Caballito de madera de José Gregorio González Márquez

                                                                                           YONY G. OSORIO G.

                                                                                              

A través del admirable gesto generoso del artista plástico yaracuyano, Máximo Orozco, recibo el libro Caballito de madera(Editorial La Casa Tomada, 2004), cuya autoría responde al escritor de la Azulita, estado Mérida, José Gregorio González Márquez, obra dedicada a lectores niños, jóvenes adolescentes y de cualquier edad. Igualmente, Caballito de maderacuenta con una acertada relación entre palabra e imagen, por cierto, imágenes

Caballo de circo. Joan Miró

ensoñadoras plasmadas por el ilustrador Rodolfo Urdaneta. Los textos recogidos bajo este título se constituyen en una especie de metáfora del juego que cabalga en la memoria de la infancia.

Al día siguiente de ese grato regalo, el mundo onírico, el de las sorpresas, ese espacio de los ensueños/sueños o imprevisto acontecer intemporal se activó de inmediato al ver, leer y oír tan sólo el nombre Caballito de madera. A partir de allí comenzaron a fluir los recuerdos en el silencio de la memoria.

Ahora bien, si es cierto que “una imagen vale más que mil palabras”, en mi caso ocurrió todo lo contrario; primeramente, fue el verbo el que impregnó a la memoria, operó en ella el poder de la palabra, de inmediato devino el fundido nombre-imagen: Caballito de madera.

Antes de continuar el recorrido por estas páginas “de luz, canto y libertad”, como expresa el poeta en el texto “Caballito de mar”. (Ibídem: 13), me voy a permitir una divagación que me llevaría a las aulas de clase cuando explicaban algunos profesores los dos niveles o valores connotativo/denotativo del signo, hoy sustancia formalizada; tamaña pedantería que tendía más a la confusión y al desamor por el conocimiento. Sin embargo; decía esto porque antes de apuntar estas líneas aún no me había adentrado en la obra Caballito de madera que José Gregorio González Márquez activa con la magia de la poesía y un decir poético pleno de sencillez como también un lúcido poder de encantamiento en el tratamiento de la palabra. Palabra ésta que en una ronda de lectura en el salón de clases invitaría al niño y al docente a cabalgar en una aventura plácida por  la multiplicidad de caballos imaginarios hechos de escritura desde tiempos remotos. 

Retomemos pues el hilo de nuestro parecer en torno a Caballito de madera, libro del poeta José Gregorio González Márquez, preguntándonos lo siguiente: ¿Quién que se precie de ser humano no ha experimentado ese estado kafkiano de mutación en donde sujeto y objeto son presa de un mismo evento: ser otro aunque sea por un instante? Indudablemente, el que cabalga sobre ese objeto de madera como el objeto mismo, a veces, son uno y el otro, puesto que se gestan del vuelo metafórico que enriquece el viaje de la imaginación hacia terrenos insospechados. Algunos ejemplos podrían trasladarnos a aquellos lugares remotos de la infancia en donde también cabalgamos sobre objetos transmutados. El siguiente texto muestra una relación de distintos caballos imaginarios:

“El caballo de Eros era muy singular, a veces adquiría la forma de una puerta que después de abierta volvía  a ser lo que era: un caballo de cuatro patas, pelo de mimbre, cascos de hierro con tres centímetros de ancho y sin orejas. Éste llevaba por nombre Chavelo o azul, viajaba constantemente a Cocorote, se movía sobre su propio eje eternamente en la casa.

Autorretrato. Laura Carrington. (1917-2011)

Los de Leonardo eran todos azules y viajaban por debajo de la mesa, aunque algunas veces lo hacían alrededor de la casa, y Cocorote era siempre un lugar de viaje. Al otro día sorprendí a los dos jinetes montándose en sus caballos, pero curiosamente estos salían de dos bolígrafos que recorrían ligeramente toda la sabana de papel”.

De igual manera, encontramos indeterminado en estas páginas del poeta José Gregorio Márquez, ese otro “Caballito de madera”, metáfora del juego, hecho poético,  palabra que revela la existencia, porque “Deambulas bajo la lluvia/ dando saltos y piruetas/ el relámpago te cobija/bajo su luz de quimera”. (Ibídem: 45).   

