se vuelve un suspiro porque es hora en que ella se va a dormir”.

Es la inigualable creatividad que prolonga la palabra hasta lugares infinitos, cosa que tiene que saber y experimentar todas las veces posibles el creador, porque ignoraríamos los preceptos del estudioso Bruno Bettelheim, cuando afirma: “Para el niño no hay ninguna división clara que separe los objetos de las cosas vivas; y cualquier cosa que tenga vida la tiene igual que nosotros. Si no comprendemos lo que nos dice las rocas, los árboles y los animales es porque no armonizamos suficientemente con ellos. Para el pequeño que intenta comprender el mundo, es razonable esperar respuestas de aquellos objetos que excitan su curiosidad”.

Es lo que vemos claramente retratado en LA COMUNIÓN DEL COLIBRÍ, una auténtica empatía recorre las páginas y así los personajes conviven y alcanzan una conexión que va desde lo exterior hasta lo interior: “El amor es común para todos y se une por sí solo”, “Grillo se quedó mudo y abstraído por las de su pequeño amigo”; “Un manto anaranjado cubría

Oleg Zhivetin, Uzbequistán (1968) – Luna

completamente el azul del dios Cielo haciéndolo majestuoso”; “Subía y subía, con gran emoción de verse tan cerca a ella”; “Adiós Colibrí, le dijo el Cóndor potente y cortés, a dónde vas tan arriba y de prisa”; “A los brazos de la Luna amigo Cóndor, dijo siguiendo su vuelo veloz”; “Buen viaje, le espetó el Cóndor”:

El libro continúa su historia dando como fruto que el personaje alcanza su meta, con el inconveniente que el Colibrí le falla el corazón y la enamorada viendo tal cuestión lo toma y lo llena de palabras, pero ya era tarde, como premio lo hace gigante como ella y con su mismo resplandor para que el universo siempre lo viera y recordáramos todo lo que puede realizar el amor cuando es verdadero.

El volumen contiene algunos recursos literarios que permiten el embellecimiento del relato, entre ellos podemos señalar: Símil: “Colibrí sería tan grande como su amor”; Hipérboles: “Colibrí y la luna no dejaban de mirarse”, “No es otra cosa que la comunión del amor eterno”, “Su corazón repiqueteaba a mil por segundo”; Metáforas: “Caminó dejando una estela luminosa y polvorienta de brillantina”; “Luna, tu blancura es un espejo donde sólo yo puedo ver tu corazón”; Diminutivo: “Tus hoyitos son los besos”.

El prologuista del libro Danilo Sánchez Lihón, anota lo siguiente: “Nos recuerda Omira en este relato algo fundamental y que no debemos olvidar nunca: que cada presencia del universo es una comunión de amor: el agua, las casas, las piedras.

Por eso, a partir de ahora, cuando caminemos por cualquier lugar, saber que pisamos las venas de quimera y tornasol del colibrí que se enamoró de la luna”.

Concluyo con un poema que una vez le dediqué: “Pez bailarín / ola viajera / Vienen las flores / en primavera. / Pez saltarín / sueño y quimera / Algo consigue / el que se esmera. / Pez danzarín, / verde pradera. / Juega la brisa / en la ladera”.

BIBLIOGRAFÍA: Omira Bellizzio Poyer. “Natural de Maturín, Edo. Monagas, 1970. Escritora, Licenciada en Estudios Internacionales de la (U.C.V.); Magister de Literatura de la (U.C.). ha participado en numerosos talleres literarios. Tiene los siguientes libros publicados: LLEGÓ LA NAVIDAD, LOS SECRETOS DE LA LUNA, INVENTADO POESÍA.

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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