Un acertijo le da comienzo al libro Caballito de madera, conformado por una estrofa de cuatro versos, 5 y 7 sílabas, imágenes cinéticas, visuales y auditivas agitadas por dos de los cuatro elementos fundacionales: el agua y el aire; imágenes sencillas que se plasman en la superficie de papel y propician las condiciones que activan, invitan y predisponen al lector en torno a los elementos cósmicos de la tierra (lluvia, viento, relámpago, luz y firmamento), en procura del acto de rayar, trazar, colorear y traspasar a otro lenguaje la palabra pura, para lograr el éxtasis ante el hecho de que “La poesía es un documento que explica la aparición del Arcoíris”. Así que ese fenómeno planetario, como es el Arco Iris, se descubre en el poema “Adivinanza”, expresado sintéticamente como sólo lo puede hacer la poesía: “Siete colores/en el firmamento/ un arco trazado/ entre la lluvia y el viento”. (Ibídem: 9). 

 Es significativo considerar dos aciertos que ostenta el libro Caballito de Madera  en el campo de la escritura dirigida a niños, adolescentes y jóvenes, ello en cuanto al tema y tipo de composición con el que se inicia; estos tienen que ver con el mito y la adivinanza, los que se explican en dos direcciones distintas, pero complementarias de acuerdo a los autores Gilberto Antolínez (1998) y López L. Virgilio /Rodríguez M. Hiraida (2004). Precisa Antolínez por un lado, que:

“Un ejemplo de cómo la América se nutrió de la mitología del mundo antiguo se encuentra en el mito suramericano indígena de “El Arco Iris”. Según Valcárcel, el arco iris fue llamado por los Késhuas wanakauri (“Atemorizador de la montaña), Turumanya o Turumanyé (“Cerca del Barro”), pero principalmente Ko-Ichi (“Gato de Agua”). Pero la voz Turumanya contiene una raíz idiomática turu que en Késhwa significa hacer manojos de hierbas, de flores, de follajes”. Pero los Karibes de la Antillas Mayores imaginaron que el arcoíris era el dios Yuruka (en Guayana Yoróskan), quien había dado su color a las lagartijas, los peces y las flores.

A más de esto, en toda Suramérica el arco iris es concebido por los indios como una serpiente,  reencarnación de un brujo muerto. En el Perú de los incas, el arco iris está representado como serpiente de dos cabezas y era en realidad el símbolo imperial. Finalmente, Antolínez dice: “Actualmente en Yaracuy se cree que el arco iris es una serpiente de dos cabezas, capaz de hacer madre a una doncella. Pero al mismo tiempo es quien fructifica los campos”. ANTOLÍNEZ, 1998; p. 48).

Por otro lado, en cuanto al uso que se hace de la adivinanza en el primer texto de Caballito de madera, se confirma en el libro La voz y la literatura que:

“Un tipo de composición folklórica que a los niños de todas las edades brinda gran placer, es la adivinanza. Para las edades preescolares las adivinanzas no han de ser complejas y con preferencia deberían ser sutilmente instructivas, pues los niños poseen un gran poder de fijación para este tipo de elemento, que no se resiste en manera alguna de carecer de poesía”. (LÓPEZ, L. V. / RODRÍGUEZ, M. H., 2004; P.81).

El todo que es Uno está configurado como un tenso arco sostenido de imágenes luminosas, en movimiento, sonoras, odoríferas y sensuales en el que por un instante el hombre-niño y la tortuga se deleitan en comunión con la naturaleza. He allí un paisaje marino regido por la luna, pintado con las palabras que sólo un poeta nos suele brindar, como en este caso lo hace el escritor José Gregorio González Márquez, que nos invita al canto, la ensoñación, el amor por las cosas y seres que son parte de este mundo, animando, humanizando y reinventando una mirada; pues la razón con su ojo telescópico ya no dejaba nada al decir romántico sobre Selene (antigua diosa lunar). Así que podemos apreciar la danza de los elementos naturales que se agitan en el poema: riberas, río, mar, aguas azules, arrecifes de coral, la luna y la tortuga; todos en la dimensión del Homo ludens, y esto lo encontramos en el poema “Tortuga”:

 /Por las riberas del río/ por los senderos del mar/va soñando la tortuga/ la luna quiere alcanzar./ Jugar con la media luna/con la luna entera nadar /sobre las aguas azules/ en los arrecifes de coral./ Oye luna de nácar/ dime cuán alto estás/ podrá la tortuga marina/ en tus predios retozar./ La tortuga ha despertado/ y para su sorpresa está/ la luna en traje de plata/ bañándose en el mar./

Cuánto más podríamos decir, compartir, explorar, relacionar o simplemente aventurarnos en una lectura sin aspiraciones analíticas, sólo por el desnudo placer de leer o cabalgar en esa metáfora del ayer que nos muestra José Gregorio González Márquez en su Caballito de madera, labrado éste con textos como:  “Adivinanza”, clara manifestación de un hechizo poético; un “Pobrecito gato”, sutil expresión de un sentimiento afectivo, gato guiñapo y sin garras, juguete de la infancia; “Caballito de mar”, exploración de quimeras marinas; una “Caracola” donde la voz del mar susurra; el “Ciempiés”, tren que se enrolla y estremece nuestra piel; un “Papagayo” como transportador de sueños; el “Barquito de papel” que humedece nuestros recuerdos; “Las hormigas” cargadas de metáforas náufragas “de lainmensidad”; el “Poema”, refugio de nostalgia y ensueños, un Hermes de los dioses griegos; un “Caracol”, metáfora salada del mar; la “Señora rana” que ignora el tiempo, sujeta a su reloj biológico; “La araña y la mosca” en su frecuentada certidumbre: morir, sobrevivir, liberarse; el “Argonauta”, antiguo marino “de ocho brazos”; “Sapo glotón”, “remando en la tarde/buscando el amor”; “Don camaleón” que brinda una metamorfosis de colores, trampa mágica de la naturaleza; el “Mono araña” en su balancear vital; un “Oso frontino” aún no extinguido en procura del alimento de oro enfrenta el “enjambre furioso”; no está demás que  encontremos la experiencia de la enseñanza humanizada desde “La escuela del búho”; el  “Caballito de madera” “dando saltos y piruetas”;  y  “La tortuga”, que lo sostiene todo, porque “va soñando” en su lecho marino toda la poesía que puede habitar en ese objeto de madera, transfigurado en caballo imaginario que asciende desde las profundidades la infancia.

En este breve bosquejo en torno a la escritura para lectores niños, jóvenes, adolescentes y de cualquier edad, se nos ha quedado la mirada lejana en cuanto al uso de los diminutivos: sustantivos concretos/abstractos, adjetivos, el verbo en el espacio dinamizador del poema y de algunos recursos expresivos, válidos en la construcción de una totalidad para la aprehensión del mundo, que el poeta-niño-adulto nos puede brindar en esa difícil tarea de la creación de literatura dedicada a ese sector ; sin embargo,  dejemos la voz del grande poeta mejicano Octavio Paz, y que le de la razón al escritor de la Azulita, estado Mérida, José Gregorio González Márquez, en cuanto al hecho poético manifiesto en el libro Caballito de madera, con las palabras encontradas en esta cita:

“Octavio Paz (1973) encuentra un parentesco entre niños y poetas, el cual es explicado por la forma común que existe entre ellos de aprehender el mundo: “todos sabemos que no solamente los poetas, los locos, los salvajes y los niños aprehenden al mundo en un acto de participación irreductible al razonamiento lógico” (p. 120). (Citado por Luisa I. Rodríguez B. en Procesos retóricos y literarios en cuentos escritos por niños. p. 51).

REFERENCIAS:

ANTOLÍNEZ, Gilberto. (1998). El agujero de la serpiente. (Arqueología, Folklore, Etnología y Mitología de Venezuela y Sudamérica). Compilación y prólogo de Orlando Barreto. Vol. II. San Felipe, estado Yaracuy: Ediciones La Oruga Luminosa.

GONZÁLEZ M., José G. (2004). Caballito de madera. Caracas-Venezuela: Editorial La Casa Tomada.

LÓPEZ L., Virgilio y RODRÍGUEZ M., Hiraida. (2004). La voz y la letra. Estudio de  literatura para preescolares. La Habana-Cuba: Editorial Pueblo y Educación. 

RODRÍGUEZ B., Luisa I. (1992). Procesos retóricos y literarios en cuentos escritos por niños. Caracas-Venezuela: Ediciones La Casa Bello.      

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Acerca de latintainvisible

Docente. Poeta. Narrador. Ensayista. Articulista. Especialista en literatura infantil.
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Una respuesta a Caballito de madera de José Gregorio González Márquez

  1. ¡Felicitaciones por tu caballito de madera, José!

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